Historias de horror tras el tornado en Misiones

Una mujer perdió todo, sus hijos y una nieta, los muertos suman 11, la devastación, las pérdidas humanas y materiales. Historias que no se quisieran contar.

Ayer los rescatistas estuvieron limpiando la zona. Foto: Na
Ayer los rescatistas estuvieron limpiando la zona. Foto: Na

El lunes, Anrique Preste sintió la ráfaga de viento, esa que soplaba más fuerte que nunca después del granizo. Antes fue la brisa suave, húmeda y caliente. Después, la destrucción. De su casa sólo quedaron algunos pilotes sembrados en el suelo. Lo único que pudo hacer es aferrarse a su planta de mandarina, de la que hoy queda alguna rama y ninguna fruta. Anrique es uno de los que ayer lloró sobre uno de los cajones de pino que cobijaban a cinco chicos que murieron por el temporal que dejó a Tobuna con un saldo de once muertos y 24 heridos.

"Todavía las escucho llamarme con esas vocecitas de niñas. '¡Tío, tío!', me decían. Priscila y Laura eran muy felices. Estamos muy tristes", dice Bernardino Da Rosa, con el gesto hachado por el dolor. Las dos nenas, hermanas, de 3 y 4 años murieron a causa de los golpes que recibieron. A su fallecimiento, se le suma el de Fátima Dos Santos (8) y su hermano Cleverson (6), Milagros Mederos (6) y César Chagas (13), que perdió la vida ayer a la mañana porque no superó la internación: tenía un esquinero de fórmica de una mesa incrustado en el cráneo. Todos los chicos iban a la misma escuela, la que desapareció en Picado de Santa Rosa.

Pero la peor parte no sólo se la llevaron los niños. Antonio Vicente, de 49 años, tampoco resistió a pesar de las dos operaciones. Llegó con el tórax abierto y hundimiento de cráneo. Su cuerpo será inhumado hoy por la tarde. En Bernardo de Yrigoyen, en tanto, aún hay seis personas internadas y dos más en Posadas. Otros cuerpos, el de Patricia De Matos, de 3 años, y el de Eva Pereyra de 74, todavía están en la Policía de Misiones.

Ayer velaron a Belén Borges, una beba de siete meses, y a una mujer de 63, pero en un templo evangelista. Todos fueron velados a cajón cerrado ya que sus cuerpos estaban mutilados. Escoltados por el personal del Ejército Argentino y Gendarmería Nacional, los cadáveres partieron hacia el cementerio, sin caravana, ni flores, mientras la lluvia hacía más rojo al barro, más impenetrable la colonia.

Paula Demarco tiene la cara violeta y un ojo cerrado por los golpes que recibió. Tiene 9 años y pide a los gritos ver a su mamá, que es una de las internadas en Eldorado. De su vivienda no quedó nada. Ella y su familia vivían sobre el cerro Tatú, área de las más afectadas. Un par de colchones, un televisor, la cocinita y un armario esperan bajo la tormenta que alguien los reclame. "No quiero volver porque me da miedo", dice.
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