El periodismo es mi pasión. Pero no la única. También lo es el ajedrez. A veces, en el impredecible y misterioso mundo de las 64 casillas, uno debe afrontar posiciones muy complejas. Momentos de inflexión que requieren cálculo, estrategia, conocimiento profundo… pero también una dosis de arrojo y una pizca de locura, para hacer el movimiento correcto. Me ha tocado vivirlo infinidad de veces ante un tablero, con rivales durísimos. He ganado y he perdido. Y en esos instantes de duda una frase asalta mi memoria. La repito siempre ante mis amigos del ajedrez, que me conocen muy bien. No es muy filosófica, ni siquiera profunda, pero resulta efectiva…
-Plata, y miedo, nunca tuve…-
Ambas cosas son rigurosamente ciertas. Y algo muy parecido a aquellas situaciones infernales del tablero me tocó vivir en el momento en que decidí abandonar el papel y volcarme al periodismo online, cuando descubrí que a los 43 años, con muchos –veinte, por lo menos- de experiencia conduciendo redacciones en medios líderes, iría por lo nuevo, por el universo desconocido. Así –como muchos colegas- di el salto. Hoy, en el Día del Niño, podría decir –como Piñón- Basta de mamadera. Yo tomo en taza (eso fue una concesión a mi hijo pequeño, que me ve buena parte del día en la notebook).
Antes de radicarme por segunda vez en Mendoza –conduje la redacción de Los Andes entre 1998 y 2005, y volví en octubre del año pasado- y a poco de andar en este diario, me dijeron muchas cosas. Entre ellas, me quedó grabada una muy intimidante: -MDZ es un monstruo devorador de noticias-. Semejante sentencia me hacía pensar, como dice Julián Gallo, en un diario “que no duerme, ni se despierta, ni descansa”, y adivinar a los periodistas y editores como carboneros, teñidos de negro de humo arrojando bytes, teclados y pantallas en la hoguera insaciable de Internet, para su consumo masivo y ultrarrápido. Palo y a la bolsa del Fast News.
Pero igualmente vine y me subí a MDZ. Como escribí aquel día en que debí presentarme a los lectores, el proyecto me resultaba seductor por donde lo mirase. Hoy, en el aniversario número dos del diario, y después de nueve meses en la conducción periodística de la nave, puedo jurarles una cosa: Es lo más difícil que me ha tocado hacer en mi carrera. Pero también lo más atractivo, lo que mayores satisfacciones profesionales me da. Y –lo más importante- es el lugar donde la libertad, aquel ideal supremo de los periodistas, está por encima de ninguna otra cosa. La puedo ejercer a gusto, con responsabilidad. Y eso no tiene precio.
Dirigir un medio en Internet –éste, al menos- significa ser un diario no tradicional, atrevido, sin dogmas, en el que se hacen decenas de portadas al día, donde producimos casi cuatro veces más contenidos que la prensa tradicional, y a la vez se analiza con profundidad y seriedad, y se investiga con pasión y conciencia hasta encontrar lo que buscamos. Es una experiencia única. Bien “emedezeta”, diríamos, apoyada en un excelente equipo de profesionales.
Trabajar con los Terranova también tiene lo suyo. Cuestionadores, creativos, e intensos; han sido capaces de transformar una idea, una sensación, un grupo de pensamientos, en lo que hoy es el diario. Fue un trabajo gigante, de muchísimo esfuerzo. Le han dado a Mendoza un gran medio de expresión, uno distinto. Muchas veces estoy de acuerdo con ellos, en otras no, y entonces debato hasta donde puedo. Pero son capaces de sacudir las estructuras que en ocasiones tenemos los periodistas. Y eso –siempre- resulta enriquecedor.
Como usuario de Internet desde principios de los ’90, sabía que algún día esa red fabulosa que me dejaba el mundo a mano, y mi trabajo de periodista, iban a coincidir. No tenía idea de cómo, ni siquiera lo imaginaba. Pero entendía que Internet era una autopista de la información. El momento llegó casi veinte años después, y estos meses han resultado para mí de un gran aprendizaje. La principal enseñanza es que lo que hoy sirve, en pocas horas será inútil. Por eso no hay manual de instrucciones: Ensayo y error, experiencia y aventura, pero siempre… sentido común y Periodismo. El alma no cambia. Sólo ocurre que la tecnología nos ha dado mejores herramientas para mostrarla, y compartirla.
Al inicio, en mis primeros días en MDZ, muchos amigos “del papel”, aun de diarios grandes que tienen muy desarrollados sus online, como Clarín y La Nación, me preguntaban disimulando apenas el sarcasmo… “Y… cómo te trata el portal…” ó “Cómo va el online…” ó el más duro e impersonal… “…qué tal con Internet…” Parecía que la palabra “diario” se les endurecía en la boca. No la podían pronunciar. Al principio me preocupé. Hoy tomo aquellas preguntas con una sonrisa, y contesto:
-Si la vida, la carrera y la buena estrella me lo permiten, no vuelvo nunca más al papel…-
Y eso, es una promesa.