“Y justicia para todos…” dice la frase. Pero no fue así. Nunca es así. Siempre, alguna de las partes se siente afectada, dolida, insatisfecha.
Ayer, al conocerse las sentencias por el caso Cromañón, donde murieron 194 personas –queda claro: 194 personas- hubo voces dispares, llantos de alegría y de dolor, gestos de satisfacción y de ofensa, baja y desubicada.
Todos queremos justicia, a nuestra medida. Y cuesta aceptar las decisiones.
Después de la tragedia, inmediatamente se cerraron todos los negocios dedicados a espectáculos públicos, masivos, que no cumplieran con un protocolo establecido por los municipios en cuanto a seguridad. Y punto. Nada más pasó.
Así, la música se quedó sin espacios y la gente sin propuestas. Pero a no engañarse: hoy, ir a un recital de rock en cualquier parte de la Argentina es igual que en el 2004, cuando nadie imaginaba semejante tragedia, cuando todos desafiaban la vida, cuando algunas bandas no tuvieron más remedio que darle el show a sus seguidores, allá abajo, porque ellos carecían de talento para hacerlo arriba del escenario.
Esa es la famosa “futbolización” del rock. Unos cuantos se adueñaron de la fiesta de todos, empujados por algunos a los que se le nubló la vista después de tener cerca los reflectores.
Hoy, ir a un concierto es tan peligroso como en el 2004. Hubo cierres y prohibiciones para los flashes, pero todo sigue tan vulnerable como siempre.
El fallo de ayer deja claro que nadie nos cuida, nadie te cuida. Quien te invita a su fiesta no tiene ninguna responsabilidad sobre vos, a pesar que le des colorido a su fiesta, a pesar que seas parte “fundamental” de ellos, a pesar que tratan de ser voceros de tu vida, tus emociones y tus sentimientos.
Cuidate. Sólo vos tenés que cuidarte. Nadie lo hará por vos.
Cuando vayas a un recital, a una obra de teatro, a una exposición o a lo que sea de público masivo, tomá precauciones, anticipate. Acordate que nadie lo hará por vos, por más que eso dicen.
Nada cambió.
Perdón… miento: perdimos a 194 personas… pero a pocos les importa.
Cuidate, nadie lo hará por vos
Las sentencias de Cromañón dejaron al descubierto la vulnerabilidad que tiene nuestra seguridad en distintos ámbitos. Nada cambió. Nada cambiará. Nadie es responsable. Todos somos responsables.