Susana Giménez, desconsolada por el asesinato de un amigo expresó que “quien mata debe morir”. Después, aclaró que lo dijo bajo efectos de shock. Pero a muchos le encantó la primera idea. Como Rambos, salimos a justificar que cualquiera decida hasta cuándo debe vivir otro. Hasta lo justificamos. Un militar confesó que mató a un joven y lo tiró al basural. Muchos lectores salieron a felicitarlo por la “limpieza”. Pero aquí, nadie dijo que había que matar a quien mató, porque se presupone, falsamente, que lo que hizo “está bien”. El concepto de justicia cambia según la cara del cliente.