La primera vez

Tras los muros de la indignidad, de la basura humana de máxima pureza y las torretas que todo parecen conocerlo, una mujer de rostro y figura claramente aindiados se acercó decidida y le regaló un ramo de flores.

Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

Era la primera vez en su vida que el tipo se relacionaba con el arte. Hasta entonces, el arte era una actividad prácticamente destinada al interés de los afeminados, de los putos, eso, una cuestión de putos. De putos y drogadictos.

Pero la cárcel es brava. Uno no sabe qué hacer allá adentro con sus manos, con sus piernas y sobre todo, con su cabeza.

La historia de este tipo en cuestión me fue referida por el periodista Ulises Naranjo, quien estuvo durante diez años dándole teatro y literatura a cientos de presos de la Penitenciaría de Boulogne Sur Mer al 1800.

El tipo, entonces, jamás había hecho nada artístico, sin embargo, esa tarde estrenaba su primera obra. Atrás parecían haber quedados hechos fundamentales de su vida: el nacimiento de su hija, el meditado abandono de su mujer, el choreo a la UCIM, incluyendo plena corrida atravesando la Plaza Independencia, con una bolsa de guita en una mano y un 38 en la otra, el desembarco en la cárcel y la suma de todos los dolores.

Ahora, iba a actuar en su primera obra y, en verdad, tenía tantos nervios como antes de algún choreo de magnitud.

- Es la primera vez que voy a actuar… Es la primera vez que voy a actuar…, le repitió a Ulises y se dieron un largo, larguísimo abrazo.

No obstante, la mayor sorpresa de ese día vendría una minutos después, casi justo en la línea de largada de “Vencedores vencidos”, la obra a estrenar.

De pronto, el tipo, el tipo y sus tatuajes, el tipo y su carne dolida, el tipo y sus tiritones pre-artísticos, no pudieron dar fe de la siguiente escena:

Tras los muros de la indignidad, de la basura humana de máxima pureza y las torretas que todo parecen conocerlo, una mujer de rostro y figura claramente aindiados se acercó decidida y le regaló un ramo de flores.

El tipo se quedó paralizado, sin decir gracias siquiera a Luisa Calcumil, quien le sonrió y le dio un beso en la mejilla.

El tipo sólo atinó a repetir una frase:

- Es la primera vez que me regalan flores… Es la primera vez que me regalan flores…