Cochinillos de indias

La pregunta que debiéramos hacernos es la siguiente: ¿es posible que el mercado libre regule y amortigüe las consecuencias del desarrollo de sus fuerzas productivas? Pareciera que bajo modelos neoliberales, como los de México y EEUU, no. Los cochinillos de indias no somos garantía. Ahora bien, ¿alguien pagará los platos rotos?, tal vez sí, la propia gente que irá desesperada a comprar el remedio, la vacuna de la industria farmacéutica: la solución fisiológica.

Foto: Gerardo Gómez/ MDZ
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ

Nunca un “desastre natural” es unívocamente natural. Es decir, la naturaleza en su concepción más pura, por esencia, no tiene autonomía absoluta. Tampoco produce castigos celestiales ni rebeliones mágicas. La hechicería y la magia ya no cuentan para explicarnos lo que sucede, o no debería al menos. Sin embargo, hay dichos y voces que corren entre la gente muy presta a la mistificación de la realidad, interesados. Mistificar, antropológicamente hablando, es una virtud de la especie humana, una característica diferencial de otras, tal vez, la más significativa. Pero eso es agua de otro costal, uno más teorético, filosófico. El punto es como pensar y enmarcar la problemática del virus cochino, influenza porcina, gripe A.

Las enfermedades no provienen de la naturaleza maldita que se rebela contra la especie humana, mas bien, las causas de los fenómenos epidémicos hay que buscarlas en el modo o patrón de acumulación económico que configuran los sectores sociales dominantes del mundo para acrecentar el capital. El caso de la influenza porcina (ahora denominada gripe A) no es culpa del chancho sino de quién y cómo les dan de comer, dónde los alojan y a qué tipo de producción masiva son sometidos por algunas industrias.

Las grandes granjas de producción industrial porcina en EEUU y México son un testimonio de ello. Y el pequeño pueblo de La Gloria en Veracruz, México, es credencial viva del fenómeno que hoy mantiene en vilo al mundo occidental. Cerca de allí, en el Estado de Perote, se asientan las “Granjas Carroll”: www.granjascarroll.com , una subsidiaria de la empresa estadounidense “Smithfield Foods”: www.smithfieldfoods.com, mayor productor de cerdos del mundo.

El carácter centralizado y a gran escala de la industria, crea condiciones para que la enfermedad se disemine a lo largo y ancho, ya sea por las heces fecales, el alimento, el agua, o incluso las botas de los trabajadores. Los pobladores de “La Gloria” denunciaron hace meses esta situación www.marcha.com.mx/resumen.php?id=2128 a las autoridades mexicanas, apuntando contra aquellos asentamientos donde se habría originado el virus.

Según los especialistas epidemiológicos es allí donde se encuentran todas las condiciones para la evolución de virus mixturados (los chanchos comen mierda de aves, plumas y desechos). Aunque el gobierno mexicano y estadounidense ya salieron a negarlo, es en “las granjas” donde la mira está puesta, como lo señala la nota de Crítica de la Argentina. La sospecha del lobby de las grandes granjas pareciera confirmarse toda vez que las mismas pidieron que la enfermedad cambiara de nombre.

La gripe es el síntoma de una enfermedad producida bajo un determinado modo de explotación de la economía concentrada, que en este caso específico, se da en el marco del TLC (Tratado de Libre Comercio) entre EEUU y México. El ocultamiento de las consecuencias de este tipo de explotación industrial “es la naturaleza del negocio” de las multinacionales.

¿Cómo exportan aquellas empresas si no es ocultando e impidiendo controles sanitarios? Muy distinto es criar chanchos y aves en granjas familiares para la auto subsistencia, siguiendo las indicaciones sanitarias y alimenticias que aseguren un control de enfermedades y un uso ecológico del ciclo agroalimentario. Al pobre chancho se lo ha estigmatizado como “cochino” y decirle “cerdo” a una persona es, desde hace más de un siglo, una mala palabra. ¿Cerdos y cochinos capitalistas sería la expresión correcta? Con el debido permiso y respeto por los cerdos.

“Debido a que los sistemas de alimentación tienden a concentrar grandes cantidades de animales en muy poco espacio, facilitan la rápida transmisión y mezcla de los virus”, dijeron investigadores del Instituto Nacional de Salud (NIH) de Estados Unidos en 2006. Tres años antes, la revista “Science” advirtió que la gripe porcina evolucionaba una vez más en fase rápida por el aumento en el tamaño de los criaderos industriales y al uso generalizado de vacunas en estos establecimientos.

Nos topamos con una muestra más de las consecuencias de la producción capitalista concentrada. Multinacionales que imponen condiciones a los gobiernos obtienen una mayor tasa de ganancia a costa de la precarización laboral y sanitaria de los pueblos. La pregunta que debiéramos hacernos es la siguiente: ¿es posible que el mercado libre regule y amortigüe las consecuencias del desarrollo de sus fuerzas productivas? Pareciera que bajo modelos neoliberales, como los de México y EEUU, no. Los cochinillos de indias no somos garantía. Ahora bien, ¿alguien pagará los platos rotos?, tal vez sí, la propia gente que irá desesperada a comprar el remedio, la vacuna de la industria farmacéutica: la solución fisiológica.

La cadena del negocio no se hizo esperar. La OMS ha recomendado el remedio. Se trata de “Tamiflú”,  uno de los medicamentos que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha considerado como efectivos para reducir los efectos de la influenza y cuya patente fue desarrollada por Gilead Sciencies Inc -empresa de la que es accionista el ex secretario de defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld- y que firmó contratos con la subsidiaria estadounidense F. Hoffman-La Roche Ltd para fabricar y distribuir el producto hasta 2016. Ver nota en el semanario de México.