Enfoque: ¿al mosquito del dengue se lo comió un chancho?

La psicosis por los efectos potencialmente destructivos que puede provocar la nueva peste, la gripe porcina, dejó en un segundo plano a la epidemia de dengue.

Surgen varios puntos para el análisis, a partir de la realidad actual de la salud en la Argentina.

Entre ellos, queda en evidencia la fragilidad sanitaria del país, ya que mientras una epidemia no logra ser controlada, otra altera el ritmo habitual de funcionamiento de los hospitales y genera un alerta a la que dudosamente pueda responderse con los recursos instalados, más allá del factor profesional altamente especializado con que se cuenta.

Una vez más se actuará bajo los efectos de “emergencia”, lo que no significa que la situación nos desborde, sino que, aunque podría ser controlada, no se cuenta con los recursos e infraestructura ya listos, dispuestos y preparados para hacer frente a situaciones como las que nos están alterando la vida diaria.

Otro punto por el que debemos hacer un paréntesis en la vorágine informativa es en torno al dengue, su permanencia aquí y los efectos que ya está causando en la población.

Hace unos días, la organización “Médicos sin Bandera” estimó que podrían llegar a 100 mil los casos de dengue registrados en la Argentina desde enero pasado.

Esto habla a las claras –y así debe entenderlo la población-de que aun aquella peste no ha sido controlada ni mucho menos, superada. Hablar hoy de la peste porcina con la insistencia con que lo estamos haciendo no implica disminuir las precauciones sociales ni el accionar estatal para afrontar la presencia de dengue en el país.

En definitiva, es importante saber que al mosquito del dengue no se lo comió un chancho y que, más allá de la novedad que nos preocupa, hay temas de fondo que tienen que ver con el servicio de salud que existe en la provincia y el país que merecen, en esta coyuntura, al menos ser puestos en debate.