A quien corresponda.
Me apena profundamente la miopía de quién investido por un poder eclesiástico se arroga el derecho a censurar y tergiversar, como en este caso específico lo hace el párroco Ramiro Sáenz. Insólita costumbre seguramente heredada de sus ancestros inquisidores, por los cuales, huelga decirlo ya pidió perdón la iglesia misma a raíz de los atropellos y crímenes cometidos en el mundo.
Tergiversa cuando dice que mi obra Taki-Ongoy es anticristiana. Todo lo contrario, mi estimado Ramiro, si usted hubiera leído bien o en este caso escuchado bien, se habría percatado que allí denuncio justamente a los falsos cristianos, quienes bajo la excusa de catequizar robaban el oro de nuestros pueblos originarios mediante torturas y crímenes aberrantes que no invento yo, sino que están claramente impuestos en castellano antiguo, pero absolutamente comprensible, por los propios escribas que destinó la iglesia a estas tierra en aquella época: "Archivo de Indias", Universidad Complutense de Madrid, "Universidad de Barcelona" "Pedro Cieza de León" "Los vencidos" de Nathan Wachtel y cuanto escrito existe en el mundo sobre la verdad de la conquista española y la posterior colonización en América.
En una sola cosa tiene razón y es en que soy un hombre peligroso, lo soy tanto como lo es la verdad. Y que yo sepa ni el Dios a quien usted refiere en ese infame intento de censura, le daría un gramo de apoyo, mucho menos su hijo Jesús, pues él la defendía más que nadie y la propagó honrándola con su propia vida. Lamento que usted no sea capaz de escucharla, lo haría un hombre más cercano a lo que quiere defender.
Su carta recién aparece y sin embargo a pesar del tiempo no es vieja, sigue ofendiendo al progreso y desarrollo de un país que apuesta por la diversidad y la convivencia. Por mi parte seguiré trabajando para eso.
Víctor Heredia
(Cantor popular y escritor: "Alguien aquí conmigo" "Rincón del diablo" el ensayo "La canción verdadera" y finalista del premio Planeta de literatura 2007 con su tercer novela: "Mera vida")