Cuentan los memoriosos que sucedió de esta manera: “Marcaremos un antes y un después. A como dé lugar, hay que transmitir seguridad a la población, terminando definitivamente con la delincuencia en Mendoza. Tenemos que recuperar la libertad que hemos perdido y perder para siempre el miedo que nos domina.
“Nosotros, los ciudadanos honestos, debemos tomar el toro por las astas y la mejor manera es atacar el flagelo en su misma línea de flotación, de modo que ninguno de nosotros vuelva a sentirse inseguro.
“Ahora resulta que nosotros, los honestos, vivimos presos y ellos, los delincuentes, se pasean en libertad y gozan de los derechos humanos, porque los derechos humanos, señores, en Mendoza, los derechos humanos son para los delincuentes, no para los ciudadanos probos.
“Acá lo que hay que hacer es meter bala en las calles y prender fuego a todos los presos. Así se van a acabar todos los delincuentes”.
Así se hizo. Un buen día, las autoridades condenaron a la hoguera a todos los presos y balearon a cuanto sospechoso de delito encontraron. Con la morgue llena de sospechosos y los juzgados penales sin tarea, durante un par de días, hubo una calma inusitada. Cierto es que la comunidad no sabía qué hacer con el silencio y, aunque se optó por la televisión a todo volumen, el miedo no menguó.
No obstante, la historia humana muestra que toda paz es un espacio intermedio entre dos guerras. Y así fue: al tercer día, aparecieron más sospechosos llegados desde los barrios hostiles. Venían con una furia multiplicada por su sed de venganza.
Había que verlos: harapientos, desenfadados, malhablados, menesterosos, marrones, sucios, desheredados. Parecían brotar de debajo de las piedras. Y ya no importaba cuántas balas habrían de caer sobre ellos, porque la muerte, estaba claro, no iba a acabar con ellos, los sospechosos de siempre.
Fue recién entonces cuando los probos y los honestos comprendieron que el enemigo, en verdad, no eran los delincuentes, sino los pobres, porque la pobreza era el verdadero caldo de cultivo de los vándalos. Para vivir en paz, había que acabar con los pobres.
Entonces, recargaron sus armas y decidieron ir por los pobres. “Hay que acabar con los adultos mayores también, castrar químicamente a los machos adultos más dóciles y esterilizar a las hembras; al resto, a la hoguera”, fue la conclusión.
Los probos, tan acostumbrados a ver el mundo con el color de sus lentes, descuidaron un detalle: los pobres eran muchos más de lo que ellos creyeron y sus aceros no dieron abasto.
Quisieron acabar con la inseguridad, dejar de vivir con miedo y, a la sazón, de esta manera iniciaron la guerra.
Muestrario del humor general
A ver, aclaremos ya mismo: la inseguridad es un flagelo, los delincuentes tienen que estar encerrados todos y cada uno de los días que indique la ley, las víctimas son eso: víctimas y la gran mayoría de los mendocinos, gente decente, por cierto, se ve directamente afectada por el accionar de la delincuencia.
No obstante, la inseguridad es un mal con características complejas, que impactan en el funcionamiento mismo del sistema. El habitual discurso –que también asumen muchos foristas de MDZ– de que hay que matar a los delincuentes, salteando la intervención de la justicia y dejando de lado el tipo de delitos que cometen, se agota en sí mismo por reaccionario, superficial, ignorante, anticonstitucional y profundamente delictivo.
Hace unos días, publiqué una nota, “Conocé Almafuerte, la cárcel mendocina de Cacheuta”. Para quienes no vieron ese contenido, explico que se trata de una serie de fotografías generales, de espacios comunes de tránsito de ese penal. En ningún caso se muestran pabellones ni calabozos y, salvo un par de casos muy a la distancia, tampoco se muestran internos. Ninguna de las fotos mostró cómo viven los presos de Almafuerte. Repito: no hay un solo calabozo retratado y tampoco ningún detalle del régimen al que se atienen; de hecho, no hay siquiera un solo pabellón fotografiado, sino que son vistas generales de un lugar muy poco conocido.
No obstante, como síntesis y muestrario de parte del humor general que hay respecto de la inseguridad en Mendoza, las fotografías provocaron variadas respuestas, algunas de las cuales detallo a continuación para que quien lo desee, en primera instancia, reflexione al respecto (un aclaración necesaria: a los efectos de facilitar la lectura, los comentarios fueron corregidos en su ortografía y sintaxis).
La Biblia y el calefón
Aquí, algunos de los comentarios:
* “No creo que puedan insertar ni al 1% de estas basuras que deberían estar en un cubo de 1x1. Está comprobado que la mayoría son reincidentes, y encima nos cuestan muy caro. Que mueran ahí sería lo mejor”.
* “Así todos son delincuentes... Y sí, cómo no van a delinquir si adentro están mejor que afuera. Viven mucho mejor que cualquier laburante. No es eso lo que me molesta: me jode que estén ociosos, porque el Estado “invierte” mucho más en los presos que en los estudiantes. Ojala las cosas cambien”.
* “Privilegios: ¿Dónde están las piletas, cancha de tenis, el sauna, bar y otras necesidades básicas para los internados?”.
* “Me parece patético. Me molesta esta nota, estos inútiles, delincuentes, etcétera. Viven mejor que yo, porque adentro de la cárcel los cuidan y a los ciudadanos decentes, no. Es una burla para la gente buena”.
* “¿Saben quiénes están? ¿Ustedes saben quiénes están ahí adentro? Te paso a contar: Está el que mató a tu hijo. Está el que mató a tu papa. Está el que mató a tu nieto. Está el que violó a tu nieta. Está el que violó a tu esposa. Está el que violó a tu hija. Está el que dejó a unos niños muy pequeños sin padre. Está el hermano del que te amenaza diariamente por atestiguar en su contra. Están esos y muchos más”.
* “Demasiada vista tienen. Tendrían que estar en un agujero sin ventanas hasta que se pudran. El 99% de ellos no tiene vuelta atrás y el 1% restante lo charlamos”.
* “Malísimo. Me parece muy mal que el Estado gaste plata en este tipo de gente que ni se la merece. Son la lacra de la sociedad. Y malísimo que tengan tantas comodidades. Tendrían que estar todo el día en la celda, no ocupando la cabeza en algo como hacer avioncitos”.
* “¿Qué les pasa MDZ? Todos los días una nueva con cárceles y delincuentes. ¿Por qué no ponen fotos del velorio de la gente que estos mataron? O las de las lápidas de los que dejaron atrás. Una maravilla la cárcel, che. Hay 45.000 niños en Mendoza desnutridos. Ocupen estas páginas en algo más productivo, por favor”.
* “Ahora habría que buscar la manera de prender fuego esas hermosas instalaciones con toda la lacra adentro. Es una utopía. Ya lo sé. Pero qué lindo sería”.
El lector Femau
Ante las características de estos comentarios, n contraste, un lector que firmó como Femau, opinó de distinta manera:
* Dijo Femau: “¡Qué gente de mierda! Las opiniones que leí, en verdad, son de terror. Si esta es la sociedad civil que tenemos la verdad es que es de temer. La gente que esta ahí encerrada es producto de nosotros mismos, de la sociedad fascista de la que ustedes todavía no se hacen cargo. En fin pobre gente, digo ustedes, seguro que votaron a Jaque y se comieron lo del mapa del delito. Fachos”.
Y estas fueron algunas de las respuestas que Femau recibió:
* “Vamos a ver si pensás lo mismo cuando te maten a un familiar o un amigo o cuando le rompan el culo a tu esposa o tu hermana. ¿O acaso sos de los derechos humanos que defienden a la lacra esa?”.
* “Seguro que vos tenés algún familiar ahí o vos sos uno de estos delincuentes. Pensás de esa forma porque nunca te pasó nada”.
* “Explicá vos qué haces para mejorar a esa gente que nos mata, roba, viola diariamente. Solo te digo pensá”.
* “Femau pensá: nosotros también estamos con rejas, candados, alambre de púas. Estamos encerrados por el simple hecho de ser honestos y encima todo eso que nombré lo pagamos de nuestro bolsillo. Y sí, somos la sociedad civil que hay, es la que nos han convertido los delincuentes que vos defendés o compartiste tiempo con ellos?”.
Algunas lecturas más amplias
Cierto es que también hubo otra clase de reflexiones. Aquí se las transmitimos:
* “Creo que está bien que los presos no estén haciendo huevo todo el día. En cualquier sistema penitenciario moderno, que piensa en la posibilidad de reinsertar a quien cometió un delito, es saludable que no se estén rascando todo el día. Antes también se hacía en la Casa de Piedra e incluso vendían muchos de los trabajos para tener unos mangos para cuando salieran. Habrá muchos que son irrecuperables pero no podemos, por culpa de nuestros malos gobiernos, pensar que todos son basuras. Pensar de esa forma se parece bastante al nazismo”.
* “Creo que la jaula de nuestras vidas es más penosa que la de estas personas. Tal vez sería oportuno analizar porque están ahí y quiénes son los responsables de que estas personas vivan ahí: la sociedad, los funcionarios o quienes”.
* “El fracaso no sólo procede de sus mismas vidas o de la misma cárcel, sino del mismo sistema con que se pretende curar la marginación desde una sociedad o unas instituciones que sólo la conocen desde fuera, sin atacar de verdad sus causas, porque hay otros intereses que lo impiden. No podemos seguir creyendo en una Legislación cuando propone que la cárcel es para rehabilitar al preso, porque es una gran mentira nacional. Mirando los presupuestos puede verse la diferencia entre lo invertido en seguridad y lo que se invierte en rehabilitación. En el fondo es la respuesta a lo que pide nuestra sociedad”.
Cumplir la ley
Una sociedad de derecho debe tener, necesariamente, un sistema penal que cumpla con eficacia la ejecución de la pena privativa de la libertad. No obstante, suponer que encerrar gente en depósitos soluciona el problema no hace más que potenciarlo. Esta claro que algo no funciona en este sistema social y ese algo nos compete a todos, porque los delincuentes son generados por la propia estructura social, nos guste o no.
Querer prender fuego a presos o acribillar sospechosos, aun como “utopía”, como dice un lector, es no sólo un crimen de lesa humanidad, sino también una respuesta ignorante que profundiza la crisis existencial que como sociedad atravesamos, cuando de inseguridad hablamos. ¿Cuál es la solución al dilema? Una que está bien a mano: hacer cumplir la ley, tanto para los que delinquen y deben cumplir con sus condenas, como para los gobiernos, que deben administrar los sistemas penitenciarios.
Si la sociedad que vivimos es una fábrica de delincuentes, ¿qué esperamos que haga parir, sino delincuentes de toda laya, tanto rateros como profesionales exitosos con guantes blancos que jamás terminan detenidos? Hay que hacerse cargo de que el sistema no funciona y de que todos somos víctimas de él; lamentablemente, en mayor medida, los más desfavorecidos, que conviven con la indefensión y también con la estigmatización de quienes asocian criminalidad con pobreza.
La bronca acumulada ante tanta inseguridad diaria que padecemos no puede conducirnos al pataleo inútil, al deseo de venganza por propia mano ciega o en algunos casos al territorio de la estupidez o el delito que criticamos. Tenemos leyes y con cumplirlas, sería más que suficiente.
Ya una vez crucificaron a un tipo que, según parece, era inocente. Por eso, es así: ni hoguera ni sacrificios ni castraciones ni discriminaciones ni paredones de fusilamiento: una ley que se ejecute y funcionarios que funcionen nos harán sentir más seguros. Y un debate con altura nos volverá más sabios.