Pasaron 27 días desde que Carlos Molina Vallejos, Jorge Ramos Olarte y Mario Díaz Riveros se sentaran por primera vez en el banquillo de los acusados, en la Séptima Cámara del Crimen y ante el tribunal compuesto por Pedro Carrizo, Gabriela Urziolo y Lilia Vila.
Y pese a que fueron 27 los días de calendario, solamente cuatro jornadas duró el juicio por uno de los asesinatos más resonantes de los últimos años, que le costó la renuncia a Osvaldo Tello como ministro de Seguridad, una descompensación -con desmayo incluido- al entonces gobernador Julio Cobos y le puso fin a una improductiva policía comunitaria que en Capital había implementado el jefe comunal, Eduardo Cicchitti.
El juicio por el asesinato de Susana Cruz de Rubino, ocurrido la noche del 25 de octubre del 2005 en la vereda de su casa de la Quinta Sección llegó esta mañana a su fin y sólo Molina Vallejos fue condenado a 7 años de prisión por el delito de robo agravado en poblado, mientras que los otros dos imputados fueron absueltos.
De esta manera, entonces, queda impune el asesinato de la mujer, ya que el tribunal sólo condenó a Molina Vallejos por ser el propietario del vehículo en que se movilizaron los delincuentes que esa noche asaltaron y ultimaron de un balazo en la cabeza a Cruz. Sin embargo, sigue siendo un misterio para la Justicia quien ejecutó a la mujer luego de obligarla a adentrarse en la acequia.
Cambio de calificación y alegatos
Pasadas las 9 de hoy, la fiscal de la causa Susana García, delegó la formulación de los alegatos al fiscal especial de Delitos Complejos, Daniel Carniello, quien instruyese la causa desde el comienzo.
Así fue como Carniello recapituló detalle a detalle los pormenores del episodio y de la investigación, que estuvo en sus manos. En su alegato, el fiscal mantuvo la acusación contra Ramos Olarte, considerando que durante las dos ruedas de reconocimiento que se efectuaron –una personalmente y otra por fotografías-, Laura Rubino (la hija de Susana que se encontraba con la víctima el día del crimen) identificó y reconoció a Ramos como uno de los delincuentes que estaba esa noche en el lugar, aunque aclarando que no fue quien disparó.
También pidió mantener la acusación sobre Molina Vallejos, que había sido imputado por ser el propietario del Chevrolet Corsa blanco en que –de acuerdo a los testigos- los dos delincuentes huyeron y que luego, a los pocos días, fue hallado en una vivienda de Chacras de Coria, pero sin la ganchera y los vidrios polarizados que habían detallado los testigos. Es que, además de detectar un agujero en la parte del paragolpes donde iría ubicada la ganchera, las pericias que se realizaron al vehículo del imputado indicaron que el polarizado de los vidrios había sido retirado hacía poco tiempo.
Además de estos detalles del auto, Carniello especificó que, cuando Molina es detenido en Comodoro Rivadavia, alega que se encontraba trabajando allí desde septiembre de ese año, es decir de antes de que ocurra el crimen. No obstante, los testimonios del entonces director de Homicidios, Carlos Chávez –junto a otras pruebas que el fiscal recavó durante la investigación- indicaban que el imputado fue detenido a los dos días de haber llegado al Sur.
Para cerrar sus alegatos, Carniello solicitó el cambio de calificación para la causa, que estaba instruida como homicidio criminis causa –que acarrea una pena mucho más dura- y pidió que se la rotule como robo agravado seguido de muerte.
En cuanto a la sentencia, solicitó que se condene a 20 años de prisión tanto a Ramos Olarte –por ser el autor del robo seguido de muerte- como a Molina Vallejos –por participación primaria. En tanto, para Díaz pidió la absolución al considerar que no ha podido acreditarse que tuviera participación del episodio.
En la misma sintonía, el abogado querellante, Carlos De Casas acompañó en el pedido a Carniello, destacando además que Molina Vallejos mintió en su declaración al decir que no conocía a Díaz ni a Ramos por miedo.
“Algo calla, por algo tiene miedo y pide irse a San Rafael (allí se encuentra detenido)”, destacó De Casas.
Por su parte, el abogado defensor, Raúl Sánchez destacó que el fiscal y la querella “han mentido”, destacando que desde la parte acusatoria no contaba con ningún elemento concreto o estable para mantener su acusación.
Es que Sánchez destacó que, pese a lo alegado por Carniello y De Casas, en ningún momento Laura Rubino reconoció a Ramos Olarte en las fotografías y en la rueda de reconocimiento, siendo que la mujer sólo destacó que el sujeto al que ella vio esa noche “era del tipo” del que le mostraron en una foto. En tanto, al momento del reconocimiento en persona, la mujer dudó entre dos de los que se presentaron.
De forma sarcástica –aunque si perder la seriedad-, Sánchez se refirió al misterioso viaje mediante el que un grupo de efectivos mendocinos fueron a buscar y trajeron de vuelta a Molina Vallejos a Mendoza. “Hay que usar la lógica. Molina Vallejos viajó dos días y dos noches con los efectivos, y convengamos que no vinieron hablando de Bailando por un sueño. Le dieron una paliza para que confiese e, incluso, perdió un oído”, destacó Sánchez. Incluso, hay versiones que sostienen que a Sánchez lo bajaron cuatro veces del vehículo en el trayecto hasta Mendoza y que le gatillaron en la cabeza para que confiese.
Al igual que desde que comenzó el juicio, el abogado volvió a sostener que todo esto se hizo por la repercusión que tuvo el episodio y por los costos políticos que acarreó. “Todo esto se inicia con un nefasto informe de la policía, que al segundo día, antes incluso de que declarara Laura Rubino y se precisasen algunos datos más, ya sostenía que se tenía a los tres autores y, sin elementos, nos quisieron convencer. Fue un informe lapidario e infame, toda la investigación fue en base a la única prueba que tenían: que iban en un auto similar al de Molina Vallejos. Parece ser que tener un Corsa blanco es una desgracia y por eso está imputado”, indicó Sánchez.
Sobre las razones por las que Molina le quitó la ganchera y las láminas del polarizado a su vehículo, el patrocinante de los imputados sostuvo que eso no tuvo nada que ver con el caso Rubino, sino que fue porque, en una ocasión un grupo de efectivos los detuvo cuando circulaban por la calle y les advirtió que debían quitarle esas cosas porque era antirreglamentario y por eso se lo habían extraído recientemente. Finalmente, Sánchez también se refirió a aquel famoso testigo protegido –que era el compañero de celda de Molina Vallejos en San Rafael- y a quien se había citado para que aportase algún dato , citación que nunca se efectuó ya que el reo se fugó hace 8 meses.
“Como no teníamos nada, trajeron a un preso que es un estafador nato, y usó esa oportunidad y los beneficios que le otorgaron para fugarse”, acotó.
En base a esos fundamentos, Sánchez y Bosnari solicitaron la absolución lisa y llana de los tres imputados, al considerar que no existían pruebas que comprometieran a sus defendidos ni que probaran que hubiesen tenido participación.
Jorge Ramos Olarte: “Tengo respeto por la vida humana”.
Tras algo más de dos horas de alegatos, el presidente del tribunal, Pedro Carrizo preguntó a los imputados sobre si querían agregar algo más, a lo que los tres acotaron que eran inocentes.
“Respeto mucho la vida humana, y yo no podría estar aquí sentado sin decir nada al ver esto, sabiendo que fui yo”, acotó uno de los que recuperó la libertad.
Luego de esto llegó el momento de elaborar el veredicto y, tras poco más de una hora y media de deliberación, los jueces dieron lectura al dictamen.
Caso Rubino, el asesinato finalmente quedó impune
Sólo uno de los tres imputados, Carlos Molina Vallejos, fue condenado por la Séptima Cámara del Crimen a 7 años de prisión por el delito de robo agravado. Sin embargo, no se esclareció quien le disparó y mató a la mujer.La muerte que costó el cargo al ministro Osvaldo Tello e hizo desmayar al gobernador Julio Cobos, quedó en la nada.