“Era un músico de puta madre”. La frase fue elegida, justamente, por su hermana para despedir los restos de Eduardo “el Gordo” Pinto. Y, como no podía ser de otra manera, lo despidieron tal como lo describió la mujer: con un alegre –dentro de lo que podía ser considerado alegre en ese contexto- y emotivo ritmo murguero, de percusión, intercalado por fuertes voces y aplausos para que Pinto lo oyese desde donde esté.
Lo despidieron de la misma forma en que el vivió y, muy probablemente, de la forma en que le hubiese gustado ser enterrado: con música.
Una multitud despidió ayer al mediodía en el cementerio Oasis de Paz, de Maipú, al “Gordo” Pinto. Familiares, músicos, artistas y hasta políticos se congregaron en la sala velatoria de calle Ozamis al 674 y de allí partieron promediando las 12 con dirección al parque de descanso.
“Espero que ahora Eduardo nos haga un bis”, acotó el padre del músico una vez en el parque de descanso, luego de que la hermana lo definiese con las palabras mencionadas anteriormente y la multitud estallase en una enérgica sucesión de aplausos. “Y obviamente que esto implicaría otro aplauso”, agregó don Pinto, dando pie a más e infinitos aplausos.
“Y un aplauso para el Valdo”, agregó Javier Rodríguez con un grito entre la multitud, en alusión a Valdo Delgado, y nuevamente los asistentes recurrieron a sus manos, golpeándolas secamente una con la otra para recordar y homenajear a los dos músicos de “Miles de Años” fallecidos el lunes en un accidente de tránsito en Uruguay.
“El Valdo” fue velado ayer también, en Buenos Aires. Pero en el aire, en la memoria y en el corazón de todos los mendocinos estaba y estará por siempre junto con su amigo y compañero Pinto.
El gobernador Celso Jaque, el intendente de Maipú, Adolfo Bermejo –Pinto era cuñado del hermano del cacique comunal- y la diputada nacional, Patricia Fadel marcaban la presencia política entre los presentes, en su gran mayoría músicos, artistas, amigos, familiares y unos cuantos periodistas.
“Lo había visto tocar en la Fiesta del Chivo. Sin dudas que para Mendoza es una pérdida significativa, no sólo por lo que fue sino por el futuro que tenía. En estos casos uno no encuentra palabras. Ojalá que todo lo que él deseaba para la cultura local podamos concretarlo”, explicó el gobernador.
Ceremonia
Al tiempo que el cajón iba descendiendo poco a poco hasta quedar bajo tierra, como no podía ser de otra manera, los presentes lo despidieron con un enérgico aplauso y varios lagrimones rodando por sus mejillas.
Llegó el momento de las palabras de su padre, más aplausos y luego una oración y silencio.
Pero no alcanzaba, sus amigos y conocidos lo sabían, una vida dedicada a la música merecía un broche musical. Sobre el verde pasto del parque de descanso se improvisó un reducido escenario, los presentes se ubicaron formando un semicírculo y dieron inicio a la ceremonia –tal vez, un ritual- para darle al “Gordo” la despedida que se merecía.
La percusión comenzó a sonar cada vez más fuerte, de menor a mayor, las palmas fueron soltándose y, de un momento al otro, un ritmo murguero irrumpía en el cálido y silencioso lugar, con una suave y dulce flauta que acompañaba los tambores. Y, poco a poco, fueron acercándose al sector donde había sido enterrado el cajón. Siguieron cantando, aplaudiendo y tocando durante un largo rato, canalizando su emoción en ritmo y música, olvidando por unos minutos el dolor y dándole paso a la melodía, esa en la que siempre estarán vivos Delgado y Pinto.