Cementerios abren sus puertas para los turistas

Los cementerios, lugares que suscitan recuerdos tristes y temor a los fantasmas, también pueden ser atracción turística e histórica, como en Bogotá, ciudad que los expertos consideran una de las más avanzadas de América Latina en la materia.

El Cementerio Central de Bogotá, un lugar que recorren los turistas. Foto: web
El Cementerio Central de Bogotá, un lugar que recorren los turistas. Foto: web

La alcaldía de la capital colombiana publicó las guías del Cementerio Central, que incluyen en una primera fase la elipse central, en la que están las tumbas, panteones y mausoleos de muchas de las personalidades colombianas de los últimos cien años o de las familias de blasones, con derroche de estilos arquitectónicos.

El trabajo se amplió más tarde a una segunda guía con el sector conocido como el trapecio y después se editó otra de los cementerios Hebreo, Alemán y Británico, apéndices del Central, que está en servicio desde 1878 y que fue declarado monumento nacional en 1984.

El arquitecto e historiador Alberto Escovar Wilson-White, coautor de la investigación, declaró a Efe que el Cementerio Central de Bogotá "ya figura en las guías de la ciudad como un plan y cada vez hay mayor interés de ciertas generaciones. A los jóvenes les interesa saber de dónde vienen".

Subrayó que "hoy en día Bogotá es pionera en América Latina en recuperación de cementerios y en temas de legislación".

La historia de las sepulturas en la América Hispana se caracterizó por la costumbre, difícil de erradicar, de enterrar a los muertos en templos y conventos, sin muchas consideraciones de higiene.

A finales del siglo XVIII, el rey Carlos III ordenó desde España construir cementerios ubicados en las afueras de las poblaciones y prohibió las sepulturas en templos, pero la orden no fue acatada pronto.

En América se construyeron cementerios a comienzos del siglo XIX en La Habana, Lima, Caracas y Montevideo, entre otras ciudades.

El primer camposanto de la entonces Santafé de Bogotá, fundada en 1538, lo había bendecido en 1555 el arzobispo fray Juan de los Barrios y era contiguo a la puerta de la Catedral.

En la Nueva Granada -nombre que entonces se daba a Colombia-, hubo intentos de hacer cementerios en Mompós, Cartagena, Popayán y Bucaramanga a finales del XVIII.

En Medellín hubo varios cementerios hasta que en 1844 se inauguró el de San Vicente de Paúl, ahora conocido como San Pedro.

Después los cementerios de Colombia vieron un auge arquitectónico y estético, y en la caribeña Cartagena de Indias, cuyas iglesias aún están llenas de lápidas de mármol de hace dos siglos, se construyó el cementerio de Manga en 1904.

El concepto tradicional de última morada fue sustituido en la década de 1970 por los parques o jardines cementerios inspirados en los de Estados Unidos, dejando los cementerios antiguos a los habitantes pobres.

Sobre las guías del Central de Bogotá, de alrededor de 200 páginas cada una, Escovar manifestó que no tiene "referencias de que se hubiera publicado algo parecido".

"Modestia aparte, creo que el cementerio más estudiado del mundo puede ser el Cementerio Central de Bogotá y es el que más adelanto de conservación posee", dijo.

Según este experto, "los cementerios suelen ser entornos olvidados y a la gente no le interesan mucho".

Pero en el caso de Bogotá, el Cementerio Central, que tiene cerca de 2.000 panteones y mausoleos, "está protegido como sector de interés cultural. Eso no se encuentra en otras ciudades de América Latina, excepto algunas iniciativas en Lima y La Recoleta, de Buenos Aires".

Explicó que la guía "permite estudiar el bien cultural y a las personas que reposan en él, muchas de ellas forjadoras de la historia de Bogotá y del país".

Para Escovar, "se ha logrado algo fundamental y es que la gente reconozca su presencia, porque la muerte es algo de lo que no hablamos".

Recordó que una parte de este camposanto fue convertida en el parque Renacimiento, al que da la bienvenida una enorme escultura ecuestre de bronce del colombiano Fernando Botero.

Por razones diversas, a los cementerios Hebreo y Alemán no puede entrar el público, salvo los ciudadanos de esas nacionalidades, pero Escovar considera que "hace falta sensibilizar a esas comunidades de que esto es interesante para los demás, para que se abran las puertas".