La Justicia sobreseyó a los tres instructores de la Escuela de Cadetes de la Policía Federal que el verano último fueron denunciados por someter a un "baile" a un grupo de aspirantes, de los cuales 22 terminaron internados por deshidratación, informaron este jueves fuentes judiciales.
El fallo -al que tuvo acceso Télam-, fue dictado por el juez correccional porteño Fernando Pigni, a pedido de la fiscal Andrea Giudice, y benefició a los oficiales Alejandro Adrián Ambrosio, Luciano Darío Rugnia y Francisco Javier Renaud.
Los tres instructores fueron puestos en disponibilidad preventiva, y denunciados penalmente por lesiones culposas y abuso de autoridad por el jefe de la Policía Federal, comisario general Néstor Vallecca.
Luego, el ministro del Interior, Aníbal Fernández, separó de la institución a los tres implicados y ordenó una reforma a partir de la cual la preparación física de los aspirantes a las fuerzas de seguridad federales quedaron a cargo de profesores de educación física.
La fiscal sostuvo en su dictamen que no puede afirmarse "en modo alguno que el daño en el cuerpo de los damnificados fuere el producto de un exceso en el entrenamiento que se les ordenara seguir, o simplemente de un agotamiento propio de un fuerte entrenamiento en personas que se encontraban fuera de estado físico".
En sus fundamentos del fallo del 5 de septiembre último, el juez Pigni manifestó que "los damnificados resultan ser aspirantes a cadetes en una fuerza de seguridad que, como todas, requiere de una instrucción intensa". Además, el fallo revela que a partir de las declaraciones testimoniales de los cadetes surgieron "dos versiones contrapuestas".
El juez señala que, por un lado, existió "la versión que afirmaría que las pruebas ordenadas resultaron ser excesivas" y en este caso citó como ejemplo la declaración de una cadete que dijo que "la alta temperatura reinante y la ejecución de movimientos vivos que se realizaron en la pista de atletismo de asfalto tipo granito, provocó ampollas en la palma de su mano derecha".
Pero el magistrado cita otra versión dada por otro cadete, quien aseguró que "los ejercicios que debieron desplegar fueron propios del cuerpo que integra y destinados a instruirlo".
Pigni también menciona la declaración de otro cadete que dijo que ese día sólo sufrió el cansancio normal de la actividad física y que "los movimientos preparatorios denominados ’manijas’ son costumbre para los cadetes que ingresan al instituto y que los mismos son parte de la preparación de un efectivo policial".
El abogado de Renaud, Emilio Moreira, aseguró a Télam que ya le envió a Asuntos Internos y al departamento de Personal de la Policía Federal "una carta para que sepan del sobreseimiento" y reclamó que lo reincorporen a la fuerza.
"Conforme lo había sostenido en su momento, no cualquier resultado lesivo necesariamente tenía que tener sanciones penales. Esto tenía que resolverse en el ámbito de la policía. Los instructores obedecieron órdenes de la la escuela respecto a cómo entrenar a los cadetes", dijo Moreira.
El hecho ocurrió el 31 de enero último en la Escuela de cadetes ubicada en Corvalán 3698 de la Capital Federal, donde los aspirantes del segundo año, tras volver de sus vacaciones fueron sometidos a un entrenamiento intenso, cuando se registraban más de 30 grados de temperatura.
Veintidós cadetes terminaron internados en el Hospital Churruca, en su mayoría con cuadros de deshidratación y otros con ampollas en las manos, por haber hecho flexiones de brazo sobre el pavimento caliente.
El hecho generó la indignación del propio ministro Fernández, quien separó de la fuerza a los tres intructores implicados, los calificó de "idiotas" y el 8 de febrero ordenó una reforma a partir de la cual la preparación física de todos los aspirantes a la Policía Federal, La Gendarmería Nacional y la Prefectura Naval quedaron a cargo de profesores de educación física idóneos.
Fueron sobreseídos los instructores que “bailaron” a los cadetes
Habían sido denunciados por dar un entrenamiento intenso a un grupo de aspirantes, de los cuales 22 terminaron internados por deshidratación. El hecho ocurrió el 31 de enero último en la Escuela de cadetes ubicada en Corvalán 3698 de la Capital Federal, donde los aspirantes del segundo año, tras volver de sus vacaciones fueron sometidos a un entrenamiento intenso, cuando se registraban más de 30 grados de temperatura.