"Me quiero ir, no puedo seguir acá"

David Gutiérrez, el padre del menor que murió ahogado en el Campo Papa, relató lo duro que es para él tener que pasar y ver todos los días el punto exacto en el que cayó su hijo Lucas.

David y Andrés, padre e hijo, no encuentran consuelo Foto: MDZ
David y Andrés, padre e hijo, no encuentran consuelo Foto: MDZ

David Gutiérrez tiene 31 años, una esposa y seis hijos. Lucas, de cinco, era el séptimo, el mellicito de Andrés que ese fatídico lunes estaba jugando con su hermanito en el momento en que resbaló y cayó a las putrefactas aguas del canal Civit, en el Campo Papa (Godoy Cruz), y murió ahogado.

Para su padre es realmente una tortura salir todos los días de su casa y tener que caminar por el mismo lugar en que su hijo cayó, y admite que ya no puede seguir así. Hace menos de un año que se mudó al asentamiento y ya está dispuesto a hacer hasta lo imposible por irse.

“Me quiero ir, no puedo seguir viviendo al lado de donde pasó lo de Lucas, lo tengo muy latente. Anoche mismo me asomé por la ventana de la casa y estuve media hora mirando hacia el zanjón, y hasta pensaba si las mismas aguas que se lo llevaron me lo iban a devolver”, indicó David, con sus ojos llenos de lágrimas y tras tomar un poco de aire, agregó: “Por ahora no puedo irme, pero en cuanto pueda lo hago. El año que viene me van a entregar una casa que estoy pagando, pero mientras tanto no puedo seguir acá”.

El lunes a las 13 cayó Lucas al cauce y recién a las 15 su cuerpito fue rescatado, tras permanecer cerca de dos horas atorado bajo un puente, con restos de residuos y un tronco impidiendo que el agua lo siga arrastrando. Desde ese momento hasta hoy, David y su esposa aún no han caído en lo que les sucedió, dado el intenso movimiento que vienen viviendo desde el lunes.

“Recién ayer me pude sentar con mi esposa un ratito a la noche y empezamos a caer en todo lo sucedido. Te juro que no sé qué hacer, tengo la cabeza a full, y encima la gente me dice que yo solito me estoy echando la culpa de dejar sin agua a todo Mendoza. Pero no es por un capricho, ¿o acaso todo Mendoza me va a devolver la vida de mi hijo?. Tengo que hacerlo por los que me quedan vivos”, sostiene.

Y junto a él –como desde el fatídico lunes- siempre está José Pizarro, el referente del barrio y al que la municipalidad y la gente de Irrigación siempre recurren para no tener problemas cuando entran al barrio. “Cuando tengan dos días para pensar en lo que les pasó, se van a querer dar con la cabeza en cuanta pared encuentren”.

“No pienso en otra cosa que en mi hijo”

Entre tanto dolor, es clara también la indignación que David y todos quienes lo conocen –dentro y fuera del Campo Papa¬- sienten por varias cosas que se están diciendo.

“Ese mismo lunes empezaron a llegar abogados buitres y gente que quiere lucrar con la muerte de mi hijo. Uno me llamó al celular y sólo atiné a responderle que de dónde había sacado mi número. Lo saqué cagando”, cuenta.

Desde hace años que se desempeña como trabajador en la construcción y, por su cuenta, se busca changas en las obras. “Había conseguido un trabajo para ubicar lozas y cerámicos y era muy bien pago, incluso yo ya lo había aceptado. Pero tuve que llamar para decirles que no iba a poder hacerlo porque no pienso en otra cosa que no sea en mi hijo”, indicó Gutiérrez.

A esa altura de la charla, ya ha salido a la calle Andrés, el hermanito mellizo de Lucas que se encontraba jugando con él en el momento de la tragedia. Muy tímido responde su nombre, su edad y no deja de abrazar ni apretarle fuertemente la mano a su padre.

“Lo vamos a empezar a llevar al psicólogo, porque está muy mal. La otra noche se despertó gritando y alterado y me fue a preguntar a mí cuándo le daban el alta a Lucas. Él vio que se lo llevaban en la ambulancia, pero no sabe nada más. Cuando estemos un poquito más tranquilo, se lo contaremos. Pero está muy mal, bajoneado y no come”, explica David.

¿Negligencia?

Ni bien salió a la luz el episodio de la muerte de Lucas, en varios medios se empezó a hablar de negligencia y de descuido por parte de los padres del niño. Y esto es algo inadmisible para David.

“No puedo creer que se hable de esas cosas, que se pueda pensar que cuidamos mal a nuestros hijos. Que vengan a ver si somos negligentes, que revisen los cuadernos de seguimiento de mis nenes en la escuela. O que vayan y averigüen en donde vivíamos antes (calle Santiago del Estero y Talcahuano, en la zona Puente San Vicente –Godoy Cruz-). Mi nena era abanderada en la escuela”, explica indignado.

Y muestra como el pasador de la humilde casa no está a la altura del alcance de un niño, sino que fue necesario que éste se suba a un ladrillo para poder abrir la puerta.

Y ahí nomás habla de los verdaderos negligentes: “Hace siete meses que vengo reclamando que se pongan unos postes con una tela metálica. Me decían que no tenían gente que lo ponga, y les decía que los traigan y nosotros con los vecinos los instalábamos. Pero no, y hubo que esperar hasta la muerte de mi hijo para ver que esto es una trampa mortal y, encima, ahora la gente se da cuenta de la mugre que es el agua que está tomando”.

Solidaridad

Además del inmenso esfuerzo que hicieron los vecinos por salvar a Lucas –y que incluyó la rotura del canal y el desvió del agua para poder sacarlo-, también hicieron una colecta de dinero para poder pagarle el velatorio y el entierro al menor.

“Cuando esté todo más tranquilo, yo voy a ir casa por casa golpeando las puertas y agradeciéndole de corazón a la gente por todo lo que hizo en este duro momento. Mi familia, mis vecinos, todo contribuyeron con un poco”, sostuvo David.