Barrio Papa: postal de un barrio malherido

El barrio Papa está repleto de obreros y máquinas. ¿Cuánto cuesta a los mendocinos la obra? La vida de un niño de cuatro años.

Los vecinos de la villa aportan brazos para la solución. Foto: Gonzalo Bravo / mdz
Los vecinos de la villa aportan brazos para la solución. Foto: Gonzalo Bravo / mdz

Esta mañana, el barrio Papa parecía otro. Había camiones, camionetas, vehículos municipales, maquinaria para la construcción, móviles policiales, ladrillos, mezcla, obreros e ingenieros, vigas pretensadas, ripio y arena.

El valor de tal movimiento es altísimo: completar esa imprescindible obra hidráulica ha costado a los mendocinos (a todos los mendocinos) la friolera de la vida de un hermoso niño de cuatro años. ¿Cuánto cuesta esta obra? Un niño.

Ayer a la tarde, Lucas Gutiérrez fue enterrado y, en el mismísimo sitio inmundo donde murió, una empresa de construcción, por pedido de Irrigación, enterró un tubo enorme para sellar ese espacio de muerte de animales varios y de un niño. Hace un par de años, el tubo esperaba a metros del lugar que se hiciera lo que, en cuestión de un par de días se está haciendo.

¿Por qué se está haciendo? Porque murió un niño. Los vecinos lo saben. Por eso, han pasado por varios estados hasta esta mañana, en que se pusieron los guantes y empezaron a trabajar. Jamás dieron muestras de violencia, aunque sí de dolor. Por eso, un infame comunicado que llegó a los medios desde Irrigación debe ser tomado de ese modo: infamia.

Rápidamente llegó el repudio de vecinos y de medios de comunicación y la estrategia de Irrigación cambió completamente: si hasta unos pesos les ofrecieron a los muchachos del barrio que ayudan en la obra. Por eso, el ingeniero Roque Casas, de Irrigación, mientras evalúa que a última hora de hoy el problema estará solucionado, aclara expresamente “ponga que le agradecemos a la gente, que nos ha ayudado muchísimo”, destaca.

Ayer, por ejemplo, nosotros mismos vimos cómo los vecinos les traían sánguches de fiambre y gaseosas a los obreros. Hoy, ocurrió lo mismo, mientras, increíblemente, luego de años de pedidos, aparecían contenedores para depositar basura en la calle Chuquisaca.

Vamos a los vecinos. Mírenlos con sus guantes marrones, teniendo una changa entre las manos. Mírenlos y, a aquellos que los critican, les decimos: estamos seguros de que si el barrio tuviera educación de verdad (no educación para la muerte) y trabajo de verdad (no un puñado de planes sociales), el barrio sería otro: “¿Sabés qué queremos hacer? Trabajar queremos, pero bajá a la ciudad a pedir trabajo, a ver si te lo dan…”, nos suelta un joven. Trabajo y educación: tomemos nota.

El padre de Lucas se llama David y es morocho como todo el mundo por acá. La tragedia ha hecho que se aferre a esta obra como a un madero de naufragio: “Hermano, ¿por qué se me tenía que morir el niñito para que hicieran esto? ¿Sabés las veces que le pedimos la obra? Hace poco, se cayeron dos nenas y las salvamos de milagro. Por eso, que nos perdone la gente que no tiene agua, pero no queremos más muertos acá”, nos dice.

A metros de la obra (a veinte metros) el canal sigue siendo la misma inmundicia infame y apestosa de la cual beben agua cientos de miles de mendocinos. Seguramente, si mucha gente recorriera este canal, jamás abriría una canilla, ni siquiera para bañarse. Si vieran los pedazos de animales muertos, la basura, los insectos y la mierda navegando, las empresas de agua mineral de Mendoza triplicarían sus ventas.

Y esto lo decimos como hecho evidente. No obstante, hay que considerar el comunicado técnico que, desde Obras Sanitarias, hacen respecto de garantizar la calidad del agua que bebemos. Acerca de esto, el ingeniero Carlos Cardone, por caso, dijo por Nihuil que está garantizada la calidad del agua potable.

En síntesis, sin dudas, el maldito resbalón que mandó al Lucas a esa muerte horrible ha provocado toda una revolución en el barrio: “Nosotros nunca vimos tantos camiones acá. Decían que no venían porque les íbamos a hacer daño y es mentira. Personalmente, quiero agradecer a la Municipalidad de Godoy Cruz, a la policía, a los bomberos, al señor Jorge Tévez y a ustedes (por los medios). Y a nadie más: Irrigación y Obras Sanitarias no tienen mi agradecimiento”, deja salir David, con el dolor ya tatuado.

Las obras continúan. A la tarde o a la noche, largarán el agua. Ojalá, además de animales muertos, se lleve parte del dolor de este barrio malherido.