La trágica historia que provoca indignación

Los vecinos del barrio Pappa están indignados por las promesas incumplidas de una obra que hubiera evitado la muerte de Lucas Gutiérrez, de 4 años.

Iguana sacada del mismo canal donde se ahogó Lucas. Foto: Gonzalo Bravo / mdz
Iguana sacada del mismo canal donde se ahogó Lucas. Foto: Gonzalo Bravo / mdz

Lucas Gutiérrez, un niño de cuatro años de edad, murió a las 13, al resbalar y caer en un canal de agua que atraviesa el barrio Pappa. El cuerpo del niño obligó a los vecinos a cortar el canal, para poder sacarlo de debajo de un puente, mientras algunos pedían el corte de agua que nunca llegó. La tragedia causó indignación en el barrio, cuyos vecinos exigieron a las autoridades una solución de fondo que les viene siendo prometida desde hace años.

Una vez que el vecindario logró desviar el cauce del canal, la noticia fue noticia para todos, porque desde Irrigación aseguraron que corría peligro la provisión de agua potable para el Gran Mendoza. Allí, en el barrio Pappa, finalmente habían logrado llamar la atención que, desde hace años, están pidiendo.

A las 16, el cuerpo sin vida de Lucas ya había sido retirado por un buzo de entre una maraña de mugre, de barro, botellas de gaseosa diet y palos podridos. A un costado del canal, David, “El Negro”, su papá, tenía una de esas tristezas de tipo duro: no lloraba, y menos delante de un periodista y de policías, pero tampoco va a volver a reírse nunca más. La mamá de Lucas lloró, se permitió ejercitar su desconsuelo. Los vecinos nos rodearon y, agradecidos por nuestra presencia, dejaron sus testimonios. Vamos a ellos:

“Loco, nosotros para el mundo no existimos. Nos dicen delincuentes y nadie quiere venir acá a ver cómo vivimos. Hace años que venimos pidiendo que hagan la obra. Ya se cayeron tres niños y a los otros dos los salvamos de milagro”, comienza un vecino.

“Hermano, a cien metros de acá hay una compuerta rota. Sin funcionara, te juro que nosotros salvábamos al pibito. Encima, la mugre no la tiramos nosotros, viene en el agua y se junta toda acá y a nadie le calienta nada. Vienen perros, caballos, burros, iguanas, gatos, pericotes, todos muertos. Si supieran allá abajo el agua que terminan tomando”, aporta otro.

Ahí viene la Policía con un funcionario del Departamento General de Irrigación llamado Roberto Nezossi, destinado a dar la cara por el asunto. Nezossi, gerente técnico de la Primera Zona de Riego de Irrigación, trata de oír y la gente le muestra el lugar de la tragedia.

Un vecino con la camiseta del Tomba recoge con un palo, de entre la basura, el cadáver de una iguana, verde, con manchas negras, es un espectacular ejemplar de más de un metro. Lo levanta con el palo, lo muestra para la foto y lo deja al lado de un perro muerto, blanco, tan lleno de moscas que parece negro.

“Nosotros somos pobres, hermano, pero no somos delincuentes ni animales. Cada tanto, aquí aparece alguien de Irrigación, Obras Sanitarias o el Gobierno y dicen que van a hacer algo, pero no pasa nada. ¿Sabés que nos dijeron cuando se cayó el Lucas? Que no iban a cortar el agua por un niño muerto?”, dice una vecina.

David, el papá, nos dice: “No sabés cómo nos vienen verseando. Y como acá nadie se anima a entrar nadie hace nada. Nos dicen que juntamos la mugre nosotros. ¿Por qué no entuban el canal? ¿Por qué no hacen como en Palmares, adonde lo dejaron todo bonito y cerrado? ¿Por qué no ponen una red para que no pase la mugre? ¿Por qué no arreglan la compuerta?”, pregunta y sabe que nadie tiene las respuestas.

¿Cuántos Lucas más hacen falta para sacar del letargo posteleccionario a los responsables de esta muerte? Los vecinos dicen: “que vengan a hablar con nosotros. Hasta que no vengan, no les damos el agua, que hagan las cosas bien si quieren el agua. Que arreglen lo que prometieron arreglar. Se creen que porque somos pobres podemos vivir entre la mugre y los animales muertos”.

No han de faltar (nunca faltan) quienes los critiquen por haber cortado el agua. Ellos, en lo único que piensan en estos momentos, es en la vida de Lucas, que se cortó de pronto, entre iguanas y perros muertos y botellas descartables y barro podrido.