Santa Fe: para terminar con su "calvario", mató al padre

Un hombre de 53 años fue asesinado por su hijo de 17, que confesó que lo hizo por los castigos a los que la víctima los sometía a él y a su hermano de seis años. Fue en la localidad de Esperanza, ubicada a 37 kilómetros al noroeste de la ciudad de Santa Fe.

"Estoy tranquilo, se terminó mi calvario”, fueron las palabras que un chico de 17 años pronunció ante la policía luego de ser detenido en su casa de la loclaidad de Esperanza por el crimen de su padre. El "calvario" eran los castigos a los que lo sometía el hombre, un italiano de 53 años.

Todo habría sucedido cerca de las 6.30 del martes en una vivienda ubicada en Brasil 574 del barrio Unidos de la localidad de Esperanza.

Las primeras pericias indican que la víctima, un italiano de 53 años identificado como Giovanny Mezzalana, fue asesinado por su propio hijo de 17, cansado de los malos tratos y las vejaciones a las que el adulto lo sometía a él y su hermano de seis.

Aparentemente, el chico se levantó temprano, más que de costumbre, se dirigió al cuarto de su padre que dormía, tomó una almohada, se la colocó sobre la cabeza y le disparó con un fusil 764 de caza mayor con mira telescópica. El hombre falleció en el acto.

Después de los hechos el chico tomó de la mano a su hermano y ambos partieron para la escuela como cada mañana. Sin embargo, el Comando Radioeléctrico de Esperanza advirtió que el adolescente conducía con peligrosidad un automóvil Fiat por lo que lo detuvo y lo demoró a la espera de que su padre lo retirara en la sede policial. “Está trabajando y vuelve a la noche”, le habría dicho el joven a la policía al tiempo que pidió que lo dejen ir a la escuela “porque no quería atrasarse”. Fue así que los agentes lo trasladaron al establecimiento.

Finalmente, en horas de la tarde y sin ofrecer resistencia, fue detenido por la fuerza pública que constató lo sucedido por lo que el joven no tuvo más que confesar su autoría. 

Mezzalana se dedicaba a la venta de maquinaria agrícola y residía en la vivienda que se transformó en escenario de la tragedia junto a los dos hijos de su único matrimonio con una mujer paraguaya que desde hacía tiempo se había marchado nuevamente a su país, abandonando a su familia.