Los jugadores, todos, se ganaron el respeto más absoluto, un Gracias con mayúsculas porque la gente proyectó en ellos algo que va mucho más allá del fútbol y que es nada más y nada menos, que la necesidad imperiosa de que la dirigencia política deje de mirarse el ombligo ensimismada en sus egos, para hacer lo que hicieron estos muchachos.
Y de todos ellos, hay uno que lo resume todo: Ángel Di María. Un grande que hizo magia cuando entró al campo de juego, y un aún más grande que alentó hasta con lágrimas en los ojos cuando le tocó estar en el banco de suplentes.
Él, como pocos, entendió que el mejor lugar que uno puede ocupar dentro de un equipo es aquel en el que más aporta para alcanzar la meta. Porque cuando se está convencido de la pertenencia, el yo deja de ser yo para ser nosotros.
Sería bueno que Omar De Marchi tomara un poco de ese ejemplo, porque Cambia Mendoza es un seleccionado que desde hace siete años trabaja para construir la provincia que queremos.
Ángel Di María.
En algún momento de nuestras vidas, creo que todos hemos renunciado a anhelos personales por un fin mayor, y yo no escapo a esa afirmación. En 2019 fue públicamente conocida mi intención de ser intendente de San Martín, pero entendí en aquel momento que el mejor candidato no era yo, que aún por fuera de todo protagonismo podía sumar y mucho, y que si de verdad lo que queríamos era recuperar el departamento para transformarlo, no tenía ningún derecho a dilapidar la más mínima posibilidad por un capricho.
De Marchi ha sido varias veces candidato a gobernador y allí ha quedado, en las ansias y el deseo personalísimo. En 2007, bajo el sello del PD, obtuvo poco más del 11% de los votos y en 2019, como pre candidato dentro del Frente Cambia Mendoza, el 12,15%.
Incluso como candidato a diputado nacional en 2005, logró una banca con poco más del 15% del total de votos obtenidos por la Alianza a la que representaba, mientras que en 2009, el 14,36%. Sólo superó (y ampliamente) ese 15% en 2019, cuando Cambia Mendoza obtuvo en esa categoría más del 52% de los sufragios, y con Alfredo Cornejo como candidato a gobernador.
Claro está que es su derecho, así son las reglas de la democracia, pero a veces, el ejercicio de ese derecho por fuera del espacio que lo cobija, termina estrellando el proyecto colectivo y prestándose al juego de aquellos que tanto daño le han hecho a Mendoza y el país.
La ciudadanía está harta. Necesita gestos, certezas. Nos necesita fortalecidos y humildes, no enfrentados. Nos exige ser conscientes de cuáles son sus necesidades, no la de los dirigentes. Nos necesita jugando en el mismo equipo, desde el lugar que nos toque.
Nadie duda de su capacidad de gestión y de trabajo, pero sería bueno que en esta oportunidad utilice sus virtudes para sumar y no para entorpecer. Por eso digo, qué bien le vendría un poco de Di María a De Marchi.
Por Daniel Llaver – diputado provincial UCR