En 2017, la productora de películas conservadora “Brasil Paralelo” estrenó su documental llamado “Brasil, la última cruzada” para contar a los brasileños la historia del pueblo brasileño que, por décadas, les fue negada gracias a la diseminación del marxismo y de una visión materialista de la historia en las escuelas. El primer episodio se llamaba “Entre a Cruz e a Espada” y contaba la línea cronológica que juntaba los caballeros templarios, monjes y guerreros de la iglesia católica en la Edad Media, a los caballeros de la Orden de Cristo en Portugal y estos al descubrimiento del Brasil.
Pero se es verdad que somos los brasileños un pueblo de origen guerrero, negamos nuestros ancestros durante las décadas de la República. El siglo XX fue de gran inestabilidad política y el sistema político ha favorecido la elección de individuos poco identificados con el alma brasileña. La última gota fue en 2016, durante el segundo mandato de la exterrorista Dilma Roussef, del Partido de los Trabajadores (PT).
El impeachment de Dilma devolvió a los brasileños nuevos sueños. Pudimos ver que el socialismo lidera necesariamente a la esclavitud del pueblo y el comunismo es el robo de la Patria. El protagonismo del filósofo Olavo de Carvalho y el resurgimiento de un catolicismo vigoroso gracias al trabajo del padre Paulo Ricardo dio nueva cara al Brasil. Un nuevo pueblo surgía en el horizonte. En 2018 el PT enfrentaría un candidato elegido héroe por el pueblo. Capitán del Ejército, Bolsonaro fue diputado por más de 20 años y era conocido por su rechazo a las drogas, el aborto y la ideología de género. Durante el período electoral, Bolsonaro sacó millones de brasileños a las calles. En 6 de septiembre estuve en Juiz de Fora (Minas Gerais) cuando un terrorista trató de quitarle la vida.
Recuerdo exactamente lo que hacía cuando me enteré del ocurrido. Estaba rezando el Rosario con treinta amigos y estábamos casi en el fin. “Te ofrecemos, Señor Jesus, esta decimoquinta decena en honor a la coronación de la Virgen María, reina del cielo y de la tierra”. Mi amigo Bruno irrumpió en la habitación y nos dio la noticia. Todos, sin excepción se arrodillaron y clamaron a Dios por la vida de Bolsonaro. A estas oraciones se unieron decenas de millones más y Dios salvó la vida de nuestro capitán. Días después, Brasil saldría victorioso de esa elección.
Hoy el mundo, más que nunca, yace en el maligno. El aborto, el brutal asesinato de bebecitos ya es legal en casi todos los países del mundo. Nunca antes en la historia se había otorgado tan brutal poder al Estado sobre las personas como durante pandemia. Solo hubo una excepción: Brasil.
El 2 de octubre, Brasil decide si quiere luchar por más cuatro años o si se arrojará a los brazos de la vergüenza, la deshonra y el mal. Por lo que sigo a mi gente en estos días, no tengo duda de que la deshonra no será la opción. Estamos dispuestos a rechazar el comunismo y su proyecto de “patria”. Brasil no será sitiado, no será saqueado. Aquí lo detendremos y luego ayudaremos a restaurar toda la dignidad del mundo. Volveremos a ser un gran país. No sé se tendremos gran poder militar y económico, pero estos no serán nuestros principales atributos. Seremos la patria de la vida, de la familia, de la libertad y, sobre todo, de Nuestro Señor Jesucristo.
Por eso, dondequiera que haya un deseo de libertad, les pido oraciones por Brasil. Recuerden con cariño a este pueblo ordenado y pacífico. Mañana enfrentaremos al enemigo de raza humana y, con la gracia de Dios, venceremos.
Viva Jesús! Viva Maria! Viva el Brasil!
* Teniente Lucas Henrique Candidato a diputado federal por Rio de Janeiro por el Partido Laborista Brasileño