Está por definirse si el gobierno de Mauricio Macri es realmente "lo diferente", lo que cambió una historia de populismos o no resulta más que la reconfiguración compleja del peronismo que, como el camaleón, va cambiando de color, ideología y fisonomía según la ocasión. Si así fuera, estaríamos ante un hecho monumental que habla de la imposibilidad de superar la maquinaria infinita de poder del peronismo que, en su versión clásica, está desarticulado y con eso genera también desequilibrios en la balanza política argentina.
Cuando el PRO con los radicales y Carrió armaron su espacio buscaron generar el primer gobierno "ni radical ni peronista" de la historia. Una nueva etapa. Pero el PRO pasó de ser un partido barrial con éxito en todo el país y eso debe sostenerlo con bastante más que marketing y buenas intenciones. Hacia adentro no pareciera haber acuerdos en torno a cómo pensar (aunque su usina de ideas se llame justamente Pensar) y resulta una tensión constante entre planteos liberales teóricos que cuesta implementar en la práctica y folclore conservador que nunca antes desde 1930 hasta ahora había tenido tanto escenario y, por lo tanto, visibilidad pública. Los aliados de la UCR y Carrió, con sus amaneceres y anocheceres tan personales, quedan como satélites en este esquema.
Por eso no pocos creyeron ver en el Mauricio Macri que salió a anunciar el problema meteorológico del país al hablar de "una tormenta" a un subproducto de Menem y, por lo tanto, esta posibilidad de la que hablamos de que se trate, finalmente, de una resignificación a fondo del peronismo y no de lo nuevo.
El temor al kirchnerismo es lo que sostiene el apoyo a Macri. Es decir: el oficialismo social, el respaldo que hay al Gobierno, es un nudo de gente en pánico al que el pasado lo acecha en sus evocaciones cotidianas.
Macri en su mensaje dijo lo que haría si fuese presidente. Pero ya lo es. También dijo que el futuro será mejor, aunque le queda menos años de gobierno que los que ya transcurrieron, con lo que tendría que apurarse.
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La conferencia de prensa en sí misma es un hecho distintivo y valorable, más en la superficie que en el fondo: hizo lo que nunca antes se hizo, que es nada menos que dar la cara. Eso es parte de la diferenciación con el pasado.
Pero en el fondo pareciera que el gobierno le pide más esfuerzo a sus votantes que al resto, jugándose en cada medida que toma a la ruleta el respaldo social de gente que está entrampada entre lo que el macrismo en el poder hace y lo otro que es casi nada, poco o triste.
El Presidente dijo una serie de cosas que son ciertas: la metáfora de la tormenta es aceptable y realmente sí, hay un efecto dominó de las cuestiones internacionales que no todo el mundo entiende pero que le hacen zancadillas a la Argentina toda, gobierno u oposición y que se suman a algo que Macri no mencionó lo suficientemente fuerte cuando asumió: qué país dejó el kirchnerismo, en serio.
Uruguay, país en donde gobierna el socialismo, hoy analizó el impacto de este efecto dominó que para ellos es peor que el nuestro: a la crisis de Brasil se le suma la nuestra y ya prevén una caída fuerte del ingreso por turismo porque nuestra clase media ajustará. Y no es por "Tabaré gato", sino porque realmente hay condicionantes externos.
De este lado del Río de la Plata los desaciertos descalifican a un gobierno que siempre está pidiendo disculpas y recalculando, cuando no porfiando. Este Gobierno pasó de 15 a 21 ministerios, de 70 a 87 secretarías de Estado y de 169 a 207 subsecretarías mientras hablaba de achicar el Estado. Ahora solo puede reducir un poco lo que amplió, lo cual es solo maquillaje, mientras el "designómetro" de MDZ que sigue las normas de designación de funcionarios en la planta política sigue dando altos índices de nombramientos, con un promedio de 5 normas por día.
Hay hechos simbólicos positivos como reconocer que se cometieron errores, que se calcularon mal las cosas, que no se hizo lo que se tenía que hacer pero el esquema de "ensayo y error" ya tuvo sus plazos. Más aun, haciendo propias las palabras de Macri, es tiempo de que con la velas henchidas y en medio de la tormenta haya un solo capitán y que no mande cualquier marinero.
Es un país en donde la política está reconfigurándose y en donde ni siquiera los aliados hablan el mismo idioma. Es una confederación alienígena en donde nadie parece entender lo que el otro está diciendo y, por ello, confunde cuando lo quieren ayudar con declaraciones de guerra. Cuando eso pasa en un país, gobiernan los sectores financieros, que adquieren una relevancia que ningún argentino es capaz de entender desde su humilde lugar. Es la política la que tiene que dominar a la economía y son los núcleos de coincidencias básicas de los partidos políticos los que tienen que interactuar. Caso contrario, todo problema se lleva a la disputa personal y eso pone en foco un escenario político argentino de desconcierto. ¿Quién es quién y qué quiere hacer? Nombres propios que pugnan en un territorio desierto de ideas y que invaden las ocurrencias. Las buenas y las malas ocurrencias.
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