Bonafini, de heroína a villana

Ciudadanos fuera de la ley, acompañados por vocingleros desaforados y desafiantes, luego de haber sido desplazados por el voto popular.

La violencia militar represora reinaba. Presos políticos a cientos, desaparecidos por miles, batallas urbanas entre las fuerzas de tareas y los guerrilleros , eran el escenario cotidiano de la Argentina dolorosa. Con derechos y garantías conculcados, ellas, las madres de Plaza de Mayo, obstinadas, decididas como casi nadie y valientes, todos los jueves demostraban al mundo su propósito irrenunciable e indetenible: conocer el paradero y el estado de sus hijos.

Al frente, Hebe de Bonafini fue en ese momento y durante largo tiempo el símbolo de esa resistencia y ese coraje admirables. Con el advenimiento de la democracia y el paso del tiempo, Hebe, fundamentalmente, fue mutando de la mujer símbolo al personaje político desafiante, carente de límites , intolerante y con sentencias verbales ofensivas y fuera del respeto a la ley y la democracia.

Seducida y cooptada por el kirchnerismo, intocable y provocadora, la razón en su accionar y en sus expresiones desaparecieron. El Papa, la Iglesia toda, la Corte Suprema de Justicia -que llamó a ocupar para echar a patadas a los jueces- fueron algunos de los blancos de sus agresiones sin límites.

Sumó a la original y valerosa lucha por los derechos humanos la incursión en el mundo de la educación y las ideas a través de la Universidad de las Madres y se introdujo junto a su hija y los hermanos Schoklender en el negocio de la construcción de viviendas. Ambas incursiones fueron fallidas: la universidad fundida, sin rumbo y caótica, terminó en manos del Estado nacional. Habitual remedio populista.


La sociedad constructora con los Schoklender tuvo el destino de la improvisación, la impericia y la sospecha de faltante y desvío de fondos. Por esta causa, demorada durante años por la vergonzante Justicia Federal y reactivada luego de la salida del poder del kirchnerismo ante evidencias ciertas de sospecha de irregularidades, fue citada a indagatoria. Instancia legal de defensa de todo ciudadano, ésta no supone culpabilidad en los indagados: es su posibilidad de defensa y aclaratoria. 

Contundente, soberbia y considerándose por encima de la ley, a la primera citación le espetó al juez Martínez de Giorgi "perdete la citación en el orto". Toda una fineza lingüística e institucional. A la segunda llamada, se resistió, escapó de la fuerza policial y fue acompañada por militantes y dirigentes kirchneristas, algunos de ellos -como Boudou- a las puertas del juicio oral y otros, imputados y procesados. La "justa resistencia popular" definieron varios presentes a la evasión del accionar de la justicia.

A este estado de cosas hemos llegado en nuestra disminuida República. Ciudadanos fuera de la ley, incluso superiores a ella, acompañados por vocingleros desaforados y desafiantes, luego de haber sido desplazados por el voto popular de su "aparente omnímodo poder".

Bonafini tenía y tiene todo el derecho de presentarse en la justicia y negarse a declarar y esa instancia se da por terminada. Pero no es estar a derecho lo que la moviliza, ni tampoco a sus conmilitones. El poder de su "revolución populista" y beneficiosa para ellos es lo que pretenden recuperar. El voto democrático los despojo de su situación privilegiada, pero no es la democracia lo que les interesa ni mueve.

Cruje de dolor e impotencia la República. Ya conocemos las consecuencias de su pisoteo.