El derrumbe, Karen, Luciano y todos nosotros

La demora en los rescates en Guaymallén representan un enorme llamado de atención ante potenciales crisis. Hay que estar listos.

Foto: MDZ
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Desde hace varios días venimos analizando en MDZ que las consecuencias de la lluvia van mucho más allá de los baches en las calles. La filtración de tan persistente lluvia en una provincia de clima seco como la nuestra y, además, de riesgo sísmico es, junto con la gente más desfavorecida que carece de una vivienda digna, dos de las muchas consecuencias del fenómeno meteorológico inusual.

Karen y su pequeño hijo, Luciano, perecieron al ceder un muro sobre su vivienda, este lunes. La noticia que jamás quisiéramos haber tenido que dar nos conmocionó. Y no se trata aquí de echar culpas alrededor.

Su tragedia es la nuestra. Todos sufrimos el minuto a minuto del rescate. Lo vivimos con esperanzas, confiados en que el desenlace podría haber sido totalmente diferente.

Sin embargo, el día después el dolor se transforma en preocupación, al preguntarnos -en una zona con un potencial de temblores de alta magnitud e intensidad- si somos capaces de tener activos equipos de emergencia rápidos y eficaces.

Se comprende la dificultad de la tarea emprendida este lunes por los equipos especializados, pero no debe dejar de subrayarse la notoria demora en concretar el rescate.

Multiplicado por decenas o cientos, esto nos plantea que frente a una crisis de mayor dimensión no tendríamos capacidad de respuesta. Hay que empezar a pensar en ello en forma seria y responsable desde todos los organismos involucrados, porque no se trata de voluntad humana, sino de tener el equipamiento y el personal necesarios, listos para actuar.