Pronto entraremos en el segundo semestre del gobierno de Cambiemos. Atento a la delicada situación económica y social en que se recibió el poder, la gestión requiere de la toma de decisiones correctas, de mucho acuerdo político y de la mayor excelencia en cada uno de los actos de gobierno.
En el tiempo transcurrido podemos indicar diversos actores que se han manifestado lejanos a las urgencias y necesidades que expresáramos. Han demostrado con su accionar,desde sus diferentes sectores y tareas, la misma sutileza que puede tener un elefante dentro de un bazar.
1) Ministro de Energía, Juan José Aranguren. Desde el comienzo de su tarea, quedó plasmado que la comunicación de las noticias más complejas y difíciles, no era una de sus virtudes. Ocurrió con la notificación del aumento de las tarifas eléctricas y se agravo en todo sentido con la actualización de las tarifas gasíferas y su posterior enunciación.
En este caso el problema fue doble. En principio y si bien es cierto el desastre dejado por la administración K y su ministro responsable Julio De Vido en el área energética era evidente, la nula sensibilidad social que evidenció Aranguren y la ausencia total de tacto político causaron fuerte descontento e impactaron en la figura del presidente. A su rescate salió el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, quien asumió el error en nombre del gobierno y luego comenzó el remedo de los perjuicios causados.
No obstante su despropósito, Aranguren descargó la responsabilidad en el Enargas, como si esta institución no estuviera bajo su área.
Lamentable desde todos los ángulos su labor, al punto que es un secreto a voces la resistencia que genera en varios colegas de gabinete.
2) Los empresarios. Tanto los nacionales como los extranjeros y en su gran mayoría, estuvieron a la altura de sus antecedentes. Con fruición y esmero, en octubre cuando la polítíca cambiaria del relato K nos regalaba cinco diferentes tipos de dólar, ellos, nuestros empresarios, que hacia tiempo reclamaban una corrección necesaria, trasladaron a sus productos la diferencia del 50% que existía entre el valor del dólar oficial y el real que cotizaba en los indicadores internacionales o el que se conseguía en las cuevas cambiarias.
Asumido el nuevo gobierno e implementadas la salida tranquila del cepo y efectivizada la devaluación que fijo el tipo de cambio alrededor de los 15 peso, nuestros inefables empresarios volvieron a aplicar otro 50% al valor de sus bienes. Bingo. Pero no. Todavía faltaba, y bastante. Otro 50% nos obsequió el comienzo de 2016 y en los dos o tres meses subsiguientes hubo correcciones hacia arriba sorprendentes e inexplicables.
Error ingenuo nuestro. Nada debería sorprendernos de nuestros eternos y previsibles hombres de negocios. Y cualquiera sea su dimensión, sino basta ver los aumentos de precios y la falta de entrega de facturas de gran cantidad de empresas PYME a las que a diario acudimos. Estuvieron, como casi siempre, a su altura, a ras del piso.
3) Los Moyano. Padre hijo. Hugo y Pablo. Desde la CGT y ahora desde el fútbol y conduciendo el gremio de camioneros, han conseguido en asocio con los empresarios propietarios de las empresas de transporte, unas de las tarifas mas caras del mundo, que impactan fuerte en el bolsillo de los consumidores y que les quitan competitividad a los productos argentinos que compiten en el mundo.
Siempre desafiantes y amenazadores, con prepotencia de barras bravas y fineza de cirujano cerebral, atosigan a gobiernos y consumidores para conseguir lo que consideran justo para sus intereses y los de los argentinos que afirman representar.
En su andar no queda nada dentro del bazar popular por el que transitan. Verdaderos depredadores de los justos reclamos que deberían sostener y del bien general.
4) Roberto Macho, junto a su señora esposa, también dirigente de Ate, y en presencia y acción de sus pequeños hijos abochornaron con su conducta impropia dentro de un supermercado. Profesor en un instituto educativo nocturno de "ética", Macho venía imitando (y en este caso mejorando) la perfomance de su mentora trotsquista, Raquel Blas. Quizás el insulto que Blas le propinara al ministro del Interior durante la última Fiesta de la Vendimia, fue inspirador para el desatino consumidor compulsivo en el Walmart (al que sus seguidores de ATE luego criticaron, pero al que, al final, acuden). La herida que se autoinflingió parece insanable, pero más lo es la propinada a sus propios hijos. También el daño se traslada al gremio que conduce, que bastante cuestionado quedó, luego de las dos últimas negociaciones paritarias. En ellas y en asocio con Francisco Pérez, Carlos Ciurca, Rodolfo Lafalla, Mauricio Guzmán y Rubén Boris, con exactitud de reloj suizo de calidad, aumentaron enormemente el déficit provincial, dejando a la provincia y a sus habitantes en una delicadísima situación.
Como elefantes dentro de un bazar.
Pero olvidaron que el bazar es la Argentina y Mendoza y los productos, los ciudadanos argentinos. ¡Vamos todavía!