Cornejo conduce en persona los ministerios de Seguridad, Educación y Salud, escucha consejos de Hacienda y de Gobierno, deja hacer mientras mira de reojo a Economía y sostiene con menos interés a las áreas de Ambiente y Turismo.
- Haciendo nombres, es Martín Kerchner (H) la persona de confianza para el tema número uno de la gestión: que los números en algún momento empiecen a cuadrar. Kerchner debe multiplicarse para participar de encuentros nacionales, interprovinciales y hacer gestiones de todo tipo para conseguir plata, junto al propio Cornejo, aunque sin descuidar el despacho. No tiene segundo. En realidad sí lo tiene: un hombre que cubrió el cupo PRO que llegó desde la actividad privada y está aprendiendo, como casi todos los que rodean a Macri, a gestionar la cosa pública. Se lleva bien con el ministro, pero es un equipo en construcción y con pocas posibilidades de recambio.
- Dalmiro Garay (G) es un hombre al que muchos lo preferirían en una segunda línea. No porque no esté a la altura de un cargo de ministro, sino porque lo supera, según aceptan amigos y no tanto. Conoce al dedillo la Administración y es un buen estratega que, desgastado al frente de todas las batallas -centralmente con los gremios- está muy expuesto. Creen que ha logrado armar un equipo interesante, aunque se desconoce el rol real de la persona a la que pusieron al frente de la relación con la Justicia y que abreva en ese ministerio.
- Muchos creen que ese lugar (la Subsecretaría de Justicia) era el más apropiado para Gianni Venier (Seg), área en la que quien manda, en realidad, es el Director de Policías, Roberto Munives. El titular rebota en actividades sociales, opinología sin consecuencias y extraña Tribunales, su lugar "natural".
- Enrique Vaquié es un aliado interno, no un "ministro secretario" como dice la Constitución. Es, además de superministro de Economía, Infraestructura y Energía, representante de Mendoza ante YPF. Como Laura Montero, acompaña pero tiene plan propio. Todos dicen que se desconfían mutuamente con Cornejo, pero que se respetan, a pesar de todo. El asunto es que en esa relación también están los que señalan que no se terminan de cerrar los caminos que permitan conducir a una gestión exitosa en el área: no le dieron cupo de funcionarios, tuvo que reducir la planta de asesores y a la hora de buscar recursos ante la Nación, a pesar de la buena relación, el comando es doble, o triple: Cornejo por un lado, Vaquié por otro y hay que agregar al PRO que, como tiene al Presidente, se cree dueño de la lapicera. Ninguno ha conseguido mucho hasta ahora.
- Cornejo además encontró o bien ubicó a su jefe de Gabinete no en la oficina que ocupaba Celina Sánchez, a su lado, sino en el viejo edificio de YPF de la calle Salta de Godoy Cruz. Se trata de Néstor Majul "nada que ver con Luis- un multiservicio que ya lo fuera de Víctor Fayad y de Julio Cobos, y que desde hace tiempo encontró su lugar en el mundo haciendo todo lo que Cornejo le pide, al pie de la letra. Más que un asesor es un asesorado y llena el casillero de la única subsecretaría que tiene el Ministerio de Seguridad, la de Relaciones Institucionales. Por su despacho pasan todos los aliados de "Cambia Mendoza" que quieren ubicar a alguien en el Gobierno y él mismo -como ya se ha contado en otros quinchos- supervisa qué cargos hay vacantes en la estructura provincial o nacional y le lleva a Cornejo los autonominados o los reclamos de la dirigencia. Cornejo tiene la decisión final sobre todo.
- Humberto Mignorance (A) tiene atado su destino a que consiga con qué hacer algo y ese algo es "dar vuelta como una media" al Parque San Martín, principal vidriera de todo gobierno desde Emilio Civit hasta la fecha, aunque se lo niegue y pretenda reducir. También tiene que cumplir la única promesa de campaña: el Ecoparque en lo que es hoy un oscuro depositorio de animales en el Cerro de la Gloria. Está ahí porque no fue candidato a intendente de Godoy Cruz y tenía serias aspiraciones a suceder a Cornejo. Podría haber ocupado Gobierno o Seguridad, pero lo pusieron allí y armó un equipo con el que se lleva bien. Su error, señalan a su alrededor, sería que caiga en la cantinela de hacer congresos y conferencias y nada concreto.
- En Salud, Rubén Giacchi recibe instrucciones directas de Cornejo quien cree, además, que él puede torcer algunos rumbos en función de su experiencia anterior. Es tal vez el área más compleja por el poder que ostenta casi toda la línea directiva, multitudinaria y corporativa, con más de 800 funcionarios de alto rango en hospitales y toda la estructura de Salud. Encontró, además, el contrapeso de que uno de los partidos aliados, el casi extinto PD, asumió la representación del grupo de poder de los médicos con todas sus mañas y prebendas que no quieren cambiar. Todo esto, a pesar de que el segundo hombre en el área proviene, precisamente, de las filas del PD, aunque pareciera que el atajo se lo abrió el PRO y de allí el cortocircuito con "la casa de los abuelos", como le llama De Marchi al partido que le abrió camino en la política.
- Jaime Correas es parte de un equipo en Educación en donde quienes más saben son otros: Emma Cunietti y Gustavo Iaies. La idea de poner al periodista y escritor allí satisfizo las propias ansias de escribir alguna página de la Historia desde adentro de parte del jefe del equipo y la de Cornejo de ofrecer un "factor sorpresa" colocándolo allí. Su primera opción no había sido él, sino Iaies, pero este desistió y recomendó al segundo dentro de una terna de personas que creyó capaces para el cargo. Allí Cornejo tiene confianza y funciona en consulta permanente, porque al gobernador le gusta medir el impacto de las decisiones, eso nuevo que aprendió el intendente de la Capital, Rodolfo Suárez y que repite: "gobierno de audiencias", hacer lo que la gente quiere que hagan. Nada de vanguardismos suicidas.
- En Turismo, Cornejo puede estar sintiendo un gusto amargo. No porque Gabriela Testa no esté capacitada, sino porque no da pie con bola. No advirtió que cerrarían el aeropuerto por reformas, no consiguió información ni ventajas por lo que el propio gobernador tuvo que "comerse" la bronca del fracasod e las gestiones ante el ministro nacional con el que mejor se llevaba (atención en el tiempo verbal), el de Transporte, Guillermo Dietrich y el mal manejo (caprichoso dicen otros) de la relación nada menos que con el sector turístico y gastronómico al conformar el Ente que preside. Desde allí tuvieron la loca idea de pretender que un consejo consultivo privado tuviera capacidad de discutir cosas e imponerlas, funcionando en forma vinculante, lo que hubiera implicado una tercerización del gobierno, una privatización de las políticas públicas. Pero desde el Gobierno manejaron mal la discusión y todo está roto allí. Nadie da un peso por el futuro de Testa en el área, aunque sería demasiado temprano para que se produzca un recambio.
Se excluyó del rol central de esta radiografía a Cultura y Servicios Públicos por razones diversas.
- Diego Gareca es un apasionado del tema y se mira en dos espejos: el de la gestión anterior, en el que se proyecta, por contraste "alto, rubio y de ojos celestes" y en de la "pose progre", en donde siempre le ganan los otros. Porfía en tender lazos con los que fueron parte del kirchnerismo cultural y estos, cada vez que pueden, le hacen una trastada. Pero no renuncia a la búsqueda del aplauso del sectorcito que se cree dueño de algo tan amplio como es la cultura.
- En cuanto a Sergio Marinelli, en Servicios Públicos, no le queda mucha porción de la torta política. Se vende a sí mismo como el sacrificado que da la cara en cuestiones ásperas, como el aumento de tarifas. Sin embargo, nadie se vuelve héroe por explicar, ya desde su primera entrevista, que no podrá hacer nada porque no tiene fondos y calcula que tampoco los conseguirá. La política es, en gran medida, la promesa de revolución, de cambio, la posibilidad de mostrar una escalera al futuro. Bueno, eso no lo hace.
PROnóstico reservado
Tratándose de puestos de decisión, los cargos nacionales en Mendoza son muchísimos, engordados notoriamente por el paso del kirchnerismo por el Estado. Aquí hay que advertir que la decisión de Mauricio Macri son dos y además, contradictorias:
1- Ni un paso atrás. No redujo la estructura, aunque tampoco tiene mucha gente propia para colar allí ni quiere compartir esos puestos con sus socios locales radicales.
2- A diferencia del armado gubernativo nacional en Buenos Aires, acá hay una repartija entre punteros PRO y no una selección meticulosa de capacidades ni convocatoria a otros sectores de la sociedad, ni hablar de abrirle espacio a CEOs u otras divinidades de la nueva época.
Allí hay un punto de rispidez fuerte en la alianza: Cornejo no evidencia que orgánicamente el PRO tenga nombre para su gobierno (de hecho, el único intendente macrista, De Marchi, convocó a un paquista como Rolando Baldasso a su equipo); y el PRO que llega a los oídos de Macri quiere cederle espacios a Cornejo. De hecho, le cerraron las puertas en la cara a su enviado, el ya mencionado Majul, y es el propio gobernador el que peregrina a reclamar a la Casa Rosada, hasta ahora sin éxito.
La peor "trastada" que le pueden haber hecho en Baires es pretender poner a un versátil Julio Cobos como intermediario con Cornejo: el godoycrucino no acepta esa condición y exhibe credenciales políticas propias. "Lo que pasa -dicen en el entorno del mandatario local- es que los delegados de Macri son cuatro de copas con ínfulas y poco más que eso". No hay entendimiento.
Así, el PRO tampoco se garantiza éxito. Sus espadas en Mendoza han sido Gustavo Senetiner nada menos que en la crucial delegación de Trabajo, rodeado de verdaderos enemigos en quien no le queda otra que confiar, por propia inexperiencia; Sebastián Cremaschi -sobrino del ex intendente de Guaymallén Juan Manuel García y ex funcionario en su intendencia- que lo primero que hizo es un pacto con La Cámpora por miedo a que lo molesten (y lo van a molestar igual) y un innoto Gustavo Cairo, que pasó por todos los partidos hasta volverse amarillo, que es nada menos que el delegado de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo para nuestra provincia, San Juan, San Luis y La Rioja.
- Lo que queda de un día de gobierno de Alfredo Cornejo es su yan, Laura Montero. Gracias a su ímpetu laboral y su afán de protagonismo (ya que insiste que él gobierna solo porque ella se bajó de la candidatura). Montero resulta ser una buena aliada, porque pone la cara todo el tiempo y le gusta estar en todos los temas, aunque le han dado pocos cargos.
Así, se dio el gusto de imponer, en contra de toda la UCR, a Norma Trigo como intendenta interina de Santa Rosa luego de que encarcelaran al peronista Sergio Salgado y a pesar de que su partido pidió que dejaran ese puesto para otro peronista y llamar a elecciones.
Puesta a mandar en Santa Rosa desde una Legislatura en la que está imponiendo una redecoración total del edificio, ahora le pide prestados a la intendencia de Rivadavia, con Miguel Ronco a la cabeza, camiones para limpiar el nuevo municipio sumado al mapa radical. El asunto es que no consigue dar con el intendente, de viaje por Brasil.