Ganadores y perdedores
Alfredo Cornejo y Laura Montero. Los dos referentes radicales se la jugaron y ganaron. Ambos aspiraban a la gobernación. La jugada fallida de Paco Pérez de anticipar los comicios provinciales los obligó a ordenar la interna radical y a armar rápidamente un frente electoral al que el peronismo llamó "rejunte". Acertaron. Formaron un equipo basado en la generosidad en donde cada sector fue cediendo hasta conformar un núcleo duro. La sociedad vio en ese equipo el cambio que, aunque el gobierno de Mendoza lo negaba, se venía viendo como necesario para oxigenar una gestión pública estancada y errática. Tienen el desafío de cumplir con sus propuestas. pero antes que eso, de superar la situación en la que dejan a la provincia. Se espera de la fórmula gubernativa que no desilusionen a los mendocinos.
Mauricio Macri. El precandidato presidencial de Cambiemos se anotó un triunfo contundente. Es cierto que también lo hizo Ernesto Sanz, también aspirante de la misma fuerza y presidente de la UCR a nivel nacional. Pero es el liderazgo de Macri el epicentro del encuentro de sectores diferentes, pero que coinciden en plantarse como alternativa al actual modelo de gestión nacional. Macri, después de tanto esperar, es socio del triunfo de Cornejo en Mendoza.
Julio Cobos. El diputado nacional tiene su mérito especial. Puso a dos hombres de su equipo a luchar por Guaymallén (Marcelino Iglesias) y Las Heras (Daniel Orozco), dos quimeras. Y ganaron nada menos que a los poderosos Luis Lobos y Carlos Ciurca. Con una diferencia abismal de recursos y condiciones, lograron cambiar el signo político de sus municipios y le dieron una derrota a la principal espada del FpV para las elecciones nacionales, Rubén Miranda, el hombre del vicegobernador Ciurca para la Cámara de Diputados de la Nación.
Omar de Marchi. Al igual que Laura Montero, quiso ser candidato a gobernador. Aceptó las reglas de juego y fue como candidato a la intendencia de Luján de Cuyo, su departamento. Ganó en forma contundente frente a Carlos López Puelles. Su triunfo reconoce varios méritos: bajó sus pretensiones personales, se arriesgó en unas PASO junto a cinco radicales y ganó. Pero además logró alinear a gente de otros partidos que antes eran sus adversarios, a su favor.
Los hermanos Félix. El dúo peronista de San Rafael consolidó su hegemonía en el sur mendocino. Son los únicos del FpV en el Cuarto Distrito, ya que el peronismo perdió en Malargüe y en Gral. Alvear. Habían sido relegados por el partido en la distribución de cargos, privilegiando a quienes no ganaron, como La Cámpora y La Corriente de Rubén Miranda, otro de los grandes derrotados. Ahora pueden reclamar lo que les toca.
Los azules. El sector azul del peronismo puso la cabeza con Adolfo Bermejo, aun a sabiendas de que el camino que les esperaba era difícil, ya que el rechazo al gobierno de Francisco Pérez era creciente. Pero más allá de ello, son los que le han dado alegría a los peronistas con los resultados de Roberto Righi en Lavalle, a Alejandro Bermejo en Maipú, Martín Aveiro en Tunuyán y a Jorge Omar Gimenez en San Martín. Su gran pérdida, pronosticada, estuvo en General Alvear, con Juan Carlos De Paolo derrotado por el radical Walther Marcolini.
Los perdedores
Carlos Ciurca. El vicegobernador, líder de La Corriente Peronista y principal referente en el oeste del país de Daniel Scioli es el gran derrotado de la elección. Con la suma del poder nacional, provincial y municipal, no pudo ganarle a un desconocido como el radical Daniel Orozco. La situación de Ciurca es la más grave del peronismo, porque en cierto modo representaba la esperanza de un partido que, al menos, esperaba conservar a Las Heras como un reducto y sus nexos con Scioli como un puente.
Francisco Pérez. El gobernador ya era un derrotado antes de la elección del domingo. El peronismo y sobre todo Cristina Fernández de Kirchner se habían dado cuenta y lo relegaron en las listas. Pero este domingo se selló su condición y se lo facturó la propia militancia, que lo humilló a silbidos en el búnker cinco estrellas del Hotel Intercontinental, que llevó a las piñas hasta un ministro de su gabinete.
Daniel Scioli. El candidato del FpV vino a apoyar a la fórmula Bermejo y Martínez Palau, y también lo hizo su esposa, Karina Rabolini y muchos de sus funcionarios, desplegando recursos por doquier. Perdió su gente. perdió él.
Juan Carlos Mazzón y Adolfo Bermejo. El multioperador que quedó en desgracia para la Casa Rosada por culpa de los desasosiegos internos de Paco Pérez, lo hizo de nuevo. Puso al candidato a gobernador. Y esta vez perdió. Antes, había perdido Mendoza con sus decisiones y arbitrariedades. Adolfo Bermejo puso la cabeza, llevó una campaña digna pero en definitiva el juego electoral indica que el que pierde por un voto, pierde. Y en este caso la diferencia fue importante.
Luis Lobos y sus aliados radicales. No hubo maniobra que no hiciera el intendente de Guaymallén para ganar. Y la ciudadanía le dijo masivamente que "no" cuando se propuso para confirmarse en un cargo que ocupa solo porque renunció el intendente anterior, Alejandro Abraham y él era el presidente del Concejo Deliberante. Con él, perdieron los radicales que traicionaron a Cornejo y Marcelino Iglesias, como los concejales Juan Narváez, Daniel Centeno y Roberto Mandarino, "la cooperativa" que trabajó para que el radicalismo no ganara en Guaymallén.
El equipo de Paco y Celina que pagamos todos. Un insólito equipo de comunicadores y tuiteros que cobran del Estado, que no trabajan en las dependencias en donde fueron nombrados y que reciben órdenes de la esposa del gobernador Pérez, Celina Sánchez, bajo el liderazgo de Pablo Bicego y el carcelero vip Gaspar Contreras, se encargó de ensuciar a MDZ, a sus periodistas y a generar falsos rumores con la finalidad de desacreditar a un medio que no respondió a sus instrucciones. Fracasaron doblemente. Ya la ciudadanía los castigó. Y ahora deberán rendir cuenta por cuenta ante quienes corresponde.
Diego Martínez Palau. Recién llegado a la exposición política, el ex ministro de Transporte abandonó a su líder político, Florencio Randazzo, para sumarse a los sciolistas en Mendoza no bien le ofrecieron la candidatura a vicegobernador. Fue el encargado de arremeter contra la oposición, una especie de "autito chocador" que terminó en la banquina.
El encuestador pupilo. Gustavo Córdoba es el nombre del encuestador que llegó a Mendoza de la mano de Paco Pérez y que supuestamente cobra sus servicios desde el Partido Justicialista. Hizo todas las maniobras que jamás hizo ningún otro para despistar en torno al resultado final de las elecciones. Y protagonizó el insólito incidente de dar una conferencia de prensa para decir que si Bermejo no ganaba, al menos empataba, con la finalidad de distraer al periodismo y a la sociedad. Una estrategia dictada por los equipos de comunicación de Pérez y su esposa desde el tercero y cuarto piso de la Casa de Gobierno.
El FIT. La izquierda perdió una notable cantidad de votos entre la candidatura de Nicolás del Caño a la gobernación, cuando acreditaron su arranque como opción en Mendoza y la de ayer, con el FIT dividido en dos, peleando cargos y disputándose lugares de poder, con Noelia Barbeito como aspirante a la gobernación. No sirvió mezclar política partidaria desde el trotskismo con sindicalismo, con la sumatoria de Raquel Blas a las filas del partido abiertamente, como precandidata a senadora nacional.