Hay que reconocer que después de muchos años de ejercicio de la democracia, y aun cuando falta mucho por hacer con respecto a “buenas prácticas” en materia política, esta vez en Mendoza se ha logrado que los candidatos a la gobernación exhiban con más crudeza sus propuestas.
No se ha tratado de una simple “plataforma”, como la que con anterioridad los partidos pretendían cumplir con el requisito fundamental de mostrar un programa de gobierno y que, muchas veces, era un “copiar y pegar” de ediciones anteriores.
También es cierto que desde hace tiempo no se da la circunstancia de que un partido de gobierno pueda hacer alarde en campaña con su gestión: Mendoza no está bien y lo reconoce, aunque a regañadientes, el propio candidato del oficialismo.
Por otro lado, algunos medios de comunicación hemos reclamado, y con éxito, que muestren a sus equipos técnicos.
Con mayor o menor dedicación a la elaboración de sus respectivos programas, los partidos han mostrado agenda y responsables.
Así, el frente Cambia Mendoza puso a trabajar a las fundaciones vinculadas a los partidos que lo integran, como la Cívica, la Ideal, la Pensar y Fundamentos, bajo la conducción de Enrique Vaquié. Y el FpV, a sus diferentes vertientes, con la experiencia de los últimos dos gobiernos a cuesta, dirigidos por Jorge Tanús.
Probablemente sea esa movilidad la que no le deje espacio visible a la campaña sucia que existe, un remanente del pasado.
A la hora de analizar los programas de gobierno, como el requerido por MDZ en nuestro Foro por Mendoza, algunas propuestas han sido demasiado generales o vagas.
En un marco de “nueva” predisposición, sin embargo, hemos encontrado en los candidatos una voluntad de debatir en diversos ámbitos y medios que ha servido para conocer mejor personalidades, actitudes y calidades personales.
¿Con quiénes gestionarán?
Pero frente al tamaño de la crisis que afronta la provincia, no ha habido menciones claras y concretas sobre quiénes serán las personas que integrarán el equipo de gestión del próximo gobernador.
Y no es un tema menor conocer los nombres de los futuros ministros, subsecretarios, presidentes de organismos autárquicos, titulares futuros de OSEP, de Aysam, del Instituto Provincial de la Vivienda, entre otros.
La responsabilidad que significa ser ministro en las actuales condiciones o titular o directores de los organismos señalados, meritúa la presencia de personas de probada capacidad, expertise suficiente, reconocimiento social sólido y compromiso personal ilimitado.
Llegamos a la semana previa a las elecciones con una situación preocupante y seria sobre el estado general de la provincia y va a requerir de actores capacitados para el manejo de un Estado que luce torpe, burocrático in extremis y poco útil para los ciudadanos a los que sirve.
A ello debemos sumarle el abultado número de agentes estatales, incorporados prácticamente en su totalidad a la planta permanente, sobre los que va a tener que aplicarse políticas inteligentes que permitan, distribuir personas para que trabajen en servicios esenciales, con carencia de recursos humanos y muy mal atendidos.
También resulta insoslayable, eficientizar y optimizar las tareas en el resto de la administración.
No basta, ni alcanza e incluso sería de alto grado de irresponsabilidad, recurrir a fervorosos y reconocidos militantes para ocupar cargos de relevancia. Alto grado de capacidad reconocida y compromiso puro, completo e incluso desinteresado son requisito mínimo para ser considerados como funcionarios a hacerse cargo de la gestión estatal.
Los dos principales partidos tienen integrantes que creen ser los “dueños” de los temas en los que ya han ejercido una función pública: debe quedar en claro que cuando se vota a uno u otro partido, no se está convalidando con el apoyo a un gobernador una lista de fracasos y traspiés de esas personas en gobiernos anteriores. Esto lo debe saber quien resulte electo y deba constituir su equipo. De allí que los partidos deban exhibir, al menos, los nombres en danza para gestionar cada cartera.
¿Tienen a la persona adecuada para resolver el embrollo de las finanzas provinciales en el que estamos inmersos? ¿Quién es?
¿Podemos saber quién nos sacará de esta cadena de endeudamientos para pagar más deudas y, además, pondrá a funcionar nuevamente la maquinaria del Estado, hoy en graves problemas?
¿Quiénes llevarán adelante un plan de seguridad capaz de atender la coyuntura, pero también de planificar, en paralelo, lo que hay que resolver de fondo?
¿Se repetirán los esquemas que ya han fracasado? ¿O se buscará a alguien que sepa “dar la cara” y poco más que eso, sin solucionar la grave crisis en la que estamos inmersos en la materia?
Así podríamos hablar de la salud, de la educación, de la obra pública, del deporte, la cultura, la relación con los gremios y las empresas, la producción y la economía en general.
¿Será el nuevo ministro de Infraestructura un delegado de los contratistas del Estado, buscando asegurarse más beneficios para sí o será alguien capaz de diagnosticar las necesidades de Mendoza y planificar su solución sin presiones ni otorgando privilegios?
¿Logrará el nuevo gobierno captar a la población con necesidades sanitarias en una vasta red de atención primaria para despoblar los atosigados hospitales que no saben cómo resolver la situación o se pondrá al frente del área a “justificadores” irremediables incapaces de cambiar nada?
En esta última semana sería de alto interés y beneficio para los ciudadanos conocer todos los nombres, o mínimo los más importantes, de aquellas personas que van a acompañar al futuro gobernador en su tarea y en los lugares más trascendentes, a partir de diciembre. Eso sería una clara señal que se ha preocupado con antelación y responsabilidad, de convocar ciudadanos y formar equipos que generen esperanza de mejor gestión de los asuntos públicos, tan devaluados en los últimos tiempos.
Es, prácticamente, un deber y un compromiso.