Muchos analistas asemejan estos días presentes a los que se vivieron en 1983 con la expectativa que generó en esa época la asunción de Raúl Alfonsín. Se advierte una sensación de cambio de formas y modos de ejercicio del poder, con la esperanza que el disenso y las diferencias no se cristalicen en más "grieta", sino en diversidad sin agresión, que no nos iguala, pero tampoco nos convierte en enemigos. Muchos ciudadanos, aún votantes de Scioli, trasuntan alegría mesurada confiados en tiempos más calmos por venir.
Mucho y persistente debe ser el empeño con que el gobierno entrante, la oposición y los ciudadanos de buena voluntad deben poner en generar el normal clima democrático que debe reinar en toda sociedad moderna y previsible.
Finalizados los "ruidos" de la campaña con sus consignas, promesas, enfrentamientos, chicanas y demás, y las sensaciones post triunfo, queda la dura realidad y ésta apunta a ser bastante más agreste y difícil de lo conocido y esperado.
Podemos apuntar algunos de los puntos clave que el gobierno de Macri debe enfrentar con decisión y enderezarlos hacia el camino correcto para luego intentar conseguir su solución.
1) Diálogo y consensos: frente al método de la verdad absoluta y a su imposición unilateral, fundado en el poder absoluto delegado por el triunfo electoral, el nuevo poder debe volver al mejor método democrático con paciencia, inteligencia, vocación y mucho diálogo y capacidad de escuchar, y lograr soluciones por consenso, por mayoría o por autoridad, luego de agotadas todas las instancias de acuerdo. Esto, por encima de legalidad, va a dotar de fuerte legitimidad a las decisiones tomadas.
Hay dos instancias importantes en que el gobierno de Macri va a tener que instrumentar de la mejor manera un diálogo franco en busca del consenso:
a- Las mayorías en el Congreso. El partido gobernante está en clara desventaja en cantidad de diputados y especialmente en el Senado. Sólo el buen diálogo de oficialismo y también de la oposición va a concluir en leyes que atiendan al bien común. En esta época aparece como desligitimada toda posibilidad de imposición de la simple mayoría para imponer leyes o bloquear otras.
b- Acuerdos paritarios: en virtud de la complicada situación económica reinante, el gobierno y los dirigentes gremiales en las negociaciones que encaren van a ser un espejo en el que se reflejen la capacidad de diálogo y acuerdos en medio de reclamos legítimos, carencias y prudencia política.
Éstas son sólo dos de las circunstancias en que la búsqueda de acuerdos va a ser el camino necesario y adecuado para arribar a la mejor solución.
2) Regreso al mundo: la diplomacia moderna indica que las naciones sólo ponen algún límite en sus relaciones con los gobiernos que violan los derechos humanos y con aquellos no surgidos por la decisión del pueblo.
Salvadas estas exclusiones, ni los dogmas ni la ideología deben primar. El mundo entero está para vender y comprar bienes y servicios (preferentemente con valor agregado aquellos que se venden), para establecer tratados de cooperación y para recibir y ofrecer conocimientos tecnológicos, científicos, médicos y demás. Pragmatismo democrático, desideologizado, que redunde en beneficio del país, debe ser el norte de las relaciones exteriores futuras.
Macri habló de "cooperación energética" con la presidenta chilena Bachelet.
Con estas premisas generales, hay que reconstruir la carrera diplomática, revalorar los funcionarios de carrera postergados y convertir las agregadurías comerciales en gestoras de negocios que redunden en inversión y creación de puestos genuinos de trabajo.
3) Estado Nacional y Estados provinciales: este fin de época está dejando al descubierto cómo muchas de las funciones básicas que los Estados deben brindar a los ciudadanos están ausentes o mal cubiertas. La caída del servicio eléctrico cuando la demanda aumenta, la falta de seguridad preventiva democrática que disminuya el delito o la ausencia de represión cuando corresponde, que finaliza en un problema grave de inseguridad, también la desvalorización constante del peso argentino con una inflación desmesurada y la carencia de inversión en infraestructura son sólo algunas de las falencias de gestión de los Estados, tanto nacional como provinciales.
Son numerosas las provincias que no tienen los recursos suficientes para pagar los salarios de la planta estatal. Sin mencionar el modo en que prestan los servicios públicos básicos.
Inmensa tarea reconstructiva deben encarar el Presidente y los gobernadores de las provincias con sus economías deterioradas. Pero más grave es la situación de Macri. Todos los ojos de los gobernadores apuntan hacia él para conseguir su auxilio urgente. Basta con citar la situación en que se encuentra nuestra Mendoza y también la provincia de Buenos Aires, como acaba de señalar el ministro de Economía de la nueva gobernadora: no hay recursos en su caja.
Queda al descubierto la realidad real. Y es dura, sin realismo mágico y se debe enfrentar con las mejores artes políticas de que se disponga.
4) La Economía: le corresponde a Mauricio Macri mutar 12 años de economía populista fundada en los subsidios, que ha finalizado en un Banco Central con exiguos recursos, alta inflación, los últimos años sin crecimiento y sin generación de empleo genuino, por una economía con acento en la inversión y productividad que posibilite más y mejor distribución.
No son tiempos sencillos los que vienen. Es grave la distorsión de los principios fundamentales macroeconómicos y una parte importante del pueblo no está en condiciones de soportar ningún ajuste. Y tampoco se puede continuar en este estado de cosas.
Sería irresponsable o manipulador no señalar el verdadero estado de situación en que se encuentra el país. No podemos tampoco seguir apostando al realismo mágico.
El gobierno entrante llega con la inmensa responsabilidad de comenzar con buen pie a restaurar el inmenso desvarío existente.
Esperan un déficit fiscal enorme, un atraso cambiario que terminó ahogando la economía y la competitividad de las empresas. También la práctica congelación de las tarifas de los servicios públicos ha derruido la mínima calidad del servicio prestado. Están todas las empresas prácticamente fundidas.
La deuda interna ha crecido a cifras récord y para conseguir fondos para recomponer la infraestructura faltante que impulse el aparato productivo es necesario el auxilio de financiación a largo plazo y tasas convenientes. Y para ello es necesario terminar el problema que significan los fondos buitres. La negociación con ellos debe ser firme y preservando el interés nacional, sin ningún resquicio que permita especular que hubo alguna claudicación de soberanía. Pero debe terminarse.
Son muchos y complicados los problemas que debe abordar el gobierno de Macri.
Macri y el gabinete que lo acompañará.
No hay lugar para simulaciones, engaños o menoscabos; como tampoco hay posibilidad de ajuste que impacte más duro , no sólo en los que ya están sufriendo, sino en más franjas de la población. Tampoco se puede reclamar magia ni relato.
Los argentinos debemos asumir con responsabilidad, que no significa resignación , la situación económica institucional en que se encuentra el país. Y cada uno sin ceder en sus ideas ni creencias, mantener la voluntad y la acción en conseguir las vías convenientes para mejorar la situación colectiva.
Austeridad, seriedad, mirada solidaria y verdad, la pura verdad son algunos de los atributos que deben guiar al gobierno entrante. Y trabajo, mucho trabajo transparente y eficiente, que redunde en beneficio del bien común y del bienestar general.