El Padrenuestro policial de Munives

¿Sirven las policías municipales? ¿Qué características debe tener un cuerpo policial? Un trabajo del director de Policías, bajo análisis.

Foto: Fernando Martinez / MDZ
Foto: Fernando Martinez / MDZ

 La tarea que tiene por delante el Ministerio de Seguridad no pasa solamente por atender la coyuntura delictual e incorporar a los sectores que, teniendo que ver con la construcción de seguridad, se hacen los distraídos o están ausentes por diversas causas, sino que tiene que enfocarse en la elaboración de un modelo que gire en torno a qué policías necesita Mendoza.

La crisis de conducción y formación de los últimos años no se supera con un cambio de gobierno, sino con un plan a futuro y acciones muy fuertes que puedan aplicarse sobre el personal policial. Por ello, los últimos casos que involucraron a policías en hechos de mal uso de armamento oficial, entre otros episodios que tienen que ver con su inconducta, su falta de rendimiento o profesionalidad, indignaron a las autoridades recientemente asumidas.

El jefe de la fuerza es un hombre que nació de sus filas. Pero, ¿qué piensa el comisario general retirado Roberto Munives, el elegido por el gobernador Alfredo Cornejo para liderar la fuerza?

Experto en seguridad pública, formado aquí y en el exterior, Munives tiene un plan a cuyos lineamientos generales accedió MDZ. Hace incapié en romper el cerco corporativo "anti civil" de determinadas teorías cerradas de la "familia policial", y advierte sobre los riesgos de que los municipios terminen por quitarle profesionalidad y hasta sentido a la policía al crear con simpleza y sin concepto fuerzas municipales: "El hecho que una persona de suba a un vehículo que tiene en su techo una baliza no lo transforma en policía", sostiene en un trabajo sobre el tema.

Considera que, más allá de que los policías no representen en su mayoría una expresión laboral surgida de la formación universitaria, "son profesionales". "En nuestros días se refiere usar el término 'profesión' para indicar toda verdadera actividad humana por la cual se logra una vida social ordenada", conceptualiza a la hora de plantear su modelo policial y agrega que "toda profesión implica entonces, forzosamente, tres notas o características esenciales: la vocación,
la actividad propia y la intención de servir a los demás". "Con estos elementos integrados -señala Munives- puede abordarse el siguiente concepto descriptivo: 'La profesión consiste en la actividad personal puesta de una manera estable y honrada al servicio de los demás y en beneficio propio, a impulsos de la propia vocación y con la dignidad que corresponde a una persona humana'".

El planteo del director provincial de Policías hace eje, puntualmente, en la integración con la comunidad. Y por ello vincula "profesionalidad" como idea enfrentada al encierro que representa las lealtades equivocadas.

En este punto, Munives sostiene que "el deber primordial del policía profesional consiste en promover la seguridad y el bienestar de la 'humanidad'. Este deber tiene precedencia sobre las obligaciones particulares hacia los destinatarios en sí, quienes en cuanto conciudadanos, son solo una parte de la comunidad. Pero además de estas peculiaridades, que determina la magnitud de una 'clientela' inusitadamente amplia, está el aspecto de la distancia respecto de esa 'clientela'. Esta distancia deriva del hecho de que el servicio se presta mejor en ausencia del interesado. Los ciudadanos no quieren que se persiga a delincuentes en sus jardines. Si tan peligrosa proximidad se torna necesaria y habitual significa que los profesionales han fracasado", conceptualiza.

Agrega que "la índole peculiar de esta relación no solo hace que los particulares se resistan a una relación cercana con el personal policial sino que contribuye a unir a los miembros de la profesión policial entre sí. Los ciudadanos, al sancionar y asignar el servicio de seguridad a los policías sienten alivio y cierta reserva: alivio porque pueden ejercer un poder indirectamente y sin gran riesgo personal. Y reserva por que no están seguros del uso que harán los policías de la fuerza pública que se les ha confiado", indica.

Y es por ello que, "como contrapartida natural, los policías profesionales también pueden sentir la tentación de resistirse al mando de los 'clientes ciudadanos', recluirse en el círculo de la camarería profesional 'anti civil', y ceñirse al solo propósito de preservarla y perpetuarla. Pero el principio necesario es la conservación del profesionalismo. Cuando los profesionales de cualquier tipo se preocupan más por su prestigio y jerarquía, que por los intereses de aquellos a quienes sirven, se tapan los errores, se protege a los incapaces y se encubre la conducta delictiva. Esto destruye el orgullo profesional, el espíritu de cuerpo que define y distingue a un verdadero profesional de un especulador u otras formas impuras en nuestro caso".

Finalmente, su trabajo concluye en que "la razón de ser o modo de sublimación del servicio público encuentra su apogeo en el deber profesional consistente en 'la defensa de la vida, la libertad, y la propiedad de las personas aun a riesgo de su propia vida e integridad personal…'. La ausencia de esta última premisa como vinculo legal “sine que non” en los cuerpos estatutarios de otros entes y profesiones públicas, sitúa a la función policial en el acceso a una aristocracia de servicio".