Garantías ejecutables, buenos antecedentes, solvencia y, ante todo, confianza plena. ¿Qué más buscamos de un inquilino cuando le vamos a confiar la propiedad más preciada para que la habite durante cuatro años, al menos, cuando se renegociará el contrato?
Este domingo elegimos a quienes ocuparán la Casa Rosada y mucho, muchísimo más que eso. Pero básicamente, a la hora de reflexionar en torno a la importancia del acto trascendental que nos convoca este domingo, vale la metáfora.
No vamos a insistir con la necesidad de que ejerzamos con entereza la responsabilidad que la democracia nos permite periódicamente, ya que sería desconfiar de la sociedad, que es soberana y que tiene plena libertad para el ejercicio de sus derechos a la hora de decidir quién quiere que nos gobierne.
Solamente, queremos señalar que llegó el día indicado, aquel del que tanto se habló. Los argentinos elegimos la sucesión de un mismo gobierno que ya ha durado más que cualquier otro en la historia. Así sea que el balance resulte positivo o negativo de la gestión que termina, el desafío ahora es nuestro, no es algo que podamos delegar en grupos de iluminados y mucho menos en el marketing político: hay que decidir quién se hace cargo de la conducción de los destinos de la Argentina, nuestro país y, en cierta forma, de nuestra forma de vida en los próximos años.
La que viene será –gane quien gane- una etapa diferente. Muchos de los problemas que han quedado pendientes están sobre un resorte bajo presión que se lanzará una vez que un nuevo mandatario se haga cargo de la Administración.
Esta nueva época del país requiere de confianza y apoyo y necesariamente deberá ser de mayor diálogo y apertura, de pluralismo y participación. Lo lógico indica que lo que debería venir es más calidad democrática, una constante que buscamos desde aquel 1983 en que los argentinos logramos el acto heroico de hacer retroceder a los factores de poder que instauraron la última de las dictaduras, aunque sus fantasmas han seguido luchando hasta el presente y hay que exorcizarlos para poder vivir en paz.
En un día en que el deporte nos marca una vez más con la posibilidad que tiene el seleccionado nacional de rugby Los Pumas en las semifinales del Mundial de Inglaterra, sepamos que el exitismo no es el único camino y aprendamos de su “secreto”: esfuerzo, equipo, convicción, conducta y respeto por el adversario.
La emisión del voto no es un deporte, aunque se haya desvirtuado en una catarata de comicios su importancia: es el ejercicio fundamental de un país en serio. No es uno contra otros por el resultado: es los unos junto a los otros porque salgamos adelante.
Es el deseo de MDZ que tengamos un domingo de fiesta, sin inconvenientes y un lunes que amanezca con una nueva Argentina en el horizonte, cualquiera sea el resultado.