Llegó el Far West mendocino

Se sabía que la puja distributiva sería durísima este año. Arrancó muy fuerte en Lavalle con la insólita participación de la agrupación social Tupac Amaru a modo de policía tras los escraches de ATE. Un cura, un policía, y el intendente negociaban el armisticio con la Tupac y el gremio. El día en que Lavalle se pareció a Colonia Vela.

Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

Si hay algo expeditivo, es garantizar la paz social a patadas.

Mendoza dio un peligroso paso ayer hacia un abismo de profundidades impredecibles y misteriosas, y seguramente nada buenas. Un conflicto social de proporciones en uno de los “pagos chicos” de la provincia pasó por momentos de alta tensión ayer entre la agrupación kirchnerista Tupac Amaru y empleados afiliados al gremio ATE, que pelean aumentos de miseria -de sus sueldos también de miseria- en una provincia en rojo y al borde del quebranto de la caja. El combustible estaba servido. La Tupac apareció para subordinar con el “apriete” a los revoltosos del gremio estatal, quienes a su vez trataban de poner en caja al intendente Roberto Righi por la vía del escrache incluso a sus familiares, una metodología violenta pero efectiva: nada causa tanto espanto en los hombres de la política como el “escrache” en sus domicilios, ante los ojos de sus vecinos, sus familiares, y si hay nenes en casa, tanto mejor. ¿Pero qué es más autoritario o violento?

¿ATE reclamando por la vía del sopapo público o el “corbateo”, o la Tupac Amaru con encapuchados armados con piedras y palos? Seguramente ninguna de las dos opciones es buena.

Ayer sólo faltó la chispa que provocase la explosión, ante la enorme irresponsabilidad de dirigentes que llevan la puja distributiva a límites que nada tienen que ver con la democracia.

Lo que ha ocurrido en Lavalle es sólo la punta del iceberg. El botón de muestra de lo que podría replicarse en el Gran Mendoza ante reclamos parecidos. La única diferencia es que los protagonistas fueron menos. Poco más de dos centenares de personas se vieron envueltas en el conflicto ayer. Traslademos esa foto a una protesta municipal en Guaymallén, Capital o Las Heras, con miles de integrantes de la Tupac con sus pecheras y la decisión de apalear a quien sea, al menor gesto con la mirada de su líder local, Nelly Rojas. Y enfrente, un gremio capaz de paralizar la provincia, de organización eficiente y movilización. Hubiese habido muertos… ¿No?

Lo que ocurrió ayer es gravísimo. Lavalle era “Colonia Vela”, aquel pueblito de la maravillosa historia “No habrá más penas ni olvidos” de Osvaldo Soriano. Con el Estado ausente, ATE y la Tupac Amaru podrían haberse reventado las cabezas a palazos. La imagen del intendente Righi -incapaz de manejar esta crisis que lleva un mes y con varios incidentes en el medio- reunido con el párroco del pueblo, el jefe de policía Juan Carlos Caleri y un fiscal negociando “la paz social” en medio del susto resume el patetismo de la situación. A pocos metros un cordón policial de infantes separaba a las facciones. Señores: llegó el Far West.

La agrupación social kirchnerista Tupac Amaru, que maneja fondos discrecionales y millonarios que bajan desde la Casa Rosada, puede llenar un gimnasio de Lavalle con 4.500 incondicionales. Todos obedientes, disciplinados, soldados militantes que pueden alcanzar el sueño de la casa propia adscribiendo al modelo nacional y entregando el alma a la “orga” que les construirá su techo. No son una banda improvisada. La Tupac tiene abogados, escribanos, médicos, ingenieros, y protección política, aunque su líder Nélida Rojas no tuvo empacho –meses atrás- en criticar con aspereza al gobernador Francisco Pérez y el intendente Rubén Miranda, con quien estaba enojada por un asunto de viviendas. Los políticos la respetan por su trabajo social pero también le temen. Y algunos intendentes envidian la “caja” de la Tupac. En Mendoza, a octubre del año pasado, había recibido unos 130 millones de pesos según un dato que publicó el periodista Horacio Meilán en el diario Los Andes. Eso es más de lo que ha recibido para obra pública la mayoría de las municipalidades mendocinas.

En Lavalle la Tupac es particularmente fuerte, ya que construyen aproximadamente 500 viviendas en ese departamento, con distintos grados de avance. Cuentan que una vez un ministro fue de visita al lugar y preguntó dónde estaban todos los hijos de las mujeres que trabajaban en las obras o en distintas iniciativas de la agrupación. “Tenemos jardines para eso” le contestaron. El funcionario no se conformó y apareció semanas después por sorpresa. Se encontró con que los hijos de las militantes que dan la vida por Nélida Rojas estaban merendando “Danoninos”, un postre infantil relativamente caro conocido por sus propiedades nutritivas. Silencio y sorpresa en la sala.

La Tupac ya ha protagonizado incidentes a puño limpio contra militantes del PJ en un acto de la presidenta Cristina Fernández el año pasado en la Destilería. También actuó por la vía rápida cortando calles –en Guaymallén amenazaron con llevar heces a la municipalidad y embadurnarla de mierda -así, literalmente- si no les hacían cloacas en un barrio- y los reclamos frente al IPV pidiendo que les “bajasen” el dinero para las obras fueron frecuentes en 2013.

 

La Tupac Amaru reparte más fondos en viviendas que muchas municipalidades. La mayoría de los políticos le temen.

 

En el fondo, la Tupac y ATE comparten algunas metodologías. Después de todo el gremio estatal fue la “cuna” de dirigencia para Nelly Rojas. Allí aprendió la lucha. Hoy, la diferencia es que difícilmente haya militantes de ATE que se encapuchen y tomen palos, aunque han protagonizado muchos incidentes en estos años. El más resonante fue aquel del “corbateo” a Adrián Cerroni, en el medio de una trifulca generosa en la Casa de Gobierno por la que los dirigentes Raquel Blas y Roberto Macho fueron absueltos el año pasado. Marcelo Costa y el propio Pérez han sufrido escraches a domicilio en 2013. También una funcionaria de minería. Los dirigentes estatales, convertidos en los más poderosos de la provincia por un Estado que ha cargado al bolsillo de los mendocinos 30.000 empleados más en pocos años, además cortan calles y rutas y suelen ser absolutamente impermeables en las negociaciones, ya sea de una pauta salarial o para correr un piquete de lugar para y la gente siga transitando. Así de dura es la famosísima “puja distributiva”.

Los militantes de la Tupac podrían apalear a cualquiera que se ponga enfrente de manera disciplinada. Tienen una estructura vertical. Y si Nelly Rojas los manda a defender al intendente “en nombre del pueblo” allí estarán, aunque el pueblo no les haya pedido semejante favor. Y ATE puede paralizar la provincia y llevar los reclamos al extremo del escrache, sin medir destinatarios ni consecuencias. Righi viene acumulando bronca contra ATE por escraches en su domicilio en presencia de su familia, o un escrache a su padre que ocurrió el viernes y del que también responsabilizó a ATE.

¿Y el Estado, dónde está?

El espacio que la política no ocupa con métodos pacíficos, con diálogo, con entendimiento y comprensión, lo ocupan otros con palos, piedras, capuchas, golpes, o escraches. No es un buen síntoma de salud democrática. Lo que el hecho demuestra, en todo caso, es que la dirigencia política no está conduciendo los conflictos.

Semas atrás, policías de distintas provincias consiguieron aumentos salariales luego de protestas tremendas, seguidas de saqueos. Mucho trabajo costó volver al orden y la paz no está garantizada. Hay gobernadores que están dando marcha atrás porque no pueden pagar, y porque les “arrancaron” –dicen- los beneficios por medio de la sedición. Ahora bien… si Nelly Rojas y la “Tupac Amaru” van a hacer de policías… ¿Cuál es la diferencia con situaciones de anarquía? Y ¿Por qué habrían de aceptar los lavallinos, los vecinos, ser defendidos o “representados” por una organización kirchnerista de dudoso apego a los mètodos de la democracia? Es cierto que en ATE no son bebés de pecho. Pero los “Tupac” ayer bajaron un portón para meterse en la asamblea de los municipales.

Por suerte hubo un cura, un fiscal y un policía a mano. Igual que en Colonia Vela, pero de verdad. Lo que vimos ayer en Lavalle dio miedo. Un sentimiento concreto y corrosivo: miedo por la provincia, por la institucionalidad, por la seguridad de las personas, e incluso por la democracia. Por buena voluntad que ponga Nelly Rojas, que se sepa nadie le ha dado poder de policía. Como tampoco nadie ha dado a ATE ni a ningún gremio la potestad de perseguir a funcionarios incluso electos por el propio pueblo, hasta la oscuridad segura y un poco vergonzante que hay debajo de la cama.

Los métodos violentos se enseñorearon por Mendoza en estos días. Un crimen en un partido de futsal o terminar con una protesta a los palazos. Lo mismo da. Hay que ver si en medio de esta confusión peligrosa, los dirigentes aciertan con la sensatez. Eso es mejor que la paz social a los palazos. Seguro, los mendocinos se los van a agradecer.