Hasta el 10 de diciembre, el kirchnerismo tiene en agenda el tratamiento de proyectos decisivos para las cuentas fiscales. Se trata de:
-El presupuesto 2014, el cual debe establecer las asignaciones de gastos y además contemplar el nivel de crecimiento e inflación para el año que se aproxima.
-Las prórrogas de la ley de emergencia económica, la cual fue sancionada en 2002, durante la crisis económica, pero renovada periódicamente pese al fin del período de emergencia y una década de crecimiento sostenido, según las cifras oficiales. Muchos legisladores opositores consideran que con este discurso la ley no es necesaria. Lo cierto es que en caso de no ser prorrogada, obligaría a negociar con el Congreso medidas que hoy se toman por decreto.
-El impuesto al cheque, que fue establecida en 2001 también como una medida temporal, con el objetivo de crear un fondo no coparticipable que el Ejecutivo pudiera utilizar de modo discrecional. Fue aplazada año a año hasta el 31 de diciembre de 2013.
El panorama se dificulta teniendo en cuenta un quórum complicado en la Cámara de Diputados, en el marco del nuevo mapa electoral que aún no termina de definirse.
Además de tener predominancia en el Congreso, el kirchnerismo siempre contó con aliados circunstanciales que muchas veces lo sacó de más de un apriete legislativo. Sin emargo, ahora, no son estos díscolos los que preocupan, sino “la propia tropa”.
Es que en los últimos tiempos hubo un escurrimiento de legisladores K que por estas horas preocupa al gobierno.
Se trata de Rubén Sciutto, de Tierra del Fuego, quien abandonó su baca esta semana y se pasó al espacio que responde al intendente de Tigre y candidato a diputado, Sergio Massa.
Oscar Martínez, de Santa Fe, también se alejó de kirchnerismo por un encontronazo con el otrora jefe de bloque K, Agustín Rossi.
José Brillo, del Movimiento Popular Neuquino, también se alejó de la tropa.
Con este esquema y ciertos aliados, el kirchnerismo suma un total de 127 diputados, dos menos que los necesarios para conseguir quórum.
Hasta antes de las PASO el oficialismo mantenía un piso de 130.
El oficialismo no solo deberá definir su gestión de supervivencia ante las inclemencias, y lejos de la comodidad de la mayoría legislativa, sino su capacidad de lograr nuevos aliados en duros tiempos electorales.