Massa, el principal terror de Cristina

En los últimos días, Cristina Kirchner volvió a mostrarse irritable y crítica feroz de la oposición en la provincia de Buenos Aires. Los motivos de un enojo que se funda en las traiciones y las encuestas.

Foto: web
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Poco le duró a Cristina la mesura que había traído consigo luego de su viaje al Vaticano a mediados de marzo pasado, a efectos de ver al papa Francisco. En los últimos días, por caso, volvió a la crítica feroz y mordaz contra la oposición y la prensa, ya sea públicamente o a través de las redes sociales.

Ayer mismo, la presidenta insistió en atacar a las alianzas opositoras en el marco de tres teleconferencias que dio en simultáneo para diferentes lugares del país. “Se unen, pero después huyen cuando las papas queman”, aseveró con clara elocuencia gestual y verbal.

Esas palabras tuvieron más de preocupación que de descripción del escenario partidario opositor. Es que Cristina hoy maneja datos concretos que dan un techo de aceptación a Martín Insaurralde de 25 puntos en la provincia de Buenos Aires, bastión histórico del peronismo. El número aparece inamovible.

Al mismo tiempo, Sergio Massa aparece con un piso que ya casi roza el 40% de preferencia ciudadana y que puede seguir in crescendo. ¿Cómo acortar esa brecha? ¿Qué más puede hacerse para instalar al ignoto intendente de Lomas de Zamora?

La jefa de Estado no se cansa de acompañar a su delfín a los rincones más recónditos del territorio bonaerense a efectos de arrimarle votos merced a su propia imagen. Pero no basta.

Siquiera puede el kirchnerismo utilizar al 100% el eficaz “aparato” bonaerense, hoy dividido entre tres candidatos de diferente raigambre peronista: Massa, De Narváez y el propio Insaurralde.

A los intendentes que acompañan abiertamente al intendente de Tigre —pertenecientes a distritos como Almirante Brown, Escobar, General Villegas, San Miguel, Junín y San Martín— se suman otros como Hugo Curto y Raúl Othacehé —mandatarios de los poderosos distritos de 3 de Febrero y Merlo— que juegan a dos puntas: por un lado hacen creer a Cristina que están con el FPV y, por el otro, hacen campaña para Massa.

No son los únicos: los jefes comunales de Ituzaingó, Ezeiza y Morón también dialogan con el massismo de manera subrepticia.

No son datos que desconozca Cristina. De hecho, es lo que provoca parte del malestar que se percibe en ella en estos días. La desconfianza es su dogma en las actuales horas.

Por ello, ya no pide ayuda a los de siempre, ahora directamente ruega a la ciudadanía que no la abandone a su suerte: "Sola no puedo”, subrayó ayer mismo en uno de sus actos de campaña.

El escenario en el que se mueve la presidenta es una suerte de partida de ajedrez que ostenta ya pocas y desgastadas piezas. Juega contra un enemigo que está a punto de cantarle “Jaque” y con una ventaja ostensible y estratégica.

Todo ello con un contenido adicional: Cristina jamás supo jugar al ajedrez.