Videla, el gran dictador

La Argentina sin Videla no modificará en gran cosa su presente político tras 30 años de recuperación de la democracia.

La última aparición pública del dictador Jorge Rafael Videla presagiaba un desenlace inminente y, con su muerte fresca, habría que preguntarse si su último deseo no fue otro que ratificar su responsabilidad burocrática en el asesinato y desaparición de miles de personas mientras manejó discrecionalmente la Argentina, pero también su convicción plena acerca de la legitimidad de la comisión de actos aberrantes durante el régimen que encabezó.

"Llegué al grado máximo como teniente general y por razones  funcionales era el presidente de la Junta", fue la respuesta de  un Videla encorvado, casi sordo a una pregunta de rigor del  presidente del tribunal que lo juzgaba por haber tramado junto a  otros dictadores latinoamericanos el Plan Cóndor, que dejaba sin  posibilidades de escape a los opositores en los años 70’ y cuyo  destino por lo general era la muerte.

Sin grado militar sobre sus hombros, ese anciano achacoso que  le sonrió el martes -como si hubiera hecho una picardía- a uno de  los defensores cuando terminó su diatriba, pero que murió solo en  una celda del penal de Marcos Paz, rememoraba personajes de  Gabriel García Márquez. 

Costaba ese día pensarlo como aquel tirano del mundial 78, con los pulgares en alto, o con su traje civil peinado a la gomina respondiendo que los desaparecidos eran "eso" que no estaban "ni vivos no muertos, sino desaparecidos".

Primero trastabilló, pero luego logró mantener la vertical  cuando se retiraba después de ese remedo de arenga que tamizó con  una enumeración de sus achaques. 

Aunque sin duda hubo personajes más oscuros que mancharon sus manos con sangre durante el régimen que se extendió entre 1976 y 1983 Videla es sin dudas el ideólogo militar y el cabal intérprete de lo que se iba a gestar a partir del 24 de marzo de aquel año inicial de esa página negra de la historia.

"Asumo a plenitud mis responsabilidades castrenses", dijo con  el último aliento, aislado desde el banquillo de los acusados,  desde un imaginario de "lo castrense" como un poder perdido en el  tiempo, a partir de ese tramo de la historia en el que las  Fuerzas Armadas asumieron la suma del poder público, dejando de lado las instituciones de la democracia.

El país dividido en zonas y subzonas, cientos de centros  clandestinos en todo el territorio, miles de personassecuestradas, torturadas desparecidas, asesinadas en los campos de concentración, son algunos de los crímenes de lesa humanidad de los cuales Videla pretendió hacerse cargo para soportar el peso dela condena pública.

En la causa 13, conocida para la historia como El Juicio a las  Juntas Militares, Videla, al igual que Massera y otros jerarcas  del régimen fueron condenados a prisión perpetua y a perder su  condición militar, una deshonra para un soldado.

Luego los militares, que mantenían parte de aquel poder,  tuvieron en vilo la joven democracia con las asonadas hasta que obtuvieron a punta de fusil del gobierno de Raúl Alfonsín las  leyes de Obediencia Debida y Punto Final, que, en consonancia  con el pensamiento de Videla, libraban de responsabilidades  penales a los subordinados ejecutores de aquellos crímenes.

Durante la década del 90 Menem indultó a los jefes condenados  y Videla creyó haber recuperado la impunidad que habían dejado  preparada con sus leyes de autoamnistía los militares.

A partir de la anulación de las leyes por parte del Congreso  durante el gobierno de Néstor Kirchner los juicios se fueron  sucediendo y una a una se fueron ratificando las condenas.

Durante años, ex militantes republicanos guardaron, a veces  enterradas, botellas reservadas para el día de la muerte del caudillo Franco. La Argentina sin Videla no modificará en gran  cosa su presente político tras 30 años de recuperación de la  democracia.

En la Sala de Audiencia de los tribunales de Comodoro Py  resonó el martes la voz -por momentos convertida en exclamación insolente- del ultraderechista abogado Soaje Pintos, cuando lereclamó al juez Amirante que tratara a su cliente por su grado de "coronel con el que lo honró la Patria". Media hora después, elexgeneral Videla, "el gran dictador", ya no tenía quién lo espere.