Lo que Paco Pérez no puede decir

En su discurso de apertura de sesiones el gobernador no profundizó sobre temas estructurales de la provincia. Es claro que no tiene margen para ello. La realidad económica indica que hoy, en el contexto nacional, el gobernador sólo puede mantener la provincia a flote. Plata para el desarrollo no hay.

Foto: Alf Ponce/MDZ
Foto: Alf Ponce/MDZ

El gobernador Francisco “Paco” Pérez dijo más con lo que calló, que con las palabras que pronunció en su discurso de apertura de sesiones de este año, ayer por la mañana durante 76 minutos ante la Asamblea Legislativa. Resulta obvio que hay palabras que el gobernador no puede decir, porque el discurso que la realidad dicta tiene los límites de la política. Transmitir de forma completa lo que en verdad ocurre en Mendoza significaría un impuesto político altísimo para alguien que desea pertenecer al “modelo”. Pero Paco está donde quiere estar. Y nadie vuelve de contradecir al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

¿Por qué no hubo grandes anuncios de obras? ¿Por qué Pérez dijo que no quería ser recordado por hacer “monumentos de cemento”, cuando sabemos que son indispensables millonarios planes de inversión en agua potable y saneamiento, riego, obras públicas para el crecimiento e infraestructura social? El gobernador es una persona inteligente que conoce y sufre los límites: no hay plata, en un sentido general.

Pérez no puede decir con claridad por qué en Mendoza no hay plata y quién es el responsable, aunque  es obvio. La rueda de proveedores del Estado, las paritarias, la baja ejecución de obras públicas, el déficit, muestran la debilidad de las cuentas de la provincia, que no están aun peor por una gestión que gastó sólo lo que pudo y se preocupó por recaudar mejor, aunque lo hizo beneficiando a gremios, por ejemplo, en detrimento de contratistas y proveedores.

No habrá plata en el mercado internacional para prestarle a Mendoza ni a sus empresas mientras el gobierno nacional no decida reingresar al mundo respetando inversiones, manteniendo reglas de juego claras, practicando la transparencia. Mendoza tenía casi listo para colocar en el  mercado mundial un bono internacional, que debió ser abandonado porque la tumultuosa expropiación de Repsol cerró los mercados internacionales de crédito. La contrapartida sería la llegada de socios y la inversión en nuevas extracciones de petróleo y gas. Ello generaría, se esperaba, un fuerte empuje de inversiones en la provincia. Todavía no sucedió. Tampoco el sector petrolero estatal consigue socios con dinero. Y esto es porque hay desconfianza, un sentimiento que el gobernador Pérez no puede explicitar porque se ha alineado decididamente y por voluntad propia a la presidenta.

El gobierno nacional no sólo no tiene plata para prestarle a Mendoza, sino que tampoco autoriza -desde el año pasado- el endeudamiento provincial en el mercado local porque necesita “aspirar” para YPF los recursos disponibles, y para pagar la creciente importación de combustibles. Mientras tanto Bolivia, Perú, Chile y Brasil consiguen créditos de largo plazo para obras por miles de millones de dólares al 4% anual de interés.

Paco Pérez no puede admitir que la construcción privada ha estado un año prácticamente parada por culpa del cepo y  que la obra pública casi no avanza, porque estaría tirando misiles contra el modelo, o más bien contra el relato que lo sostiene. Recién este mes luego de más de un año, la gente se ha lanzado a gastar pesos transformándolos en ladrillos.

De inflación y atraso cambiario no se habla. Nadie en el oficialismo puede hacerlo. Por eso aunque admitió dificultades, el gobernador no puede decir en su discurso que el problema de la agroindustria mendocina es la pérdida de competitividad por un tipo de cambio atrasado, o que la inflación se lleva la renta de las empresas comerciales y de servicios y el poder adquisitivo del salario. La necesaria diversificación e integración al mundo de la economía provincial que viene postulando este gobierno, encuentra límites concretos en un modelo macroeconómico donde la inversión no crece por falta de financiamiento y confianza en el futuro.

A Paco Pérez,  hay que decirlo,  le tocó el peor año del kirchnerismo.  Sus antecesores Cobos y Jaque aprovecharon, sin logros importantes, los años de aumento de la recaudación, las obras y la expansión económica a tasas Chinas. El 2012, por el contrario,  fue el año del cepo, las expropiaciones, la inflación, la fuga de divisas, y las medidas económicas cada vez más descabelladas que han ido tirando en contra de las economías regionales. A ello hay que sumar que en áreas sensibles, críticas, de servicios directos a la población, algunos de sus ministros  no tienen mucho para mostrar.

 

A Paco Pérez le tocó el peor año del kirhnerismo. Cobos y Jaque no aprovecharon en su plenitud el viento a favor y la disponibilidad de recursos.



El gobernador podría haber dicho que,  razonablemente y dado el contexto, es un logro mantener la provincia a flote en el medio de una crisis. Nadie lo hubiese criticado por ello. Por este año, en verdad, no caben mayores expectativas teniendo en cuenta la macroeconomía. No lo dijo, pero quedó implícito. Sin anuncios de obras que “muevan la aguja” del crecimiento, sin posibilidades de cambios en la línea que baja el gobierno nacional, sin expectativas de refresco desde afuera de la provincia hacia adentro, ni fuentes de crecimiento propias como pudo haber sido la minería, el gobernador no puede prometer más que lo hace: hacer funcionar al estado, cobrar los impuestos, promover el turismo y los eventos internacionales, dar clases, mantener los hospitales abiertos, pagar los sueldos, encarar reformas de gestión con éxito diverso, otorgar paliativos a la economía productiva y sostener la provincia en una relativa calma a la espera de tiempos mejores. Es módico, pero es mejor que tomarse de un relato que,  sin un nuevo plan económico y un nuevo equipo que lo ejecute y genere confianza, ya no se sostiene.