Puerto Madryn es una de las ciudades más bellas de la Patagonia. En el último verano, mientras en Mar del Plata los comerciantes contaban el negocio turístico con monedas, en esta pequeña pero imponente ciudad al noreste de Chubut y cerca de Península Valdés; no cabía un alfiler.
Madryn fue este mediodía el lugar que Cristina eligió para realizar el acto central de homenaje a los veteranos y caídos en Malvinas. A esa ciudad, en junio de 1982, llegaron el Canberra y el Bahía Paraíso encabezando el convoy de los prisioneros de guerra, los soldados argentinos.
Hoy, la imagen de la TV pública mostró a la presidente en la orilla del mar, sobre un escenario montado al lado de un monumento a los caídos en la guerra muy cerca del muelle comandante Luis Piedrabuena, inaugurado en su segunda remodelación por Néstor Kirchner en 2003. Detrás de la presidenta aparecía una bucólica imagen de varios veleros muy “top” circulando por allí, y de un par de gomones de Prefectura. Y comenzaron las especulaciones: “-Que son de seguridad… que son turistas… que cómo nadie los controla… que son de la TV…” En Twitter, los veleritos fueron furor durante el discurso de la presidenta.
Los veleros, todos iguales menos uno de porte mayor, llamaban la atención por su recorrido. Iban de uno a otro lado de la pantalla. Y con el correr de las horas, se supo la verdad. “Todo fue armado para la TV” denunciaron periodistas locales. Los veleros no eran de turistas ni allí estaba apostada la SIDE tipo película de espías. Tampoco eran de Prefectura ni estaban allí de casualidad. Pertenecían a socios y al propio Club Náutico Atlántico Sud y fueron dispuestos a pedido de la TV pública, para completar la imagen. Por eso los veleros iban y venían detrás de la presidenta. Pero no eran turistas paseando en el feriado extra large ni vecinos disfrutando de los beneficios del modelo, que los hay, sino los veleros de competición del Náutico, al servicio de la buena imagen.
En tanto, periodistas y reporteros gráficos locales fueron amontonados en una tarima a unos 30 metros de Cristina y confinados a una suerte de “corralito” cercado con alambre, según denunciaron los hombres de prensa en la Patagonia.