Juan José Aranguren es el presidente de Shell Argentina y uno de los destinatarios de la furia del kirchnerismo. Debe recordarse que hace ocho años la empresa sufrió con un boicot que lanzó el mismísimo Néstor Kirchner, y hace siete, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, pidió su prisión en 54 causas penales.
Diario La Nación lo entrevistó en su oficina y logró sacarle jugosas definiciones referidas a la idiosincrasia de los empresarios vernáculos. “El empresario argentino contrariamente a lo que dicen es muy poco corporativo. Para una empresa no es relevante cómo son los pares; es importante el consumidor”, advirtió.
A la hora de hablar sobre las cámaras empresarias, Aranguren fue tajante: “No tienen un rol preponderante en la discusión pública”.
En la misma entrevista, el titular de Shell se dio tiempo para opinar sobre YPF: “Creo no ser inocente cuando digo esto: el Gobierno esperaba encontrarse otra cosa. Estando en YPF pueden tomar conciencia si el sector está para tirar manteca al techo o si se tienen que tomar decisiones de inversión. Hubo una mejor valoración de cuál es el estado del sector”.
-¿Les interesaría una asociación con YPF?
-YPF tiene una cantidad de activos que son atractivos para cualquier empresa petrolera y hay varias, Shell incluida, que están interesadas en compartir su tecnología, en invertir. Obviamente, en la medida que se generen condiciones como para hacerlo con rentabilidad.
-Si hay petróleo, ¿qué falta para que lleguen las inversiones?
-Falta reconocer una realidad. Para hacer frente a inversiones billonarias, hay que dar rentabilidad, libre disponibilidad de los excedentes después de abastecer el mercado interno, que se pueda remitir dividendos, y no hablo del 90% como se hizo en una compañía [YPF desde 2008], sino de una renta común.
-¿Cómo repasa estos años en los que quedó prácticamente solo en el mundo empresario?
-Es un sentimiento encontrado. El rol de un dirigente está vinculado con cumplir con sus obligaciones, pero también con exigir que se respeten sus derechos. Eso es lo que intentó Shell, defender sus derechos cuando nos decían que estaban avasallados.
-¿Dejaría de hacer publicidad si un funcionario se lo pide?
-No deja de sorprenderme. La decisión empresarial de no publicitar los precios o las ofertas afecta principalmente a aquellos medios que no son beneficiados por la pauta oficial, ahogándolos financieramente. Un funcionario no debería manejarse de palabras, sino por escrito, indicando los motivos. Con el tema de la publicidad, hay que decir que si hay un acuerdo, necesariamente va contra las normas de Defensa de la Competencia.
-¿Está de acuerdo?
-Creo que estas conductas, voluntarias imagino, los debería hacer reflexionar a quienes las toman. Hay un dicho campero que dice: "La culpa no es del chancho, sino del que le da de comer". Aquellos empresarios que aceptaron no cumplieron con su rol; privilegiaron lo conveniente y no lo correcto, y tarde o temprano van a sufrir las consecuencias.
-Muchos ejecutivos de multinacionales, como es su caso, prefieren mantenerse quietos ante las corporaciones...
-Hablo por mí y no por todos los ejecutivos, pero ¿quién puede tener menor información de un país que el que fue puesto por la corporación para manejar? Hay una actitud complaciente cuando se da esa respuesta. Prefieren aceptar la imposición que tomar un camino, que puede ser un poco más tortuoso, pero más conveniente.
-¿Falta autocrítica?
-Ha llegado el momento en que el sector empresario se mire al espejo, y diga: "Qué hemos hecho, o no he hecho, para merecer esto". Por acción u omisión, algunos empresarios terminan recibiendo lo que estuvieron favoreciendo. Y a lo mejor ahora es un poco tarde.
-¿Eso le pasó a Repsol?
-Sin dudas. Como dice la frase que le atribuyen a Bertolt Brecht, pero que es del pastor alemán Niemöller: "Hoy golpearon mi puerta y no hay nadie para defenderme".
-¿Hay complacencia con las formas del Gobierno?
-No tengo ninguna duda de que es así. Es como a los locos, se les da la razón sabiendo que con eso no se los cura, sino que se los mantiene en su enfermedad. El dirigente tiene una responsabilidad que empieza por cumplir con sus obligaciones. Esa complacencia va a tener resultados que irán en contra del que la estuvo usufructuando.
-¿Sintió vacío?
-Hay quienes dicen que en tiempos opacos los principios se declaman en voz baja. Espero que lleguemos a tiempos brillantes en los que podamos hablar todos en voz alta, de decir lo que pensamos y no tengamos miedo.
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