En menos de un mes, la inflación le torció el brazo al Gobierno y el techo del 20 por ciento pasó al olvido. La Casa Rosada está dispuesta a aceptar y avalar aumentos salariales de hasta un 25 por ciento. La condición que fija el Poder Ejecutivo es que en esos acuerdos se habiliten sólo para los salarios mínimos de los sectores privados industriales que estén más atrasados. El objetivo es que en el resto de la pirámide del mismo rubro el incremento promedie menos de ese 25 por ciento y se ubique entre un 20 por ciento y un 22,5 por ciento, máximo.
Según los cálculos del ministerio de Trabajo, son muchos los rubros industriales con salarios mínimos algo bajos, en los que se podría aceptar una suba de hasta un 25 por ciento. Son sectores donde los salarios mínimos no llegan a los $8.360 para los solteros y los $11.563 para los casados, y donde un alza del 25 por ciento los ubicaría en sintonía con el resto de los asalariados industriales. Más atrás quedarían los salarios mínimos de otros rubros, como empleados públicos nacionales, provinciales y municipales, encargados de edificios, gastronómicos, comercio y estacioneros, entre otros.
Con este esquema, Carlos Tomada piensa acelerar las paritarias en rubros industriales claves, como los textiles, construcción, cueros, pesca, plásticos, mecánicos y, fundamentalmente, los metalúrgicos.
El Gobierno supone que con esta partición se podrán destrabar las negociaciones que comenzarán a comienzos de marzo y acelerar la firma de acuerdos antes de que comiencen a tallar las discusiones con la CGT rebelde de Hugo Moyano, que hasta ayer insistía en sus reclamos de alzas del 30 por ciento.
Según publica hoy Ámbito Financiero, el modelo que tiene el Gobierno en la cabeza es el de los aceiteros firmado el viernes pasado, donde el salario mínimo del sector subió un 24,6 por ciento, mientras que el promedio general llegará al 21,5 por ciento. Ese último porcentaje sería un nivel más que aceptable para las aspiraciones oficiales y, al menos en el maquillaje, avalaría algún punto más por encima de la meta psicológica del 20 por ciento. Ése es el incremento óptimo para el Gobierno, que insistirá con la fórmula de 20/20 (el mismo nivel de alza salarial y de aumento del mínimo no imponible de Ganancias).
La idea es que si gremios claves como SMATA de Ricardo Pignanelli, construcción de Gerardo Martínez y la UOM de Antonio Caló aceptan la propuesta, luego se acelerarían los tiempos para los camioneros de Hugo Moyano y los trabajadores de la alimentación de Rodolfo Daer, y los petroleros, mineros, portuarios, bancarios, etcétera.
Para el Gobierno es clave cerrar rápido, y con el menor nivel de conflictividad, la paritaria de los metalúrgicos de la UOM, que tienen cita a mediados de marzo, pero que podrían acelerar sus negociaciones. No quieren que se repita lo que sucedió el año pasado, cuando grandes compañías como Techint, Aluar y Acindar tenían cerrados sus acuerdos con alzas promedio del 24% (en sintonía con lo que aceptaba el Gobierno el año pasado), el acuerdo se trabó por la insistencia de un alza de mayor nivel porcentual para los empleados con salarios mínimos.