Piedra libre a los empresarios de Mendoza

De repente quedaron en el foco de una discusión de fondo: ¿Qué tanto hacen por Mendoza y los mendocinos los hombres de negocios? ¿Por qué se corrieron de la discusión pública? ¿Por qué se fueron degradando las entidades empresarias? ¿Se acabaron los hacedores que pensaban en la provincia? El duro equilibrio entre invertir, cubrir costos fijos, pagar los impuestos que crecen, generar rentabilidad lógica, agregar valor, la responsabilidad social, y simplemente sobrevivir.

Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
Foto: Nacho Gaffuri / MDZ

Quince años es muy poco tiempo en la vida de una provincia. Arbitrario como cualquier otro, ese período que va desde los últimos días de gobierno del peronista Arturo Lafalla hasta hoy, una pata importante de la vida económica, social y política de Mendoza se ha ido deshilachando en silencio. El empresariado mendocino -alguna vez pujante y revolucionario- se fue vaciando de representatividad y representación, corriéndose del foco de las discusiones públicas y dirigiendo sus miradas ya sea hacia afuera, ya sea a su propio ombligo organizacional. La sensación es que buena parte de los empresarios se han “borrado”, por un conjunto de razones que van del desinterés al miedo, del “no se puede hacer nada” a la desilusión. Pero la consecuencia de tal actitud es que en Mendoza no se plantean miradas estratégicas sobre la matriz de la producción local, se discuten presupuestos sin aquellos que serán los generadores de la riqueza de la economía regional, no se debate desde nosotros mismos cómo insertarse en la región y en los lugares del mundo apropiados. Mendoza ha duplicado el tamaño del gasto provincial en relación a la riqueza que genera, sin que ello haya implicado una mejora en los servicios que presta el Estado provincial. Las inversiones públicas, indispensables para acompañar el crecimiento económico, nunca fueron más de un escaso 11 por ciento del gasto total y en los últimos tiempos han caído a la mitad de esa proporción. Hace años que se ha abandonado la idea de construir un Estado realmente eficaz y eficiente al servicio de la población y no de los políticos y sindicatos que viven de él.

El gobierno, el poder, los gobiernos, han sabido disparar duro sobre los talones de Aquiles del empresariado mendocino. Muchos fueron cooptados y se subieron a los aviones de Guillermo Moreno en misiones insólitas con el cotillón de “Clarín Miente”, o se enfocaron en negocios ¨bolivarianos¨ que despues no han podido cobrar,  otros optaron por no participar ni aunque los llamen, y la gran mayoría se dedicó a resolver sus asuntos lo mejor posible tratando de no enojar al poder en el mejor de los casos.

“Les falta coraje” dijo hace unos días Alfredo Cornejo, el titular de la UCR, respecto de los empresarios. El reclamo venía a cuento de la discusión del presupuesto 2014, que está al ingresar en la Legislatura provincial. A Cornejo le llamaba la atención la “conducta” de los empresarios mendocinos que habían acudido en masa –y más- a completar el auditorio para escuchar al gobernador de Buenos Aires Daniel Scioli apenas días después de haber perdido las elecciones. Aquella recepción del gobierno provincial al bonaerense con tribuna muy calificada fue la primera vez en mucho tiempo en que se vio al empresariado reunido. Antes, fracasaron numerosos intentos de crear incluso algún tipo de unión o confederación empresarial.

El desvanecimiento de la influencia empresaria de Mendoza fue evidente incluso en los discursos sectoriales que año a año se oyen en las Vendimias ante funcionarios nacionales, en la Cámara de la Construcción, y en muchos otros ámbitos.

 

Pareciera que sólo un puñado de productores viñateros y frutihortícolas han mantenido la voz alta, a fuerza del fracaso constante de sus negocios, que siempre requieren de ayudas, subsidios y créditos blandos.


Los empresarios se han puesto a un costado a la hora de discutir Mendoza, su matriz económica, su modelo regional, y su futuro. La mayoría ha ido perdiendo peso, e incluso imagen, a la luz de muchos negocios que han surcado la provincia. Algunos hombres de negocios alguna vez prósperos o bien conceptuados en la sociedad mendocina, sufren de la gente un trato parecido al de los políticos más desprestigiados.

Bien o mal, los empresarios de Mendoza tienen una historia rica en involucrarse de forma positiva en los asuntos de la provincia. Aunque la idea terminó mal, compraron un banco, e hicieron Fecunda, por ejemplo. Muchos lo hicieron con buena voluntad a pesar del resultado de aquella aventura. En su momento pudieron desarrollar una industria de los alimentos de peso nacional e internacional, incursionaron en la industria metalmecánica con negocios a nivel mundial. Además aportaron ideas, voluntad, inversión, espíritu emprendedor e incluso  algunos hombres a distintos gobiernos de la democracia, que en estos días cumple 30 años. Pero desde entonces las organizaciones empresarias han ido perdiendo peso específico. Al punto que algunos hombres de negocios que comandan asociaciones se quejan airadamente porque se les quiere “transferir responsabilidad” cuando se les pide que discutan aunque fuere el presupuesto. Al Consejo Empresario Mendocino, la Federación Económica de Mendoza, la Cámara de la Construcción, les cabe la crítica igual que a Bodegas de Argentina, la UVA, las cámaras de comercio, agrícolas e industriales zonales y muchas entidades más de la producción, la industria y el empresariado. Han ido reemplazando la mirada crítica, interesada, responsable y leal que aportaba volumen de pensamiento y  valor para Mendoza, por discursos sosos en la mayoría de las oportunidades, o adulones en los casos críticos, mientras entre bambalinas cada uno iba resolviendo su problema: ya sea una traba de Guillermo Moreno a la importación de insumos, alguna carpeta impositiva, acelerar la devolución de IVA trabada más de un año, mover algún crédito del Banco Nación o de bancos amigos del gobierno, y siguen las firmas. Alfredo Cornejo, desde su visión de político preocupado en tanto podría tocarle gobernar a su partido una provincia cuyas cuentas están en rojo, pulsó la cuerda desafinada de la peor música: la melodía gastada y sobona que tocan muchos empresarios desde hace años, mientras la provincia se desgaja sin acertar su modelo productivo, que necesariamente debe complementar o reemplazar al actual antes de que Mendoza se siga empobreciendo.

Es lógico el temor. Nadie está pidiendo actitudes heroicas ni suicidas, aunque hay un límite que es la dignidad personal y social. Pero por suerte Mendoza tiene una institucionalidad sana: Ningún empresario va a ir preso por sus opiniones, aunque sí es posible que sea ejecutado en algún cadalso mediático o deje de ser bien recibido por los estamentos del poder político. El repliegue del empresariado fue acompañado en los últimos 20 años por el crecimiento de algunos hombres de medios con pocos escrúpulos. Fueron la herramienta del poder para conseguir silencios apropiados y adhesiones forzosas, al límite de la mentira y la indignidad.

La responsabilidad empresaria no se agota en mantener un negocio, pagar sueldos, ganar dinero y hacer acciones ambientales que permitan desgravar impuestos. En una sociedad como la nuestra que pretende vivir de algo más que la producción primaria y los servicios, la voz de los empresarios es importante para ayudar a definir el rumbo, hacer aportes, sumar ideas, generar planes de inversiones, atraer socios a la provincia, fomentar nuevos planes de negocios, y –especialmente- trabajar en la nueva matriz productiva de Mendoza. Adicionalmente deben ser quienes colaboren y se interesen en las cuentas públicas. ¿Cuántas pymes mendocinas hay que soportan esforzadamente una carga impositiva fenomenal, que supera el 50 % de sus ingresos? ¿A cuento de qué? ¿Para gastar en qué? La voz de los empresarios es necesaria y ellos no pueden ni deben enmudecerla. No es la única, ni la determinante, pero junto a otras igual de importantes como las organizaciones del trabajo, las sociales, las de bien común -por nombrar a algunas- van a completar junto a la política y el poder del gobierno, que son los que deciden, un mosaico variado y rico que diversifica y enriquece las ideas y la gestión.

Hemos visto y oído hasta al cansancio como una letanía lo bien que marcha todo, cuando todo está mal. Hemos visto cómo algunas de las organizaciones empresarias han sido virtualmente licuadas para que parezca que hacen, cuando en realidad sólo mantienen cada uno la defensa de sus intereses, y apenas. Hemos visto el miedo. Hemos visto cómo los empresarios han decidido no hablar delante de funcionarios nacionales, y cómo apenas si alzan la voz en círculos muy reducidos a cambio del más celoso de los secretos. Hemos visto cómo fondos de inversión, algunos especulativos, se han ido haciendo cargo de las bodegas y de las “joyas de la abuela” de la industria madre de los mendocinos. Después, desde los atriles nos describen una Mendoza que no existe.

La provincia “virtual” donde no pasa nada y donde no se habla de los asuntos importantes porque es mejor no enojar a nadie tiene nombres, apellidos, y en algunos casos cómplices. Cada uno de ellos sabe las responsabilidades que tuvo y que tiene. Algunos podrán decir “nos comprometen” o “tenemos miedo” y algo de razón les asiste: muchos empresarios mendocinos que suelen ser críticos del actual estado de cosas fueron prolijamente dejados de lado en las tertulias oficiales, incluida la que se armó para que Daniel Scioli hablase de sus bondades ante los hombres de negocios, como un presidenciable.

Mendoza tiene discusiones pendientes de las que los empresarios se han hecho a un lado, salvo que se tocase algún interés sectorial. Nos debemos la discusión de la minería, el agua, la energía, la clase de inversiones que queremos, la industrialización del campo, y más profundo aún, la salud, la educación, y la cultura de Mendoza. ¿O los empresarios no ven afectados sus negocios cuando el Recurso Humano que les llega es de pésima calidad? ¿O las empresas no sufren cuando se aumentan los impuestos, cuando se subejecuta la obra pública, cuando hay más y más deuda cada año?

Los empresarios de Mendoza deben desandar el camino del descompromiso y unirse, para buscar entre todos, con las fuerzas del trabajo, la política, las universidades, las ONG, un camino para Mendoza que sea distinto del estrangulamiento fiscal y el estancamiento económico. No pueden estar ausentes del debate de la Mendoza que ya está transcurriendo con muchísimos problemas. Deben dejar el radio pasillo de las notas sociales y saltar al escenario grande para discutir el futuro. Tienen obligaciones en este sentido. Lo bueno es que son muchos los mendocinos que se han dado cuenta de este otro déficit que nos aqueja, y que lo están señalando. Piedra libre, entonces, para los empresarios de Mendoza. Tienen tarea que hacer, y ya no hay tiempo ni excusas para evadirla.