La pregunta es: ¿Quién va a tomar las decisiones?

Jorge Capitanich será el equilibrio entre la radicalización de Kicillof y el reclamo de racionalidad económica para atender la inflación, el déficit público creciente, el tipo de cambio y la caída de reservas. Entretelones de lo que pasó y especulaciones sobre lo que viene.

Apuntes con la noticia en caliente: la clave es quién ganará la pulseada. El economista racional y peronista Jorge Capitanich, o el marxismo verborrágico de Axel Kicillof. Los cambios en el equipo económico marcan una enorme contradicción desde el inicio entre el nuevo ministro de Economía de la Nación, un joven camporista de apariciones exaltadas y autor de muchas de las medidas económicas de los últimos tiempos; y el pensamiento económico del designado Jefe de Gabinete Jorge Capitanich, un gobernador que ya volvió del infierno cuando fue jefe de ministros de Eduardo Duhalde en 2002, en plena crisis. “Cocki”, como le dicen sus amigos, es un economista racional que cree en las inversiones, en que hay que atacar la inflación, reducir el déficit, generar confianza, y tejer lazos. Kicillof promovió la apresurada estatización de YPF y apoyó cada medida de control implementada por Guillermo Moreno, todas de nulo resultado. Y cree que hay que profundizar el modelo en lucha con los “poderes concentrados” de la economía.

Apenas había pasado una hora y media desde que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner había aparecido al mundo en un video de tintes caseros, saludando a los argentinos por su propio regreso tras 48 días de convalecencia, cuando llegaron los anuncios. Entretando, vimos una presidenta emocionada y sensible, tranquila, que jugaba con peluches y un perrito llamado Simón que fue “trending topic” en Twitter un buen rato. El vocero Alfredo Scoccimarro fue el encargado de dar la información sobre los cambios, y desató todo tipo de especulaciones. Eso sí, nadie puede a ciencia cierta decir cuál será el rumbo de la economía. Si Kicillof le reportará sólo a la presidenta, hay que esperar algunas de las medidas que el joven ministro promueve, como un dólar desdoblado. La divisa tendrá un valor transaccional para exportaciones e importaciones, y uno mucho más alto para turismo, finanzas y compras de lujo. Todo eso estará bien para el relato pero no resolverá el problema. Distinto es si Kicillof debe rendirle cuentas a Capitanich. El gobernador “es” los gobernadores a excepción de Scioli, tiene sólidas relaciones políticas y empresarias, experiencia política aunque se formó toda la vida como economista y cree en el industrialismo inteligente, pero como peronista, es decir, con controles y participación del Estado y con fuertes políticas de promoción y fomento. No hay que olvidar además que el jefe de gabinete tiene amplios poderes para administrar el presupuesto y que también es jefe del ministro de Economía, poderes que Abal Medina no usó más que para el Fútbol Para Todos y la pauta de publicidad oficial.

A pesar de los buenos antecedentes de Capitanich, las primeras repercusiones en el “mundo real” de la política y la economía no alcanzan para compensar  el “Efecto Kicillof”, una persona que en función de su formación marxista adaptada al kirchnerismo puede hacer cualquier cosa, en cualquier momento, en materia económica, claro. Algo es seguro. Las principales empresas argentinas deberán prepararse a completar todo tipo de planillas que les pedirán desde Economía. El monitoreo será asfixiante.

Sea quien fuere el mandamás de la última etapa de Cristina Fernández como presidenta de la Nación, la argentina tendrá que hacer cosas urgentes. Por más que haya un “dólar castigo” a los que viajan o compran autos de lujo, eso no es el grueso de la economía. Deberán llevar el dólar comercial, el del agro, el petróleo, las exportaciones, a ocho pesos o más. Pero para ello deberán contar con un plan económico en serio, de lo contrario la devaluación arrastrará aún más inflación. Habrá que generar confianza para que haya inversiones, y hacer lo que el peronismo nunca quiere hacer: un ajuste fiscal de proporciones, porque el desfasaje sólo puede generar otra gran crisis, si se profundiza lo que se gasta versus lo que se recauda. La gran pregunta es quién impondrá la receta  quién hará las veces de cocinero.

Los cambios en el resto del equipo son importantes también. Que Moreno se quede a pesar de los dislates económicos que ha hecho y que a cambio se vaya Marcó del Pont, que apenas el viernes reconoció que se debía hacer algo con la inflación; es un signo de la profundización.

Kicillof, el nuevo ministrro de economía.

 

Al Banco Nación va un joven camporista de frecuente contacto con Máximo Kirchner: Juan Ignacio Forlón, y al Banco Central de la República Argentina va un funcionario de escaso peso en el mundo económico: el mendocino Juan Carlos Fábrega, un hombre con 44 años de bancario y muy amigo de Néstor Kirchner. Fábrega es un empleado del Banco Nación más apegado a la burocracia que a las transformaciones. En términos de peso económico es el “4 de copas” de la baraja, mucho menos prestigioso y conocido que Marcó del Pont. Ni que hablar respecto de otros presidentes del BCRA como Martín Redrado, Aldo Pignanelli, y tantos otros. La política cambiaria será resorte de Capitanich, o de Kicillof. Jorge Oviedo, en el diario La Nación, cuenta que “Fábrega está cerca de la jubilación y hasta ahora se negó a convalidar las locuras de Moreno, como cuando quería que el Banco Nación comprara los Baade a los empresarios que trajeran por esa vía dólares del exterior a un valor en pesos que igualaba al del dólar blue” dice. “No parece que se haya vuelto más permeable que antes a las embestidas de Moreno, que a Marcó del Pont le costaron discusiones a los gritos y hasta algún pico de presión arterial” afirma el periodista, especialista en el seguimiento de los temas económicos.

¿Quién mandará? ¿Kicillof o Capitanich? Hay una anécdota que Capitanich contó en Mendoza meses atrás, en ocasión de una visita. Dijo que cuando ganó Cristina en 2011 era el momento de hacer cambios, transformaciones racionales, como tener un tipo de cambio competitivo, equilibrio fiscal y que debía conseguirse un nivel de inversiones del 30 % del PBI. El kirchnerismo le dio la espalda y por largo tiempo ni le regresaron las llamadas.

La presencia de Capitanich como jefe de Gabinete apunta a poner el foco en la economía. Tal vez el nuevo ministro Axel Kicillof no esté eximido de controles y no reporte sólo a la Presidenta, como hasta ahora. Hasta hoy ejerció de “ministro” siendo el vice.  El ascenso de Kicillof mueve a pensar que habrá tipos de cambio múltiples como ha venido sosteniendo hasta ahora el ex gerente general de Aerolíneas. También habrá controles de rentabilidad y aumento de los pedidos de informes y de planillas a las empresas. Antes del ascenso de Kicillof circularon las ideas de incorporar figuras como Mario Blejer y Aldo Ferrer. Pero las ideas no pasaron de allí.

Capitanich tiene buena relación con los gobernadores. Anoche había varios contentos con su ascenso. Parecen depositar en “Cocki” la esperanza de que sea quien filtre las ideas radicalizadas de Kicillof y La Cámpora. Es que bastante castigadas están las economías regionales como para los experimentos y los hombres del interior lo saben.

Kicillof es el autor de las decisiones económicas más trascendentes del Gobierno, aunque ha sido criticado por apoyar las ideas de Guillermo Moreno que no tuvieron éxito, como los controles de precio en supermercados.

El nuevo ministro de Economía ganó poder en áreas sensibles de la economía a expensas de Julio De Vido, ministro de Planificación, que no obstante fue ratificado. Kicillof hizo en el último año un fuerte desembarco en el campo de la energía: tomó posición estratégica en el directorio de YPF, el mercado de combustibles, Cammesa, Enarsa y es titular de la Comisión de Planificación y Coordinación del Plan Nacional de Inversiones Hidrocarburíferas, describe el diario LA NACIÓN.

Faltan horas para que asuman los nuevos funcionarios. De algunos ya se sabe el destino. El ahora ex ministro de agricultura Norberto Yauhar se instalaría en Brasil como agregado económico en la embajada, para los temas que tienen que ver con la producción agraria.

Las especulaciones políticas acompañaron la incertidumbre económica anoche hasta bien entrada la madrugada de hoy. Un gobernador peronista de consulta frecuente dijo a MDZ que ahora “el que era número puesto, va por lo menos al repechaje”, en referencia a Daniel Scioli. La interpretación sobre la plena derrota política del gobernador bonaerense recorría anoche las redacciones y las oficinas de los funcionarios.

Un ex gobernador peronista que salió victorioso en las últimas elecciones y que supo llevar a Capitanich a su provincia como ejemplo de “joven brillante” cuando ambas amagaban ponerse a un costado del kirchnerismo, dijo que si el gobernador de Chaco había aceptado hacerse cargo era porque “va por todo”. La explicación fue simple. “Cocki es un muchacho con ambiciones importantes. Si aceptó es porque va a ser el sucesor de Cristina” dijo.

Es la primera vez que el kirchnerismo tiene un jefe de gabinete fuerte, con votos y poder y discurso propio y de excelente relación con los gobernadores. Ni Alberto Fernández, ni Sergio Massa en 2008 ni Juan Manuel Abal Medina ni antes Aníbal Fernández tuvieron esas características. Esta designación eminentemente política y con un ojo en la economía… ¿anticipa una Cristina más reposada y alejada de la gestión diaria? Habrá que ver. Ahora, hay problemas mucho más urgentes.