Lo que vendrá (previsiones sobre 2013)

Dice Enrique Bollati: "La primera opinión se apoya en la propia condición económico social, mientras que la segunda hace hincapié en lo institucional"-.

Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

Lo mío es opinión pública; estudio cómo “laten” los estados de ánimo y opinión de los distintos grupos de población y hago algunos análisis sociopolíticos basándome en los movimientos de esa opinión, de modo que no esperen leer aquí previsiones económicas y menos a cuánto va a cerrar el “blue” en julio; nada de eso.
 
En materia de opinión pública hay de todo: cosas que pasan y que son advertidas casi instantáneamente; otras que tardan un mayor o menor tiempo en ser advertidas, otras que son sobre o subdimensionadas, de acuerdo al espacio que ocupen los actores, etc.

En febrero del 2012, por ejemplo, empezamos a llamar la atención acerca de un cambio del “humor social”, un empeoramiento que en alguna medida esperábamos, dado que era natural que la euforia electoral de quienes votaron al kirchnerismo descendiera y, por otra parte, era natural que el 45% que NO lo votó se sintiera más frustrado que en octubre, cuando todavía podía quedar alguna esperanza de que algún sector de oposición tuviera una performance algo más destacada.

Y esto sin contar algunos problemas muy concretos que enturbian la diaria y nos ponen con “mala onda”: inflación (un punto que esperábamos ver influir) y crecimiento de los delitos violentos, uno que no previmos, sólo por mencionar algunos.

Bien, la cosa es que ese mal humor fue creciendo hasta agosto inclusive y, con ello, arrastrando hacia abajo a las percepciones de las gestiones nacional y provincial, excepto un “veranito” en mayo, producto de la reestatización de YPF (su transformación en SAPEM, para ser más exactos), que fue muy bien recibida. Sin embargo la tendencia seguía siendo decreciente.

Hasta agosto, decíamos, porque ya a principios de septiembre comienza a mejorar leve pero constantemente. En realidad se producen dos fenómenos simultáneos y aparentemente contradictorios: por un lado el humor general mejora, por otro lado quienes estaban más enojados se enojan aún más. Es APARENTEMENTE contradictorio, poprque no debemos perder de vista que “la gente”, como tal, no existe; lo que existen son DISTINTOS grupos de ciudadanos con intereses y percepciones distintos y lo que tratamos de obtener cuando hablamos de una percepción “media” es eso, una media.

Uno de mis profesores decía que la estadística es esa rara ciencia por la cual si Ud. comió 2 pollos anoche y yo ninguno, ambos cenamos bien.

Algo así ocurre con esto; haciendo números gruesos, diríamos que 1/3 de la población está, en general, bastante satisfecha con el curso de la situación económica y política, mientras en el otro extremo hay otro tercio que está bastante enojado y de los que un buen grupo cada día se enoja un poco más. En el medio hay otro tercio que la mira pasar sin tenerla tan clara: no confían del todo en el gobierno pero tampoco confían en lo que se dice en contra del gobierno, porque los días pasan y los pronósticos apocalípticos no se cumplen. Como con la famosa seudo profecía maya, ¿sí?

¿Conclusión? A pesar del 13S, del 8N, del fallido 7D, etc., el humor social, COMO MEDIA viene mejorando desde principios de septiembre lenta pero constantemente, mientras que el de un grupo importante ha venido empeorando: la media sube, pero un sector numeroso sigue la tendencia contraria.

¿Es esta una tendencia irreversible? NO; ni irreversible ni ineludible, pero sí digna de ser tenida en cuenta, ya que de mantenerse podría sorprender a muchos por sus consecuencias.

No olvidemos que TODOS vivimos en “microclimas”; nos juntamos y hablamos con gente que, con diferencias, tiene percepciones similares de modo que tendemos a creer que lo que opina este grupo de referencia o pertenencia es lo que opina el conjunto y a veces pasa que “los otros” están viendo otra película.

Nuestro trabajo, como investigadores de opinión pública, es tratar de salirnos de nuestro propio microclima y tratar de ver qué es lo que pasa “en la media”, como saldan estas posiciones encontradas.

¿Y qué puede pasar en 2013? Diría que comencemos hablando de lo que produce la satisfacción o la insatisfacción. Todos (casi sin distinción) perciben a la inflación como el problema más importante, y no es casual: esto es Argentina, acá vemos una remarcadora y temblamos; tenemos una vasta experiencia en eso… Sin embargo unos se sienten satisfechos y otros no.

¿Qué dice sobre esto alguien que está satisfecho? Que la inflación es un problema cierto pero que a él no lo ha afectado tanto o, en otras palabras, que su poder adquisitivo no se ha visto tan afectado.

¿Y qué dice alguien que esté insatisfecho? Que lo de Moreno es intolerable y que está furioso con que le sigan mintiendo con los números de la inflación.

Esto es a trazos gruesos; en la calle hay tantas opiniones como personas, pero esta pintura a trazo grueso pone en evidencia la primera gran diferencia de percepciones: la primera opinión se apoya en la propia condición económico social, mientras que la segunda hace hincapié en lo institucional: le molesta “que le mientan” o, dicho en otras palabras, rechaza el estilo de gestión.

¿Y quién tiene razón? Ambos y ninguno: son percepciones y hay nada más subjetivo que una percepción. Pero marcamos una diferencia importante: lo institucional. Un sector numeroso está molesto, disconforme con los modos, con las maneras de la gestión nacional, con la forma de hacer política del kirchnerismo.

¿Y esto es preocupante? Mi respuesta inmediata es “De ninguna manera”. Primero que no hay antecedentes de una gestión con aceptación total y segundo es que si el grupo de disconformes crece, entonces habrá otra gestión de distinta naturaleza, de otro estilo, que suceda a la actual. Y esto va a pasar de cualquier manera, ya que más allá de la febril imaginación de las Diana Conti, la gestión de Kristina tiene fecha de vencimiento para diciembre de 2015, y eso es inamovible.   

Habrán notado que obvié analizar la posibilidad de un “estallido social” o cosa parecida, y es poruqe de ninguna manera una posibilidad como esa está en el horizonte inmediato; sólo tenemos gente a favor y en contra y ningún grupo extremista que merezca consideración en ninguno de los dos bandos.

Hsace unos días mi amigo Carlos La Rosa recordaba una frase de Perón a su regreso en el ‘73: “Argentina está muy politizada pero tiene poca cultura política.” La cita me pareció muy oportuna y muy actual. En 2012 hemos visto salir a la calle a sectores que no tienen la historia o la costumbre de manifestarse públicamente, y esto es -a mi juicio- muy auspicioso, ya que uno de los principales objetivos deseados de la democracia es que se escuchen TODAS las voces, de modo que mientras más voces se hagan escuchar debería ser mejor para todos.

La gente que salió a la calle en septiembre y noviembre no es golpista ni destituyente; parece una perogrullada tener que decir esto pero a veces es necesario recordarlo. Claro que hubieron exaltados; siempre los hay, pero no era el grupo mayoritario: sólo es un grupo que tiene una opinión distinta y que hace demandas, y que no se las hace a la oposición, sino al gobierno (Lógico, ¿a quién, si no, al párroco?).

Espectacular: una naciente expresión política que se pone de manifiesto, no podríamos pedir nada mejor.

Y los verdaderos intentos “cuasi desestabilizadores” (saqueos express y esas yerbas) no tuvieron adscripción de ninguno de los bandos, de modo que insisto en que no hay ninguna posibilidad cercana de crisis o estallido social.

¿Qué podemos esperar, entonces de 2013? Y... va a ser una tiempo movidito, tanto de uno y otro lado, vamos a ver más confrontaciones políticas que en 2012 que esperemos que crezcan en madurez de ambos lados, aunque seguramente vamos a seguir viendo algunas lamentables (eso es casi ineludible) pero no veo con preocupación el 2013 sino con buenas expectativas y sigo pensando que nuestra preocupación fundamental como ciudadanos en insistir en poner sobre la mesa los grandes temas, los de futuro.

En Mendoza nos urge un análisis en profundidad sobre uso del agua, un buen marco para desarrollo energético y productivo, incluyendo regalías mineras (que no estamos cobrando) y un esquema de desarrollo minero inclusive. En otro orden continuar con la discusión sobre las reformas política y constitucional y los otros 82 temas serios que seguimos teniendo pendientes.   

Por Enrique Bollati