Carta cerrada

La discusión sobre una eventual reforma constitucional que habilite a un tercer mandato a Cristina Kirchner nació de dos gobernadores y un intendente, pero trepó rápido. Los intelectuales de "Carta Abierta" ya no son confiables, pero hicieron su aporte.

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Una nueva construcción político-mediática revivió la discusión por una eventual reforma de la Constitución que habilite a Cristina Kirchner la posibilidad de presentarse para un tercer mandato.

Decimos una construcción porque se trata de eso, de un intento deliberado de instalar una discusión artificial, tanto en el fondo como en la forma. Esto no significa, lo aclaramos pronto, que no exista la más mínima posibilidad de imponerla en otro contexto, lo que explicaremos más adelante, sí que existen intereses específicos que explican el “revival” del asunto aunque hoy luzca cuanto menos difícil de concretarse.

En primer lugar, la discusión regresó a caballo de algunas declaraciones que mencionaron lo deseable de una reforma constitucional en Mendoza y Neuquén. Fueron los gobernadores de estas dos provincias los que hablaron impulsados por su necesidad, probablemente, y usaron una reforma nacional para que los arropara. Un intendente del Conurbano habló este martes en el mismo sentido. Sobre esta base una nota del diario “La Nación” dio cuenta de una inminente proclama del colectivo "Carta Abierta" que, según la interpretación de la cronista, aludía a una reforma constitucional que, incluso, debería contemplar la relección de la Presidente, apuntó el diario de la familia Saguier-Mitre.

"Carta Abierta" se ha ido ajando en el último año porque algunos de sus integrantes, en particular José Pablo Feinmann, cometieron algunos “pecados” imperdonables, según la mirada de Cristina Kirchner. El exceso de independencia intelectual de Feinmann, y también su exacerbado ego, produjeron un libro, "El flaco", en el que el filósofo y escritor se tomó la libertad de reproducir el contenido de algunas conversaciones con el ex presidente Néstor Kirchner a comienzos de su gestión. La Presidente despotricó contra la "traición" de Feinmann, la que terminó de convencerla de lo inconveniente de conservar cerca suyo a pensadores inorgánicos. En la presentación de su libro “Peronismo. Filosofía política de una obstinación argentina”, el autor de "Últimos días de la víctima" admitió que se le hacía "muy difícil adherir al gobierno de dos millonarios que te hablan de hambre".

El "castigo" del ostracismo del poder para Feinmann, algo que no debe añorar, se aplicó entonces a todo el grupo de intelectuales de "Carta Abierta", que desde hace un año no emiten documentos sobre la realidad nacional. 

La parte de la nueva "carta" que publicó "La Nación" dice: "Lo que está en juego no es poco. No se trata de una oscura disputa de poder, sino de la posibilidad de que lo sucedido no sea liquidado por los agentes de la repetición ni conjurado por las fuerzas múltiples y extendidas del conservadurismo argentino, presentes tanto al interior como fuera de la alianza electoral triunfante".

Que "lo conseguido" por el modelo "no sea liquidado" por la derecha de adentro y de afuera del kirchnerismo, sería la síntesis de ese párrafo.

Ante la repercusión de aquella nota, algunos integrantes del colectivo que se reúne los sábados en la sede de la Biblioteca Nacional salieron a explicarse, pero su respuesta no ocupó el mismo lugar y la misma extensión. Carlos Girotti explicó que "Carta Abierta" está "en un debate en curso, y en ese debate el acuerdo unánime de la asamblea es sobre la necesidad de impulsar la reforma de la Constitución". De hecho, recordó que el grupo integra el Movimiento por una Nueva Constitución Emancipadora. ¿A qué se refiere Girotti? Al movimiento de opinión cuyos referentes son Ricardo Forster, el juez de la Corte Eugenio Zaffaroni, el constitucionalista de izquierda Eduardo Barcesat y el líder de MILES, Luis D’Elía, entre otros, que ya han celebrado varios encuentros en la Capital y en varias provincias.

No obstante, en la última reunión, en la que se leyó el borrador de la "Carta 12", la asamblea decidió quitar una referencia explícita sobre la necesidad de la reforma y sólo aprobó el párrafo mencionado, que finalmente publicó "La Nación".

Hasta aquí, los hechos. En relación a la reforma existen distintas alternativas. Zaffaroni se ha expresado a favor de unos cambios en la Ley Madre que permitan el desarrollo de un sistema parlamentarista, con una figura presidencial casi protocolar al estilo del sistema alemán. No es ésta la opción preferida por otros impulsores de una reforma, que imaginan un traje a medida para la continuidad de Cristina en el poder.

Pero para que esto ocurra, para que se convoque a una Asamblea Constituyente, hacen falta los dos tercios de los votos de todos los diputados y los senadores. Todo indica que, aunque la elección de mitad de mandato, en 2013, le permita al "cristinismo" renovar y hasta superar las bancas ganadas en la magra cosecha de 2009, difícilmente consiga esos apoyos.

Entonces, ¿qué se está discutiendo cuando se habla nuevamente de reforma constitucional? Se discute anticipadamente un escenario futuro, ese en el que el oficialismo se imagina arrasando en las urnas el año próximo, acumulando un caudal de votos que le permitiera reunir una cantidad  de legisladores suficiente para forzar la convocatoria a la Constituyente. No parece probable que eso ocurra.

Quienes desde el Gobierno deslizan que no existe la menor posibilidad de poner en práctica una reforma no son enfáticos. Dicen que “no está en la agenda” del Ejecutivo. No, por ahora, sin duda. Pero “cuando suena el río, piedras trae”, advierte el dicho popular. Y las piedras vienen en forma de declaraciones y versiones que nunca son del todo desmentidas. ¿Por qué? Porque resulta tan conveniente para unos como para otros. El "cristinismo" necesita que, consiga o no la mentada reforma, se hable de su posibilidad. Mantiene entretenidos a todos, tanto a propios como a extraños. Y la oposición política y mediática tiene en esa eventualidad un fantasma a la medida de este Gobierno "autoritario y hegemónico",  como suele calificarlo.

Finalmente, en el propio Gobierno advierten que la fuerte ofensiva desplegada contra algunas de sus principales "espadas" responde al hecho de que no existe un heredero "natural" de Cristina, y a que ella "no tiene pensado" permanecer en el poder más allá del 2015. No hay herencia y Daniel Scioli cada día menos es la última opción. Encarna a esas “fuerzas múltiples y extendidas del conservadurismo argentino, presentes tanto al interior como fuera de la alianza electoral triunfante”, como sostienen los redactores de "Carta Abierta", esos intelectuales que no son tenidos en cuenta en la "mesa chica" del poder poskirchnerista. Que buscan volver para ser la voz de un movimiento que no muestra la vitalidad de la primera etapa, cuando "El Flaco" hacía política metiendo los pies en el barro del Conurbano.

*Director de gacetamercantil.com