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Daniel Scioli llegó a creer que realmente el Gobierno nacional buscaba su renuncia. Desde que Gabriel Mariotto fue designado para acompañarlo en la fórmula bonaerense, el año pasado, siempre tuvo claro que debía perdurar. Es la estrategia que se dio para llegar. ¿A dónde? Adonde la vida lo lleve. El mandatario bonaerense no se plantea cuestiones demasiado profundas ni a largo plazo, y vive el momento. Lo que se refleja en el modo como hace política.
Esta característica del gobernador exaspera a muchos. La lista es larga, pero sus integrantes más prominentes podrían ser Héctor Magnetto, el CEO de Clarín, y Hugo Moyano, el todavía titular de la CGT; y se completaría con muchos de los principales empresarios de la Argentina, incluso algunos que se han beneficiado –y se benefician– de su relación con el eterno candidato a liquidar al kirchnerismo.
Scioli sabe que, si decide dar el salto mortal, contaría con un enorme respaldo superestructural, tanto de los medios opositores como de aquellos que desde el sindicalismo y del empresariado se vieron instalados en la vereda de enfrente de Cristina Kirchner, muchas veces más por la propia voluntad de la Presidente que por la de ellos mismos.
La Argentinaque salía del infierno para instalarse en el purgatorio, según afirmaba Néstor Kirchner, se convirtió en un verdadero paraíso para ellos. Algunos empresarios amigos se quedaron con interesantes negocios, y el líder camionero creció al compás del rebote de la economía y su relación privilegiada con el Presidente. Pero desde la desaparición física de Néstor el país comenzó a parecerse, ahí sí, al inframundo de Lucifer. Porque, a pesar de que no deja de homenajear cada una de las decisiones que tomó su esposo, su viuda no ha dejado de encaminarse a profundizar de tal modo aquel “modelo” que para muchos parece haberse pasado al otro lado, según una visión casi humorística del vuelco dado.
Scioli ha venido “surfeando” la política en un simil de lo que hacía como motonauta sobre las olas reales de los mares y ríos del mundo. Carlos Zanini, el “adlater” político de la Presidente, sugirió que era momento de probar los anticuerpos del gobernador apuntando a los “pies de barro” de su gestión. Y allá fue Gabriel Mariotto, el vicegobernador “cobosiano” de Scioli, a cumplir la orden de dispararle bajo la línea de flotación. Lo sistemático del ataque, tanto el político como su reflejo en la red comunicativa oficial, “lo convencieron a Daniel de que había un intento por correrlo”, apuntan cerca de Scioli. Aunque es probable que sus portavoces estén haciendo ahora lo que mejor le sale al sciolismo: victimizarse, está claro que pasaron momentos de zozobra porque ninguna de las otras operaciones del oficialismo tuvo la virulencia de la llevada adelante en las últimas semanas.
Quienes desprotican contra Scioli delante de Cristina le señalan el hecho de que maladministra una provincia que, sin la ayuda nacional, se vería fagocitada por un vórtice de violencia social. Claro que tal escenario se tragaría también al Gobierno central, de lo cual bien pueden dar cuenta varios ex gobernantes.
La dura y persistente ofensiva del cristinismo contra Scioli dejó, sin embargo, algunas enseñanzas. El Gobierno nacional se salió de cauce en esta crisis, en un contexto en el que la economía se empantana por el impacto de la debacle internacional y el “fuego amigo”. ¿Usó a Scioli y el medio aguinaldo para tapar el freno violento de la actividad económica? No es improbable. Pero, a pesar del interés permanente y estratégico de “atender” al mandatario provincial, finalmente el único anotado con posibilidades en la carrera por el 2015, el propio Zanini parece haber caído en la cuenta de que el ex motonauta “engordaba” en la medida en que permeaba en la sociedad la certeza de que, más allá de si es un buen o mal administrador, lo cierto es que Cristina se estaba ensañando con él. Esto no convierte a Scioli en Charles De Gaulle, pero los colaboradores de CFK percibieron que peligrosamente podía instalarse en el imaginario popular la idea de que la Presidente bien podría ser Cruella De Vil.
Si el 2015 está lejos, el inicio de la campaña para las legislativas del año próximo está a la vuelta de la esquina. Atorar a Scioli puede ser un objetivo natural para condicionarlo todo lo posible para las presidenciales, pero es arriesgado acelerar los tiempos. Lo que más importa al oficialismo es profundizar la operación iniciada en 2011 para los últimos comicios, esto es, llenar de candidatos cristinistas las listas de todos los distritos.
Un buen ejemplo es el de la diputada Luz Alonso, que llegó a la Cámara baja desde La Pampa en las listas del Partido Humanista pero en realidad pertenece a “La Cámpora”. La Presidente le dio 5 minutos de fama en la reciente inauguración de Tecnópolis, cuando la felicitó por haber participado junto al gobernador de su provincia, Omar Jorge, en las negociaciones para reabrir un frigorífico.
A finales de 2011, Alonso fue protagonista de un escándalo: el candidato natural a la gobernación, el senador Carlos Verna, un peronista de larga trayectoria, renunció a su postulación a horas de cerrar las listas cuando Zanini le envió desde la Casa Rosada la lista de candidatos a diputados nacionales que incluía a Luz Alonso. El terremoto en suelo pampeano dejó heridos, pero Cristina ni se inmutó. Si en una situación de aparente debilidad como esa porque no contaba con una fuerza política desde la cual hacer pie, ella forzó decenas de candidaturas, propios y extraños ya se imaginan una “tour de force” de sus operadores por todo el país para cerrar listas en las que solo habrá lugar para algún que otro candidato de los oficialismos locales. Y todos los demás serán ocupados por aquellos que respondan de manera directa a la Presidente.
Claro que para que esto sea realidad deberán sortear dos obstáculos, al menos por ahora importantes. Cristina no dispone de decenas de candidatos para ocupar la mayor parte de los lugares. Y tampoco tiene operadores como los que la ayudaron en las maniobras previas al 23 de octubre pasado. Sin que se cumplan estas dos condiciones, la mandataria deberá disponer de otras herramientas para acumular poder y para alinearlo detrás de los candidatos del poskirchnerismo. Otras herramientas más allá de la pura caja, naturalmente.
Si es cierto lo que indican algunas encuestas serias, que Scioli no ve crecer su imagen negativa a pesar de las sucesivas crisis, también lo es que nada estará dicho en política hasta que no se arribe a las playas del primer semestre de 2013, donde el estado de la economía estará llamado a derribar o a mantener las aspiraciones de unos y otros, sean opositores u oficialistas. Hasta entonces cualquier opinión estará entre paréntesis.
* Director de gacetamercantil.com