El entorno de Néstor Kirchner extraña el perfil más humano de su líder. Lo recuerda menos distante que la Presidenta y refiere, de vez en cuando, algunas de sus bromas. Por ejemplo, un gesto recurrente que resultaba para cualquier interlocutor garantía de confianza con el jefe: delante de una caja de seguridad o un fajo de billetes, Kirchner cerraba los ojos e hinchaba los pulmones, risueño y absorto, como si aspirara frente a un jardín de rosas.
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