Todas las cosas tienen la forma de Néstor

Francisco Olivera, en La Nación.

El entorno de Néstor Kirchner extraña el perfil más humano de su líder. Lo recuerda menos distante que la Presidenta y refiere, de vez en cuando, algunas de sus bromas. Por ejemplo, un gesto recurrente que resultaba para cualquier interlocutor garantía de confianza con el jefe: delante de una caja de seguridad o un fajo de billetes, Kirchner cerraba los ojos e hinchaba los pulmones, risueño y absorto, como si aspirara frente a un jardín de rosas.

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