Desperonizar a Cristina

Dante Augusto Palma en Veintitrés.

Uno de los debates más interesantes de estos últimos años gira en torno a la necesidad de poder definir la identidad del kirchnerismo. Tal controversia involucra no sólo a sectores cercanos al Gobierno deseosos de dar sentido a su pertenencia, sino también, claro está, a sectores críticos o visceralmente opositores ansiosos de identificar las características, el núcleo y los límites del adversario.

Sin embargo, el kirchnerismo, quizá tanto como lo fue en su momento el peronismo, aparece como un enigma o, en todo caso, una identidad compleja, en proceso, abierta y vertiginosa. Se lo critica por derecha especialmente cuando pregona por un Estado activo, promueve leyes culturalmente progresistas y enfrenta la problemática de la inseguridad lejos de los cánones de la histeria impulsiva de la mano dura; asimismo, se lo critica por izquierda cuando se lo acusa de que la reivindicación de un Estado fuerte sólo promueve una burguesía nacional comprometida con el sistema capitalista, y se indica que su política de derechos humanos es sólo una mascarada que esconde la intención de reprimir y perseguir a los luchadores sociales. En esta línea, justamente, hace algunas semanas, la propia Presidenta señalaba que si recibía críticas por derecha y por izquierda era, precisamente, por ser peronista y es en este punto donde me quiero detener pues tal afirmación interpela no sólo a esos vastos sectores que acompañan al Gobierno (muchos de los cuales, por cierto, no son peronistas) sino también, obviamente, a sus detractores. En este sentido me resulta interesante hacer hincapié en algunas columnas de opinión aparecidas en las últimas semanas en los principales diarios y recoger algunas declaraciones en radio y televisión de referentes políticos.

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