Una historia futura del costumbrismo político podría ubicar el reciente discurso de Boudou como el comienzo explícito de la "era de la desfachatez". Me atrevería a discutir esa fecha fundacional. Boudou merece pasar a la historia, pero el suyo no es el primer capítulo. Su performance decadente y toda su personalidad pública son producto de algo que viene de más lejos. Por cierto, esto no lo exime moralmente, porque eligió ser lo que es.
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