Banco Central, antisemitismo y herencia genética

Ricardo Forster en la edición de esta semana de Veintitrés:

En el horizonte actual de la más absoluta libertad de expresión, esa que se ha desarrollado a lo largo de estas decisivas y complejas décadas de recuperación democrática, podemos ver de qué modo se suceden y multiplican diferentes intervenciones en las que se discute, desde las más diversas posturas políticas e ideológicas, todo lo significativo que acontece entre nosotros. Incluso proliferan textos en los que la diatriba, la descalificación y la lógica del prejuicio se entremezclan con otros que buscan habilitar discusiones serias en un momento históricamente decisivo para la vida de los argentinos. Quizás una de las diferencias principales con la década del ’90 gire en torno a la significación de las palabras y de las ideas que se vuelcan en el espacio público a través de los medios de comunicación. Mientras que en aquella década de la frivolidad y la insustancialidad nada adquiría relevancia ni espesor en un interminable juego de vaciamiento del lenguaje que corría parejo con la desresponsabilización de quien decía o escribía tal o cual cosa, en nuestro presente redescubrimos la vitalidad, la importancia y la densidad del lenguaje y de las ideas que, como no podía ser de otra manera, están en litigio en el interior de la democracia y constituyen una parte sustantiva de la disputa política que, desde hace unos años, atraviesa de lado a lado la realidad nacional. Y eso, insisto, es algo bueno para la propia recreación democrática mientras no se transgredan ciertos límites que, de manera aviesa, guardan la memoria de la infamia.

Leelo completo haciendo clic aquí.