2013: necesitamos saber de qué vamos a vivir

Francisco Pérez tiene por delante aun una importante tarea de reconstrucción provincial. Mal haría el gobierno en distraerse en asuntos menores. Más que nunca, Mendoza necesita un plan estratégico para superar una "siesta" de treinta años y un relato propio, que nos hemos creído.

Foto: Nacho Gaffuri/MDZ
Foto: Nacho Gaffuri/MDZ

Un informe reciente del Consejo Empresario Mendocino revela que si bien la tasa de desempleo mendocina se mantiene estable y más baja que el promedio nacional, los ocupados pasaron de 398.000 en el tercer trimestre de 2011 a 397.000 en el mismo período de este año. El comportamiento contrasta de manera notable con los 30.000 puestos de trabajo creados entre el tercer trimestre de 2010 y el tercero de 2011. Esto quiere decir que el desempleo no es bajo tanto por el dinamismo en la creación de trabajo, sino porque hay una menor tasa de actividad respecto del promedio del país, indica el mismo trabajo del CEM. Es decir, un dato que es mucho más que una simple alarma en la Economía. Mendoza tiene serias dificultades para crear empleo. No es novedoso, se sabe desde hace años, pero cada gobierno que pasa hace eso… “pasa” y el problema sigue, porque no se generan nuevas actividades que contribuyan al crecimiento de la riqueza mendocina. Así, nos encontramos con una provincia cada vez más “flaca”.

Otro estudio, del Instituto Argentino para el Desarrollo de las Economías Regionales, dice que Mendoza paga sueldos del sector privado por debajo de la media nacional, que al segundo trimestre de 2012 se ubicó en los 6.228 pesos. En esta provincia el promedio del sueldo privado llegó en ese momento del año a 5.153 pesos. Ambos datos son del Ministerio de Economía de la Nación.

En Mendoza también tenemos un relato, aunque en él nada tiene que ver Cristina. Nuestro relato es que somos emprendedores, austeros, transparentes, distintos y mejores al resto del país. La mala noticia es que los datos reales, concretos, duros, dicen todo lo contrario.

La situación es muy compleja, porque tampoco se ve en el horizonte una planificación estratégica que le permita a Mendoza salir del estancamiento, con plazos razonables y metas concretas. Es decir, los “qué”, los “cómo”, los “con qué” y los “cuando” se van a hacer las cosas. Hoy, buena parte de la clase política mendocina está más entretenida en las internas partidarias y en los juegos de poder, en los negocios asociados a ello.

Muchas veces en estos años y a través de numerosas notas y editoriales, hemos sostenido que el modelo productivo de Mendoza está agotado, que no genera lo suficiente como para asegurar una vida de bienestar y crecimiento para todos. De hecho, muchos de nuestros conciudadanos no tienen siquiera una vida digna. Son los sometidos desde hace muchos años a la pobreza estructural. Hay una franja intermedia víctima del clientelismo, además, cobrando sueldos públicos que apenas les permiten comer.

El gobierno sabe todo esto. De hecho, en su discurso de apertura de sesiones ordinarias del 1 de Mayo, el gobernador hizo un listado de iniciativas, algunas en formato de promesa, otras, de buenas intenciones, que denotaban que el diagnóstico era certero. Pero la verdad es que llegado fin de año, poco es lo que se puede mostrar más que la concreción del Metrotranvía urbano, la vigorización de una escuálida producción de viviendas durante la gestión de Celso Jaque, y la virtud de que las cuentas no se han disparado. Es decir, ha recaudado más y mejor, el endeudamiento público aprobado este año no es mucho mayor que el del año pasado aunque el gasto sí va a crecer. Mendoza de por sí es deficitaria, por lo que se ve. Y parece que la única forma de resolverlo es con más endeudamiento y más impuestos.

El contexto es pobre. El país ha pasado un año de escaso crecimiento con inflación alta. El 2013, según los que hacen pronósticos de la Economía, podría mejorar un poco pero nunca a las tasas del período 2003-2007. El mayor generador de empleo en el país ha sido el Estado, por paliza. Lo mismo ha ocurrido en Mendoza.

La tarea que tiene Francisco Pérez por delante en los tres años que restan de su gestión y transcurrido casi un año de “asentamiento” no es menor. Tiene que reconstruir lo que recibió, mejorar lo que hay en lo que se pueda e iniciar reformas estructurales, pero siempre con el objetivo de ensanchar la base generadora de riqueza de Mendoza.

Mendoza tiene colapsados sus sistemas de transporte, el de energía eléctrica, el de agua, el déficit de viviendas es alto aunque hay que reconocerle al IPV que con la nueva gestión ha mejorado un poco la provisión de casas. No se genera suficiente empleo y el que existe se paga peor que en el resto del país. A ello hay que sumarle un sistema de salud público en el que no se ha mejorado prácticamente nada este año, una educación en crisis de contenidos y de valores y la violencia social en ascenso: hubo 139 homicidios este año, entre ajustes de cuentas y delitos contra la propiedad o contra las personas. Es más que el año pasado.

Es obvio que la provincia necesita de un plan estratégico en varias etapas, reformas importantes en estructuras obsoletas como Salud y Educación, y dentro de aquel plan mayor, líneas de acción destinadas a ensanchar la base de la economía: industrializar el agro, agregar valor a los productos del campo, diversificar la siembra, resolver de una vez el problema del riego a manto y sustituirlo por el aprovechamiento inteligente y tecnológico del agua, promover nuevas industrias como el diseño de software y desarrollo de productos tecnológicos, para lo que hacen falta más y mejores ingenieros, más ciencias exactas y menos abogados, de los que ya hay más que policías en nuestra provincia. La otra tarea central: encarar de una vez por todas la minería controlada a gran escala y el petróleo, como generadores de renta y valor agregado indispensables para un modelo de crecimiento económico, siempre asegurando que el dinero quede en la provincia.

Entendemos que hay un marco nacional negativo que escapa a las posibilidades del gobierno local actual. El cepo cambiario feroz, las trabas a las importaciones, la ecuación energética negativa, la falta de competitividad general de la economía con un dólar planchado e inflación alta, configuran un cuadro complejo. Lo mismo ocurre cuando se observan la crisis internacional y la falta de confianza en la Argentina, reflejada en un “riesgo país” sólo superado por países en crisis muy profundas, como por ejemplo Grecia. Aun así y aunque Francisco Pérez no pudiese siquiera tomar el teléfono y quejarse a la presidenta, es el gobierno mendocino el que tiene que liderar un proceso de cambio del que aun no se advierten señales. Aunque el contexto sea malo, el plan debe ser mucho más que ejecutar un presupuesto. El objetivo debe ser la transformación y acomodar la provincia para el momento en que el panorama internacional y nacional sea favorable.

Hoy 31 de diciembre, por ejemplo, se acaba el martirio de la Promoción Industrial. ¿A cuántas industrias de las que se han ido a provincias promocionadas hemos ido a buscar para “venderles” Mendoza nuevamente?

La provincia sigue teniendo ventajas comparativas importantes, como su ubicación geopolítica. Pero hay que empezar a reconocer que la idea de una Mendoza distinta, con una clase política mejor a la promedio del país, es falsa. En esta provincia hay acuerdos oscuros entre políticos de todos los partidos, medios de comunicación y empresarios que simulan prolijidad y transparencia, pero que con sus acciones condenan a sus comprovincianos a la miseria mientras ellos se enriquecen de manera descarada. A este panorama se agrega que un grupo importante de mendocinos con recursos y capacidad para influir y que no son parte activa de la corrupción, ha decidido mirar hacia otro lado.

El “crash” de los servicios públicos en el día de Navidad fue una postal de la Mendoza que nadie quiere. Mientras los transformadores saltaban producto de muchos años de desinversión, de política demagógica de tarifas regaladas, y de subsidiar el “capitalismo de amigos” expulsando del país, cuando no de la provincia, a empresas serias; la mayoría de los funcionarios daba explicaciones inverosímiles, muchas veces basadas en la ignorancia más cruda en cuanto a lo que pasa en verdad. El colmo de la “originalidad” fue echarle la culpa a los pronosticadores del tiempo, por el zonda, o escudarse en los organismos de control.

La culpa de lo que pasa no es del calor, la nieve, el viento zonda o el granizo. Tampoco el hecho de que seamos un desierto. El centro de la cuestión es que arrastramos una incomprensible siesta de treinta años que nos impide superar las dificultades y resolver problemas.

Un votante no elige a un gobierno para que haga las tareas de rutina. Los mendocinos, que son conscientes de una larguísima crisis a la que sólo han escapado la vitivinicultura, el petróleo y en menor medida el turismo; piden algo más: un rumbo. Un plan. Un camino a seguir para darle a la gente una vida digna, de trabajo, de excelencia educativa, de vida social en paz, de una salud donde no haya que esperar meses enteros una operación de rutina. Pero para todo eso hacen falta más imaginación, más dinero, más ideas, más estrategia, más sacrificio, más participación, menos egoísmo, y más democracia. Y más del debate “de qué vamos a vivir”. En el último año electoral, en 2011, el PJ y la UCR enterraron la minería. No fue un acto muy responsable. Es de esperar que en este 2013 que empieza, también año de elecciones, puedan poner la cabeza fría y pensar primero en los mendocinos, porque ya no alcanza para todos, y hace falta un plan en serio para salir del estancamiento.

Arrastramos una incomprensible siesta de treinta años que nos impide superar las dificultades y resolver problemas.

El gobernador Pérez no va a tener una tarea vistosa, ni siquiera de lucimiento personal. Por el contrario, sólo va a ser recordado si silenciosa y esforzadamente y de forma inteligente y pragmática, pone a Mendoza en el camino que se perdió hace años, y recupera a la vez el espíritu emprendedor que hoy –ya lo hemos dicho- forma parte de nuestro propio relato.