Omar Palermo tiene 45 años y está en la antesala de llegar a un lugar de poder institucional. Su trayectoria denota que es de esas personas que tienen claro lo que quieren desde joven. Este encuentro se produjo en su despacho de fiscal general en el Cuarto Piso de Tribunales Federales. Su ámbito laboral evidencia pulcritud y su semblante trasciende cierto nerviosismo ante la inminencia de la entrevista con MDZ.
Lo primero que surgió para abrir el diálogo fue la fecha de asunción como ministro de la Corte. Justamente ni él mismo lo tiene claro porque pretende cerrar su ciclo de cuatro años en la Justicia Federal
"Todavía no sé… queda mucho trabajo pendiente que hacer. La fecha que me sugieron tentativamente es el 19 de diciembre y en el peor de los plazos en la primera semana de febrero de 2013", señala con gesto circunspecto.
-Usted lleva casi veinte años como magistrado y quizá pueda llegar a tener otros tantos por delante ahora como ministro de Corte. ¿Cuál es su visión en retrospectiva y en perspectiva hacia el futuro?
-A los 26 años fui fiscal de instrucción en San Martín, comencé como abogado a los 23 años. Me cuesta verme en veinte años. Personalmente he cambiado mucho en estos años. Pero en la justicia penal lo más drástico que pasó fue el cambio del sistema. De un sistema mixto inquisitivo donde la investigación está a cargo de un juez, a un sistema acusatorio donde la investigación, en teoría, la encara un fiscal. Y digo teóricamente porque no ha habido cambios reales, el fiscal investiga y el juez garantiza, nada más. No se ha internalizado de manera profunda la aplicación del sistema acusatorio. Es decir: todo va a jucio, el fiscal tiene por norma elevar las causas a que lo resuelva la cámara del crimen entonces todo se concentra ahí en los tribunales orales. O sea es un problema que ya existía y sigue existiendo. Incluso hay proyecto que pretenden solucionar el conflicto en la cámara y lo que hay que hacer es solucionarlos antes.
- ¿Y cómo debería actuar un fiscal entonces?
-Si yo soy fiscal mi objetivo es solucionar el caso lo antes que pueda. Entonces lo llamo al defensor y le digo: "Tengo estas pruebas y seguro que la condena será en suspenso si querés que hagamos suspensión de juicio a prueba, lo hacemos ya". Yo lo busco al defensor y trato de llegar a una solución. Si va habrá condena hay que hacerlo rápido. Si se trata de un hurto en un supermercado es de un mes. Así evitás un proceso de un año para una pena que tiene que ser de dos meses y así garantizás los derechos del imputado y un proceso rápido y la víctima viene una sola vez y no la hacés venir cinco veces y tomarse horas para que las atiendan. Bueno eso no está pasando. En la teoría ha sido un gran cambio el sistema acusatorio, pero en los hechos no.
-¿No será que la sociedad pide más venganza que justicia y por eso los fiscales elevan todo a juicio?
-Ese es un discurso de un sector de la sociedad. Yo no creo que la sociedad en su conjunto piense eso. Pero es un reclamo que se hace sentir. Se puede entender porque no se le puede pedir a los familiares de las víctimas de hechos tremendos y dolorosos racionalidad pero sí se le puede pedir al Estado. Y la propuesta que tengo no va en contra de las victimas. Al contrario. El objetivo es que el porcentaje de juicios baje y mucho. Ese es el desafío.
-¿Por qué los fiscales no hacen esto?
-No lo sé. Desconozco la política que corresponde al Procurador de la Corte. Pero también la pueden internalizar los mismos fiscales. Si uno es fiscal del sistema acusatorio entonces hay que buscar la solución y no hay que esperar directivas en ese sentido.
- Otra falencia es la falta de garantía para la defensa.
- Yo he dado clases en la Defensoría General de la Nación. La capacitación que la defensora es Estela Maris Martínez, le da a los defensores en Buenos Aires es impresionante, es contagioso el ambiente que hay. Una defensora ahí, metida en los cursos de capacitación y un ambiente de defensores con la camiseta puesta. Es el Estado asumiendo el rol de defender a los ciudadanos. Y con una actitud que, yo no gastaría un centavo si fuera imputado, teniendo esa gente que te defiende. Y eso lo genera un instituto que le da lugar a la institución al defensor, la misma jerarquía que tiene el procurador. Procurador, defensor general, los dos con la misma jerarquía. Nadie por encima del defensor. El defensor autónomo, independiente y con la misma jerarquía que el procurador general.
Eso ya le da un nivel de institucionalidad y de reconocimiento al derecho de defensa que además es una garantía para todos. No puede discutirse. Hay gente que discute la constitucionalidad de eso, no lo sé. Puede ser un tema judicial si en algún momento se lo propusiera. En algún momento hubo un proyecto de ley que andaba con eso. Intuitivamente uno piensa, es difícil dar más garantías si es constitucional. Eso está previsto en la Constitución nacional.
- Es verdad que uno tiene un preconcepto del defensor oficial. Es como decir, si no tengo plata, que me defienda el Estado. Y lo primero que uno tiene internalizado es la imagen del defensor que te defiende de taquito, que hace lo que puede, que mueve el expediente porque debe tener quinientos como ese. Y la verdad es que en la consideración del "justiciable" el defensor oficial está subestimado.
-Está injustamente subestimado porque hay defensores muy trabajadores. Hay defensores excelentes y es necesario que eso se canalice en un reconocimiento institucional. Que haya un ámbito de contención. Que no sea un convidado de piedra, que tenga acceso a los despachos igual. Normalmente las defensorías tiene menos personas, pero eso es normal porque la investigación demanda más exigencia que la defensa pero a mí me parece que es importante.
- Lo que estamos hablando me sugiere una especie de contradicción en la competencia del procurador cuando está dándole directivas a los fiscales, también se la tiene que dar a los defensores.
- Ese sistema se vuelve esquizofrénico. Es un sistema esquizofrénico, antiguo. Hay que ponerse al frente del Poder Judicial entero. Todos tenemos que estar a favor de la Defensoría General.
- Tiene la particularidad de plantear las cosas desde lo práctico y engancharlo con la teoría. Hay otros ministros de Corte, como Alejandro Pérez Hualde o Mario Adaro, que llegaron de lo externo del Poder Judicial. Usted en cambio forma parte de la estructura judicial. Sabe con los bueyes que va a arar, dicho en términos callejeros. ¿Cómo va a hacer con esos bueyes?
- En primer lugar hacer mi trabajo individual. Mi trabajo jurisdiccional es individual, más allá de que la sentencia sea firmada por tres colegas. Hay una línea que baja desde los fallos y mi forma de pensar se va a ver reflejada. Y hay otra parte que es la conducción política del Poder Judicial y eso se puede consensuar, se puede hablar. Confío mucho en que es posible consensuar con los colegas en las mejores políticas para Poder Judicial. La responsabilidad nuestra es esa. El voto individual es una línea y el consenso político es otro.
- Este no es un Poder Judicial que se haya caracterizado por ser garantista. Hablo de la corriente de pensamiento que busca asegurar enfáticamente tanto los derechos de la víctima como de los acusados. En ese contexto usted se ha criado como magistrado. En realidad corre el riesgo que todo sigue igual.
- Ese riesgo existe en todo los ámbito. A mí no me gusta hablar de "garantismo". No es una expresión que me guste mucho. En primer lugar porque las garantías son un límite. Y eso más o menos, no hay juez que no sea garantista, o sea que no hay juez que no reconozca los límites al poder del Estado. Y además la expresión garantismo en sí mismo no explica otros ámbitos. Hace falta más derecho penal. El garantismo es derecho penal para un sector, pero a la vez, no explica en donde hace falta más derecho penal.
El garantismo es "minimalismo penal" para un sector pero a la vez no explica en donde hace falta más derecho penal, derecho penal empresarial, derecho penal económico. Se reclama en algunos sectores más derecho penal en el ámbito de la violencia de género. Eso también, no se lleva muy bien con la expresión minimalismo penal.
Entonces yo prefiero no hablar de la expresión de garantismo. Pero hay ámbitos en los que me gusta que haya más derecho penal y otros en los que me gusta que haya menos derecho penal. Si garantismo es minimalismo para todo, yo no soy minimalista. No soy abolicionista. Me gusta que haya más derecho penal en los ámbitos en donde el derecho penal no puede llegar.
- Un ladrón de celulares, para usted, merece tener la oportunidad de reivindicarse rápidamente.
- Con un ladrón de celulares tenemos que resolver el caso como corresponde. Pero estaremos más legitimados al hacerlo de ese modo. Estaremos más legitimados al investigar, por ejemplo, qué hace la empresa de celulares con los precios. Debemos controlar también a las empresas de celulares. Con qué legitimidad moral vamos a enjuiciar a un ladrón de un celular, sino somos capaces de enjuiciar a quien estafa con la telefonía celular.
- Me causa impresión lo del minimalismo penal.
- Bueno, es una expresión académica. Se habla de minimalismo penal y yo creo que el minimalismo está vinculado a los sectores más progresistas y en los sectores progresistas hay ámbitos que reclaman más derecho penal. No se si se explica bien. El garantismo que está vinculado a un sector de la doctrina que quiere menos derecho, se queda corto en los lugares en donde esos mismos sectores quieren más derecho penal. Por ejemplo en violencia de género.
- Es un rótulo. Lo reconozco. Y lo pongo en una mesa, a fin de que se debata.
- No hay juez que no sea garantista. No hay juez que no reconozca los límites. Es así.
- ¿Qué piensa de la ley Petri?
- No la he estudiado. Y como puede ser un tema judicial, prefiriría no opinar. Estoy en contra de cualquier sistema que viole el derecho del interno a ser reintegrado. Estoy en contra de cualquier sistema que fomente la exclusión y no la inclusión, porque la inclusión es un mandato internacional de parte del pacto de San José de Costa Rica que obliga a que la pena tenga la función de prevención especial. La función de mejorar. Cualquier sistema que genere exclusión es contrario al pacto de San José de Costa Rica. Pero no se en el caso de la ley Petri cómo está regulado eso. La verdad es que no he trabajado sobre la ley Petri.
- Por lo que conoce, ¿el sistema carcelario sigue siendo injusto, en el sentido del tratamiento y la progresión de la pena?
- El sistema carcelario en nuestro país, en Mendoza en particular, tiene problemas. El Estado tiene el deber de ofertar las mejores condiciones para la sociabilización y en eso estamos fracasando. Me parece que ahí también se puede marcar una pauta. Me parece que la Corte puede tener una función importante en marcar los límites del Poder Político. Hacia dónde tiene que ir el trato hacia el interno. El régimen de ejecución penal es un régimen en el que hay que trabajar mucho desde el Poder Judicial y desde el Poder político.
- En otra oportunidad hablando de política judicial y la interrelación de la Justicia con los otros poderes, me dijo que la autarquía podía ser una buena herramienta en la medida que garantice la independencia del Poder Judicial. Ahora, le pregunto, en su antesala de asunción como ministro: ¿una reforma constitucional es necesaria para Mendoza?
-Yo creo que la Constitución debe reflejar el espíritu del tiempo de una determinada sociedad. Debe reflejar el estadio de desarrollo de una determinada sociedad.
Yo dudo mucho de que la Constitución nuestra refleje ese estado de cosas y las necesidades de este momento. Me parece, no desde el lado del oportunismo político, sino desde el lado de la necesidad social realmente de la reforma constitucional. La Constitución debe reflejar el espíritu de su tiempo. La pregunta es ¿refleja la Constitución actual, el espíritu de nuestro tiempo?
-Si tengo que responder por mí, digo que no.
-Entonces, me parece que va por ahí el tema.
-Ha habido varios intentos de reforma integral de la Constitución. No se ha logrado los votos según el fallo del '89 que se ha transformado en una especie de cláusula de hierro. ¿La Corte debería rever una situación así, cuando se le presente?
-Habrá que reverlo si se producen los planteamientos que justifiquen la intervención de la Corte. De oficio, la Corte no puede rever.
-¿Y que piensa de ese fallo?
-Es un fallo que hay que estudiar, hay que trabajar. No puedo dar la opinión porque puede ser un tema judicial y prefiero no dar la opinión de un tema que si me toca intervenir, quiero intervenir.
-¿Sería necesario que la Corte reviera una situación así?
-Es que la necesidad no la marca la Corte. La necesidad la marcarán los que estén interesados en la reforma y llevarán a la Corte, si corresponde, ese planteo y ahí habrá que estudiar.
-Es evidente que ha intervenido y mucho en una etapa muy corta en el tema de los Derechos Humanos. Todavía recuerdo que fue buscar un lugar que le prestara la Corte para empezar a trabajar. ¿Qué cambios hubo desde ese momento a ahora, más allá de los resultados?
-La Procuración nacional apoyó mucho. El doctor (Esteban) Righi me apoyó mucho. Nos dio recursos. Nos dio el edificio que tenemos en la calle Güemes y la confianza para trabajar. Los cambios están a la vista. Los resultados están a la vista. Los juicios, la responsabilidad de los jueces, los pedidos de detención, de captura. Eso se hizo en menos de cuatro años, la verdad es que son dos años. El cambio se empezó a ver recién en el 2010.
El cambio ha sido muy grande. Queda mucho, mucho por hacer. Isabel De Marinis se nos murió. El caso de la hija no se pudo llegar a resolver porque se nos cayó el único imputado que no pudo seguir en el juicio. Isabel de Marinis quedó muy contenta porque pudo declarar en el juicio. Se murió Isabel de Marinis y no pudimos resolver el caso de su hija -digo esto y me emociono-. No podemos no parar hasta que se enjuicie el último caso.
No se nos pueden morir más víctimas cuyo desaparecidos no resolvemos. No podemos parar. Se ha hecho muchísimo, pero no podemos tener más casos de Isabel De Marinis. Aunque Isabel De Marinis haya estado feliz con lo que hicimos. Los familiares me dicen ‘falleció muy contenta’, pero nosotros tenemos que pedirle perdón a Isabel De Marinis porque como estaba, no supimos darle la respuesta adecuada en el momento que correspondía. Faltan muchísimos casos y eso es lo que queda por hacer. Lo que pudimos lograr es terminar con las barreras, con los obstáculos, ahora sólo queda el trabajo. Se acabaron los obstáculos judiciales y políticos para que esto no se lleve a cabo. A mí me gustaría que se si queda algo de esto, además del reconocimiento a la verdad y la justicia que hacía falta para esto casos, que quede como legado la ética en el trabajo. Eso es lo que más me gustaría, no sólo en la honestidad para resolver los casos, para averiguar los casos, la ética de la designación, el tipo de personal que trajimos. No trajimos un sólo amigo. Hicimos una selección de casos basados en la idoneidad de la gente que trajimos, que ha sido la base del éxito. Hemos traído gente muy capaz, con compromiso, gente joven de la universidad. Me parece que hicimos una selección de personal, que hizo que el trabajo fuera un trabajo colectivo. Lo importante es la decisión institucional del Ministerio Público de salir a investigar estos hechos como sea y la responsabilidad en armar un equipo de trabajo que respondiera a esas expectativas. Yo he vivido la experiencia laboral más impresionante de mi vida. Este es mi paso por la justicia más fuerte, más intenso, más emocionante, más doloroso. He pasado momentos tremendos. En la época de los procesos de (Otilio) Romano y (Luis) Miret fuero épocas muy duras. En las audiencias en las que yo tuve que pasar con Romano fueron tremendas, pero tremendas. Impresionante.
- ¿Qué lo impresiona o conmueve más de eso?
- Este era un ámbito en que el Poder Judicial tenía una impronta muy dominante de los jueces de la Cámara. Entonces, era meterse con la estructura misma de ese edificio. Era tremendo...
- ¿Qué era tremendo y por qué se percibía tanta tensión?
- Si, si. La tensión se percibía. Yo me acuerdo, que hubo momentos un día que se me saltaban las lágrimas en el despacho porque se nos caía todo. Hubo un momento en que la Cámara integrada por Miret y los dos jueces sanjuaninos, apartaron a (Walter) Bento, era evidente que se iba a apartar todo lo actuado. El juez que viniera lo designaba la propia Cámara, con lo cual era evidente que nos caía todo lo que habíamos hecho. En ese momento, cuando todavía no quedaba firme esa resolución, sale un fallo de Casación que dice que (Julio) Petra no podía intervenir en ninguna causa de lesa humanidad, incluso la del propio Romano. Ahí se sentó la nulidad y se logró revertir ese fallo que fue lo que permitió que el proceso prosperara. Lo que no tengo ninguna duda que ese proceso debe prosperar. Estoy absolutamente convencido. Es un caso irrefutable, desde mi punto de vista, de responsabilidad de los jueces de la dictadura. Basta ver como ver se investigaban las denuncias de los familiares de las víctimas de lesa humanidad con cómo se investigaban las infracciones que se imputaban a los propios grupos de subversivos en la infracción a la ley 2840. Se condenaba permanentemente en la ley 2840 y no se investigaba ninguno de los otros casos.
La complicidad judicial fue evidente. El Poder Judicial fue cómplice de la dictadura. Después, bueno, habrá jueces individualmente cómplice o no. Pero el Poder Judicial fue cómplice de la dictadura. El Poder Judicial es para conservar el orden, no para otra cosa. ¿Qué Poder Judicial iba a conservar el orden en la dictadura sino es el orden terrorista instalado?
-¿Qué sabe del proceso de Otilio Romano en Chile?
-Nosotros hemos cumplido con todo lo que se nos ha requerido desde Chile y lo demás lo seguimos por los medios.
-Volvamos a la segunda pregunta de entrevista, a su perspectiva del Poder Judicial mendocino. ¿Cómo se ve como ministro en 20 años desarrollándose en esa función?
-Nunca he estado mucho tiempo en un lugar. Me parece que la clave… No sé si lo veo. Una cosa es el Poder Judicial que veo y otra es el Poder Judicial que sueño. Me gustaría un Poder Judicial en el que el sistema acusatorio se instaure de manera efectiva. No solo de manera territorial sino internamente. Que funcione realmente el sistema acusatorio. Me gustaría un Poder Judicial con una defensoría General, me gustaría un Poder Judicial con más digitalización y menos expedientes. Me gustaría un Poder Judicial sin justicia correccional. Para mí no tiene sentido. Me parece que en los juzgados de garantías debería haber secretarías de asuntos correccionales. Que todos los jueces fueran de garantía. Eso no puede ser tan difícil de hacer. Me parece que no tiene sentido la figura del fiscal de Cámara. Me parece que desdoblar la tarea investigativa es innecesario. Me parece que el fiscal de Cámara se convierte en un controlador de la investigación del fiscal de Instrucción. No me parece bueno que haya un fiscal para cada Cámara porque se genera una relación de demasiada promiscuidad entre el fiscal y la Cámara. O el fiscal es muy amigo de la Cámara o se pelea con la Cámara. No se tiene que trabajar el mismo fiscal con la misma Cámara, a pesar que yo tuve como camarista u fiscal de lujo que fue Oscar Giacomasi. Para mí es un fiscal excelente y trabajamos maravillosamente bien.
- Usted es futbolero. Lo que me está contando lo voy a llevar a esos términos. Percibo de esta charla que se puede ver una justicia "saca partidos" como los árbitros que no se comprometen con el juego.
- No sabría si decir una cosa así...
-Por último, ¿me puede decir de qué se lo ha acusado a Alfredo López Cuitiño?
- No conozco la causa. No he visto la denuncia. No lo sé. El sumario está secreto y está a cargo del fiscal federal.
- ¿Algo más?
- Me gustaría que se reflejara en la nota mi absoluto rechazo a los escarches que han venido sufriendo los abogados de los Derechos Humanos, Diego Lavado, el fiscal Dante Vega, Alfredo Guevara. Ese tipo de escarches merecen respuestas institucionales bien clara y determinantes a favor de la defensa de quienes se han dedicado toda la vida a la defensa de los Derechos Humanos. La sensación es que tenemos miedo de decir algo. Me parece que hay cosas que son innegociables. Negociar la protección de los Derechos Humanos es negociar la Constitución. Tener miedo a garantizar Derechos Humanos es tener miedo a garantizar la Constitución.
- Me da la sensación de que le habla al Gobierno.
- No. El Gobierno se pronunció. Me refiero a distintos sectores de la sociedad. El Gobierno al fin y al cabo fue la única respuesta que hubo. Me refiero a otros sectores de la sociedad civil. Me refiero a las universidades, me refiero a las corporaciones. ¿El Colegio de Abogados hizo algo? ¿La Asociación de Magistrados hizo algo? ¿Las universidades hicieron algo? Me parece que hay que ser muy claros en eso.