Evangelina (30) vive en Dorrego. Es madre soltera con una niña de cinco años. Debía pasar la Nochebuena en casa de familiares. Se quedó mirando –absorta- la sequía absoluta de su ducha y percibiendo el ruido hambriento de las cañerías secas y vacías. Ella y su hija pasaron unas navidades mugrientas hasta esta madrugada, por lo menos. Peor le pasó a Mónica (38), también madre sola. Vive en un barrio de Godoy Cruz cercano a Palmares. No sólo no tuvo agua, sino que además pasó la Navidad a oscuras casi hasta la medianoche de anoche. En Lavalle fue peor. La caída de servicio de una de las perforaciones de agua hizo que la gente en el caso céntrico estuviese casi tres días sin agua. Sólo un barro nauseabundo salía de las canillas y la presión era insuficiente para que el agua subiese a los tanques. Ni luz ni agua para miles de mendocinos. Y estas son sólo algunas de las historias. Hubo problemas de ambos servicios en casi todo el Gran Mendoza, muy especialmente en Godoy Cruz, Capital y Guaymallén. Fueron 45.800 familias que según las cifras oficiales se quedaron sin energía eléctrica a merced de un zonda con ráfagas de 80 kilómetros por hora pero que no resultó extraño ni extraordinario. Vivimos en una tierra de zonda. Y la temperatura trepó a los 43,5 grados. ¿Pero por qué debería romperse todo?
Sólo Aysam necesita 363 millones de dólares para brindar un servicio decente. 10 años de populismo con los precios y ahogo de tarifas, llevaron a la desinversión y descapitalización de las empresas. Por eso tenemos servicios precarios.
Defensa Civil, que depende del Ministerio de Seguridad de la provincia, presentó la desgracia como una suerte. Así se deduce de las declaraciones de Marcelo Dapás, titular del área. Para él. “sólo” 45.800 usuarios de más de 530.000 tuvieron problemas de energía. Igualmente, es una vergüenza. Pero el premio a la originalidad se lo llevó el titular de Aysam Luis Böhm. Dijo en el programa After Office de MDZ Radio que hubo un “mal pronóstico” del tiempo que llevó a tomar decisiones equivocadas. Una de las empresas prestadoras de energía, por ejemplo, no había dispuesto guardias activas. Böhm no lo especificó pero se sabe que la Cooperativa Eléctrica de Godoy Cruz fue la que mandó a casi toda su gente a festejar la Nochebuena sin tener en cuenta el zonda. Aquí, las imperdibles declaraciones del presidente del directorio de Aysam:
Lo que ocurrió en Mendoza, que anoche a las 20:00 mantenía a 1819 usuarios sin luz según el titular del EPRE Elián Japaz, no es sino la consecuencia cabal de varios años de una política equivocada respecto de los servicios públicos, que ha combinado tarifa barata, falta de inversión, subsidios, y en muchos casos la virtual quiebra de las empresas. En Mendoza hay dos ejemplos claros. En la entrevista citada, Böhm dijo que el atraso tarifario de Aysam viene desde la época de la gestión privada y que llega al 54 % sólo para mantener operativa la empresa. Tenerla en condiciones apropiadas de funcionamiento para que responda a los requerimientos de la población tiene otro precio: 363 millones de dólares. Esto equivale a unos 1780 millones de pesos según el dólar oficial. Es decir, casi el doble del endeudamiento total que va aprobar la Legislatura para el año 2013 y casi tres veces lo que se autorizará para el total de obras. Es decir, confirmado: llevará varios años salir de la precariedad absoluta. Entretanto, los usuarios están furiosos. Mario Vadillo, de Protectora, recomendó a los afectados que hagan los reclamos y pidan las indemnizaciones correspondientes. Son los miles de mendocinos que al igual que muchos porteños y cordobeses, pasaron la Navidad con servicios de principios del Siglo XX, con suerte.
NADA ES CASUALIDAD
Los servicios públicos de Mendoza no son precarios porque sí. Antes, pasaron muchas cosas. Veamos el ejemplo de Edemsa. Una vez tomada la decisión de privatizar, creado el marco regulador eléctrico y concesionada a Electricitè de France, de la mano del default de 2001 se pesificaron las tarifas. Luego se mantuvieron congeladas, y en esto tienen responsabilidad los ex gobernadores Julio Cobos y Celso Jaque especialmente. Los franceses se hartaron y se fueron. Vendieron sus acciones prácticamente arrojándoselas por la cabeza a escaso valor a socios locales, Omar Álvarez, Jaques Matas y José Angulo. Esto ocurrió en el año 2004. Angulo vendió enseguida. Más tarde se produjo la llegada de Vila y Manzano con un fondo de inversión británico. Aunque no se trata de lo mismo se parecen a los fondos buitre. Es la misma lógica. Este tipo de pooles, como el Pampa Holding de Marcelo Mindlin o las empresas que maneja Alejandro Ivanissevich (ex Emgasud), se asocian o fondean con fondos especulativos que compran empresas casi fundidas a bajo precio y apuestan a retirar rápidamente su ganancia o a vender más caro y salir. Con la actual Aysam, ex Obras Sanitarias, pasó lo mismo sólo que fue estatizada y hay un juicio pendiente en el CIADI. La matriz es idéntica: ahogo tarifario, falta de inversión, políticas de precios bajos, escaso control, y subsidios ineficientes.
La situación aparece como un callejón sin salida si se toma el ejemplo de Aysam. Necesita u$s 363 millones, en un marco de crisis internacional y escaso acceso al crédito tanto para el sector público como el privado y con tasas altísimas. ¿Cómo hacer un plan razonable de salida del pozo en tiempos aceptables? ¿O la gente deberá acostumbrarse que cuando hace calor no hay luz ni agua, lo mismo cuando llueve, o cuando hay zonda? ¿El clima es siempre el culpable? De ninguna manera puede aceptarse este argumento. Los ingenieros saben cómo montar una red eléctrica en una zona ventosa y de altas temperaturas. Nadie debería dejarse convencer de que la culpa fue del zonda.
LA ENFERMEDAD SILENCIOSA
Lo que ocurre con Edemsa y Aysam se replica en varias prestadoras del país, inclusive en las muy grandes como Edenor, Edesur, o Edelap. Todas en crisis enormes, todas sin inversión, todas en el menú de estatizaciones o expropiaciones posibles, o sujetas a los “buitres” de los servicios, como ya explicamos.
Es la enfermedad silenciosa de la Argentina y tiene una explicación en un par de puntos.
Precios bajos y populismo. El modelo de servicios públicos que se podría aplicar a agua y saneamiento, gas, electricidad, transporte público e incluso combustible, se basó en un criterio erróneo de precios bajos que ha generado luego de diez años, caída de los estándares de los servicios, obsolescencia y falta de inversión.
La tarifa de un servicio público tiene que permitir que quien lo presta, sea público o privado, obtenga los ingresos como para afrontar los gastos operativos en condiciones de seguridad, mantener óptima la infraestructura existente y tener un sobrante de recursos para expandir y modernizar con tecnología de última generación la infraestructura básica. Como las inversiones son muy grandes, es necesario contar además con acceso al mercado de ahorros y capitales nacional e internacional de largo plazo para poder afrontar las grandes obras de infraestructura.
Como estos bienes públicos son de primera necesidad y son factor crítico de equidad social, es necesaria una fuerte y muy inteligente política de tarifas y subsidios, para que todos los ciudadanos, incluso quienes no alcanzan niveles salariales suficientes, puedan acceder a ellos en condiciones normales. Pero aquí se hizo populismo discrecional, que terminó favoreciendo con precios bajos a las clases media y alta y castigando a los más pobres igualmente con servicios malos y –para esa franja- caros.
En Argentina se aplicó una política masiva de precios bajos que no respondían a este básico criterio de racionalidad económica y social. Se la utilizó, por el contrario, para mantener artificialmente bajo el precio de los servicios públicos con el objetivo de promover el consumo y expandir artificialmente la economía, generando una sensación de falso bienestar.
Descapitalización y falta de inversión. Lo que siempre sucede en este tipo de políticas de precios baratos -agravada en los últimos años por la inflación que el gobierno oculta- es que las empresas se empiezan a descapitalizar. Pero esto no se percibe de inmediato. Durante años las empresas invierten cada vez menos, no modernizan su infraestructura y cada vez hacen menos mantenimiento de sus redes. En la apariencia siguen funcionando normalmente pero en la realidad la enfermedad silenciosa de la falta de mantenimiento e inversión empieza a deteriorarlas. Lo que ocurrió en Nochebuena en nuestra provincia es un claro ejemplo de ello.
Luego de una década de crecimiento, Argentina en general y Mendoza en particular tienen sistemas de transporte y distribución de electricidad obsoletos, riesgosos y saturados. “Atados con alambre” podría decirse. Lo mismo con el transporte público obsoleto y peligroso, y la falta de provisión lógica de agua potable y servicios de saneamiento, a lo que se suman restricciones fuertes a la expansión económica por la falta de energía y combustibles a gran escala.
Llevará muchos años resolver estos problemas. El principal de todos es conseguir el dinero para hacer lo que se debe. Una cuenta simple abarcando todos los servicios y partiendo del atraso tarifario y las necesidades de inversión, indica que Mendoza podría estar necesitando más de u$s. 1.000 millones para la adecuación de los servicios. Eso es consecuencia de diez años de política equivocada, demagogia, y cuando no especulación, lo que permitió el “pase de manos” ganancioso de algunas empresas, pero un servicio cada día peor para los usuarios.