Los senderos de la presidenta hacia 2015

El pensamiento de la oposición dentro del mismo peronismo. Es Alfredo Atanasof, ex jefe Gabinete de Eduardo Duhalde que describe un panorama difícil para Cristina Fernández si insiste en instalar el modelo económico y social ya en vigencia en otros países latinoamericano como Ecuador y Venezuela.

Si uno se detiene en cada frase de Alfredo Atanasof y conociendo que no habla sólo por él sino que hace trascender la postura de un sector opositor dentro del mismo peronismo, entonces hace presumir que esta columna de opinion publicada en el portal Parlamentario.com es el indicio de que la interna peronista comenzó a moverse con la mirada fija a 2015.

El bonaerense se muetra cauto en este escrito pero hace una descripción somera pero con tono de advertencia donde plantea un escenario difícil a la presidenta Cristina Fernández si pretende instalar una matriz política, económica y social similar a las que ya funcionan en países latinoamericanos como Ecuador y Venezuela.

¿Por qué conviene leer a Atanasof? Porque no es un ignoto diputado nacional de la Provincia de Buenos Aires. Su opinión sobre este devenir político que él extiende hacia los próximos tres años es el presagio de que el duhaldismo está por moverse dentro de la interna peronista. Veamos. 

El arduo camino a 2015

Hay muchas razones para suponer que Cristina Fernández y su gobierno intentan provocar un nuevo cambio de modelo.

Desde 2003 a 2008 y luego con menos intensidad, el gobierno intentó y logró darse sustento, con una amplia coalición política, integrada por los sindicatos, el peronismo, las cámaras empresariales, los movimientos sociales e importantes sectores de la clase media.

Las últimas medidas del gobierno van en dirección contraria a esa coalición original, que se expresan en una confrontación con sectores del Movimiento Obrero, creando la fragmentación sindical, plasmada en la manifestación del 10 de Octubre.

Las restricciones a la obtención de dólares, la falta de actualización del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias, las acusaciones de corrupción política a miembros del gobierno, la creciente inseguridad, la elevada inflación, los intentos por provocar una reforma constitucional que posibilite la reelección de la Presidenta, fracturó la alianza que existía con los sectores de clase media y se expresó el pasado 13 de septiembre con una multitudinaria protesta a través del cacerolazo.

Con los sectores empresariales, el gobierno ha generado una maraña de regulaciones que ponen obstáculos a la producción, como la restricción a las importaciones, y la abierta confrontación con algunos sectores de los medios de comunicación.

La increible ineptitud de los colaboradores de la Ministra Garré, colocaron a la Presidenta en un innecesario enfrentamiento con las fuerzas armadas y de seguridad.

Estas y otras medidas de los últimos tiempos alejaron al gobierno de los trazos originales de su coalición política cercana a una configuración socialdemócrata.

La presidenta enfrenta el desafío de darle continuidad o cambiar el modelo original.

Para el primero de los caminos debería reconstruir los puentes rotos con trabajadores, empresarios, clase media. No parece una tarea fácil por el nivel de deterioro de la relación y porque requeriría modificar medidas que la administración no parece dispuesta a adoptar.

El otro camino sería un cambio profundo y radical del modelo original, que pareciera que el gobierno ha empezado a transitar. Modelo semejante al que se desarrolla en Venezuela y Ecuador. La relación con la clase media, la disminución de la capacidad de acción de los Sindicatos y la acción de los partidos políticos, se verían reemplazados por una relación directa de la Presidenta con los sectores populares, sin la intercesión institucional de los actores políticos, sociales y económicos. Algunas circunstancias hacen suponer que es muy difícil aplicar ese modelo en la Argentina, por el alto grado de desarrollo institucional, que tiene respecto de Venezuela o Ecuador.

El Movimiento Obrero argentino fortalecido en los últimos años, es un factor de poder innegable. La clase media argentina también se ha visto potenciada luego de la implosión de 2001. Los empresarios han desarrollado una gama de cámaras empresariales, que les asigna una alta representatividad, más allá de lo que representan en términos económicos, y el Justicialismo no parece dispuesto a perder ese importante rol como agente territorial.

Todo esto hace suponer que este camino es muy difícil de transitar en la Argentina y si el gobierno persiste en esa dirección, no le ofrecerá a los argentinos más que tensiones en los tres años que le quedan.

Parece ya vedada la posibilidad de reelección de la Presidenta, porque si no suma nuevos aliados en el Senado y Diputados, aún repitiendo la elección de 2011 y con el mismo nivel de fragmentación de la oposición. Resulta matemáticamente imposible, alcanzar el número para declarar la necesidad de reforma, y, porque el 66% de los votantes de Cristina Kirchner en 2011 afirman que no aceptan una Reforma Constitucional.

Debería, entonces, el gobierno abocarse ahora a definir como sigue los próximos años.
Aspiro a que recapacite e intente reconstruir la alianza política y social que le dio nacimiento, que perdure y se proyecte en el tiempo, arbitrando las tensiones inevitables entre los actores y profundizando el camino de la inclusión.

 

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